¿Será Rusia escenario de la venganza del Pistolero?

Expulsado por una providencial mano penal en el Mundial de Sudáfrica y sancionado de oficio en Brasil 2014 por su tristemente célebre mordisco, el delantero Luis Suárez tratará de tomar en Rusia acaso la última oportunidad de terminar un Mundial en gran forma y con Uruguay en lo más alto.

"Lucho" Suárez, o "El Pistolero", lo mismo da, bien puede ser el líder carismático de una espléndida generación de futbolistas uruguayos que va camino de su tope biológico y en la que, escalón más, escalón menos, también entran el arquero Fernando Muslera; los defensores Diego Godín, Martín Cáceres, Maxi Pereira; los mediocampistas Cebolla Rodríguez, Nicolás Lodeiro, Carlos Sánchez y los delanteros Christian Stuani y Edinson Cavani. Camino o merodeo del tope biológico, que se entienda, vinculado con la Selección de Uruguay y de un modo específico, direccionado, con el Mundial de Qatar 2022.

Se deduce, por una mera cuestión de sentido común, que amén del maestro Oscar Washington Tabárez, que ya anda por los 71 y con problemas de salud, la enorme mayoría de los patriarcas uruguayos de estos tiempos no estará en el Mundial de la península arábiga y sí en cambio será tiempo de plenitud de las nuevas camadas: José María Giménez, Gastón Silva, Federico Valverde, Rodrigo Bentancur, Nahitan Nández, Lucas Torreira y Maxi Gómez, entre otros.

Entretanto, el Mundial de Rusia está a la vuelta de la esquina y la dupla Suárez-Cavani, viceversa, goza de un presente superlativo y es considerada una de las mejores del mundo, si no la mejor. Ambos son clase 1987, nacieron con tres semanas de diferencia y en la misma ciudad, Salto, a 498 kilómetros de Montevideo, frente a Concordia: "Lucho" el 24 de enero y Edinson el 14 de febrero.

Descontada la certeza de que cada vida es sustantiva, tiene valor en sí misma y una riqueza no necesariamente más o menos elevada que la de otras vidas, la de Luis Alberto Suárez tiene visos novelescos o de film hollywoodense.

El amor, el abismal sentimiento que lo unió a Sofía Balbi fue el resorte y el impulso vital que lo rescataron de su reticencia a la fragua del entrenamiento riguroso, a la disciplina, al acatamiento de prescripciones y órdenes.
Por amor, pues, por defender el amor de Sofía el hoy súper goleador compadre de Messi en el "Barsa" se propuso ir más allá del prometedor jugador de baby en el barrio Cerro de Salto y en el Barrio La Comercial, de Montevideo, donde quemó las redes en el Urreta FC de La Blanqueada.

Por amor, por el amor a Sofía, se propuso triunfar en Europa y en Europa radicarse con ella, forjar una familia, una vida. Rubricado ese compromiso de honor, todo en Suárez fue ascenso, avance, cumbre: se hizo profesional en Nacional, a los 19 emigró a Holanda y en la Eredivisie saltó del Groninger al Ajax, se constituyó en el primer extranjero de mayor cantidad de anotaciones en una temporada (35 en 33 partidos), pasó el centenar y en 2011 fue transferido a Liverpool.

En la Premier, con la casaca de Los Rojos, devino delantero completo, hizo 82 goles y por fin convenció a la dirigencia del Barsa de que una montaña de euros, un poco más de 81 millones, bien pagada estaría.
Todo lo demás es historia reciente, en Catalunya los esplendores del Pistolero se potenciaron en la medida de la abundancia de una interlocución tan calificada que allanó el camino a un fabuloso registro de 152 goles en 197 partidos (un promedio de 0.77) y un pozo acumulado de once títulos en uno de los equipos más ganadores de todos los tiempos.

A ocho años de la salvada a lo arquero contra Ghana y a cuatro de la dentellada al italiano Giorgio Chiellini, se avecina el tiempo de hacer más profunda su ya gloriosa huella con su amada “Celeste”, la camiseta con la que tiene una marca récord en las Eliminatorias, fue decisivo en la conquista de la Copa América de 2011 y suma medio centenar de goles en 96 presentaciones.

Feliz esposo de Sofía, con quién se casó no una, sino dos veces (en marzo de 2009 en Amsterdam y en diciembre del mismo año en Montevideo), padre de Delfina, de 8 años, uruguaya por sangre materna y catalana por geografía, con seis hermanos a los cuales regaló un edificio con un piso para cada cual, militante de Unicef en la cruzada “Todos los niños uruguayos”, amante de las aves y dueño de una pajarera gigante que atesora con singular entusiasmo, "Lucho" Suárez es acaso el mejor deportista uruguayo de todos los tiempos.

El que ha recibido decena de distinciones, el campeón en cuatro países, el que gritó “gol” en 427 ocasiones y el que en Rusia irá por unos cuantos gritos más, por una página de epopeya.

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