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A 32 años del asesinato del diputado Armas, la historia sigue con final abierto

El sábado 8 de febrero de 1986, hace 32 años, un hombre no identificado asesinó de dos balazos calibre 22 al abogado y diputado provincial Mario Domingo Armas en la cochera del Edificio Alfar, Paraguay 842. Durante mucho tiempo la investigación estuvo paralizada hasta que inesperadamente se actualizó el año pasado, cuando se reunieron testimonios que apuntaban hacia un ex agente de inteligencia de la última dictadura. El sospechoso declaró el 22 de diciembre ante el Juzgado de Instrucción número 10 y pidió la prescripción de la causa. Sin embargo, el final de la historia permanece abierto.

Mientras interviene el fiscal Marcelo Vienna, que impulsó la reapertura del expediente 225/1986, el Colegio de Abogados de Rosario solicitó participar como querellante en la causa “a los efectos del alcance de la verdad histórica”. El Colegio recordó que Armas “fue un destacado miembro de nuestra comunidad forense, habiendo transitado los más altos cargos de nuestro Colegio de Abogados y de nuestro Tribunal de Ética” y fundamentó su pedido en que “en estas actuaciones, el hecho ilícito está directamente relacionado con el ejercicio de la abogacía”, en alusión a la hipótesis más firme en la investigación, que relaciona el asesinato del ex legislador con su rechazo a presuntas maniobras en la designación de jueces provinciales y en particular al lobby que digitaba nombramientos de magistrados en el fuero penal y laboral de Rosario.

Armas tenía 71 años, militaba en el Partido Demócrata Progresista e integraba la Comisión de Acuerdo de Magistrados y la Comisión de Asuntos Constitucionales. Los testimonios recientes apuntaban a Raúl Campilongo, un ex agente de inteligencia del Ejército durante la dictadura, funcionario del gobierno de José María Vernet y empleado en el estudio del abogado Héctor Cerrutti.

No fue la primera vez que Campilongo aparecía involucrado en un episodio judicial. El ex agente Gustavo Bueno, alias Germán Benegas, lo mencionó en el robo de expedientes de la Conadep a Tribunales, en 1984; otro agente, Eduardo Costanzo, afirmó que hizo de campana en el secuestro de los militantes peronistas Osvaldo Cambiaso y Eduardo Pereira Rossi en el bar Magnum, en 1983; el abogado Jorge Majul lo identificó como el sicario que le hizo seis disparos en 1987, un año después del crimen de Armas.

Sin embargo, en cada una de esas causas quedó libre de la acción de la Justicia. La investigación del juez Ernesto Navarro sobre el robo a Tribunales nunca avanzó. En la causa Cambiaso-Pereira Rossi fue sobreseído, al igual que otros agentes de inteligencia del Ejército. Y ante las acusaciones de Majul dijo que al momento del hecho estaba en una reunión de la Dirección Provincial de la Vivienda –por entonces a su cargo- que se realizaba en el estudio de Cerrutti.

En su declaración informativa, Campilongo afirmó que no sabía quién era Armas ni le constaba que el diputado del PDP hubiera opuesto obstáculos a las gestiones del estudio de Cerrutti. “Me parece recordar que en esa época leí sobre el hecho, pero con el hombre no he tenido ningún contacto nunca”, dijo. En una línea que recuerda el caso de los antisemitas que se defienden afirmando que conocen judíos, agregó que “yo tenía algunos amigos que se llamaban Armas, pero no sé si se trata de la misma gente”.

Campilongo atribuyó las sospechas en su contra a una campaña en su contra en la que incluyó al periodismo rosarino y al diputado provincial Carlos Del Frade. “El objetivo soy yo, se nota por la saña con la que me están dando, y todo por un problema que viene amañado desde la época de Majul”, señaló, sin aclarar a qué problema se refería.

Ante las preguntas del fiscal, Campilongo reconoció que a partir de julio de 1979 fue agente de la dictadura en el Destacamento de Inteligencia número 124, con sede en Posadas y perteneciente al entonces II Cuerpo de Ejército. Su jefe era el mayor Jorge Fariña, un peligroso represor actualmente condenado a prisión perpetua.

El 1° de marzo de 1982 Campilongo fue trasladado al Destacamento de Inteligencia 121 de Rosario como agente S. Había sido conceptuado como “elemento de gran valor”. Su nombre operativo, con el cual se disimulaba como espía, era Ricardo Campodónico.

En Rosario, dijo en su declaración informativa, “lo veo al doctor Cerruti, que tenía un estudio jurídico en calle Cerrito. Yo lo conocía de la UOM y era amigo del camarista (Hugo) Castagnino y de Walter Cattáneo. Él me dijo que fuera a trabajar con él y ahí me quedé. Yo hacía Tribunales, se trabajaba mucho en laboral, era un auxiliar del estudio”.

Entre 1965 y abril de 1979 –cuando se mudó a Posadas-, Campilongo había trabajado en el estudio jurídico de Cattáneo, en San Martín 647. El abogado Cerrutti, dijo, “tenía UOM, Teléfonos y Uocra, el flujo de gente era tremendo”. Una etapa que pareció añorar en su declaración: “En esa época el estudio no tenía problemas, nadie tenía problemas”.

Entre 1984 y 1987 estuvo al frente de la delegación Sur de la Dirección Provincial de la Vivienda. “A ese cargo llego a través de la UOM”, precisó. Y agregó que en 1986, cuando se produjo el asesinato de Armas, “yo era un tipo que no podía caminar por la calle, yo era una persona muy pública, la gente me paraba para pedirme cosas”.

La publicidad de Campilongo, no obstante, también surgía de las crónicas policiales. En 1987 Jorge Majul lo identificó como el hombre que le hizo seis disparos de calibre 22 desde un Renault 12, un ataque del que sobrevivió de milagro. Parecía difícil que pudiera confundirse: el abogado había sido socio de Cerruti y era asesor en la Dirección Provincial de Vivienda. Y al declarar el año pasado en la causa Armas, volvió a reafirmar su convicción: “Yo lo vi. Yo estaba tirado en el piso”, dijo.

Ante la justicia, Campilongo se presentó como víctima de acusaciones infundadas. “Con esto vengo de cachetazo en cachetazo”, afirmó, en relación a la declaración de Majul, quien en 1987 le dijo a Mario Lisandro Armas, hijo del diputado, que el ex agente de la dictadura había intervenido en el crimen de su padre.

Campilongo se negó a participar en una rueda de reconocimiento. “No creo en estos tipos”, dijo, sin aclarar a quién se refería ni explicar cuáles serían los motivos de una persecución en su contra. Y agregó: “No sé quién es la persona que va a reconocer, no sé si le han mostrado fotos mías”.

Según los testimonios reunidos en el expediente, Campilongo se habría jactado en una cena de ser el asesino de Armas. Sin embargo, no hay un testimonio directo al respecto. En cambio, no quedan dudas de los motivos del crimen para los testigos de la época: “Lo mataron por su trabajo en el asunto tribunalicio. Era un obstáculo. Molestaba las decisiones que querían tomar respecto de las personas que ingresaban al Poder Judicial”, declaró Luis Osvaldo Ghezzi, ex secretario general del Sindicato de Aceiteros y activo militante en la campaña que llevó a José María Vernet a la gobernación de la provincia.

Mario Domingo Armas será recordado hoy en un acto que se desarrollará a partir de las 19 en La Toma, Tucumán 1949. Aun con las limitaciones que imponen los plazos legales y con tanto tiempo perdido en la Justicia, su muerte dejó de ser un misterio de la crónica policial para ubicarse en la oscura trama de atentados y amenazas contra abogados y jueces de Rosario ocurridas a partir de 1983 y 1987. Otra historia que merece su investigación.

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