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Rojo, el gladiador que no se hizo la rabona

Ganar como sea era el pedido de todos, pero seguramente ninguno imaginó que podía ser así, con la pierna menos hábil de Marcos Rojo, el mismo que hace cuatro años prefirió ensayar un garabato en el área para despejar de zurda y no derecha, la derecha con la que hoy convirtió el gol que gritamos todos. El salvador de este martes es un gladiador que no se hace la rabona. 

Faustino Marcos Alberto Rojo llegó al seleccionado de la mano de Alejandro Sabella y es el mejor legado que el histórico DT le dejó a la Albiceleste. Resistido al comienzo, el pibe formado en la escuela de Estudiantes se afirmó primero en el lateral izquierdo y luego, en Brasil 2014, tuvo un gran Mundial a punto tal que tras el subcampeonato pasó al Manchester United. 

En Inglaterra nunca la tuvo fácil y aunque lleva ya cuatro años en la liga más competitiva del mundo, hasta última hora su presencia en la lista de 23 para Rusia estuvo en duda. En el último año jugó poco, pero su experiencia con la camiseta argentina, el sentido de pertenencia y la falta de alternativas para la zaga hicieron que finalmente Sampaoli lo incluya en la nómina. 

A los jugadores como Rojo no les suele alcanzar con aceptables actuaciones para revalidar su puesto. Por sus limitaciones, está siempre obligado a dar el 200% y, a la vez, una mala tarde suele condenarlo. Algo de eso pasó también en este Mundial. El ex Estudiantes inició ante Islandia pero luego fue desplazado al banco de los suplentes frente a Croacia. Este martes, menos mal, reapareció en el partido definitorio junto con otros de "la vieja guardia". 

Rojo se mostró firme en el primer tiempo y en el segundo muchos lo perdieron de vista. Es que las miradas se posaron en los de arriba. Todos le pidieron más a Messi, a Higuaín, al Kun, pero descuidaron a Rojo de la misma manera que lo hizo Moses, su marcador. Ni siquiera él se imaginó que aquel, que hace cuatro años hizo todo para no tocarla con la derecha, fuese a definir la historia con un soberbio remate ejecutado justamente con esa pierna. 

Aquel pibe al que Alejandro Sabella le vio algo cuando no todos confiaban, el que se forjó en la cantera del León platense donde ganar es el primer mandato y también el segundo, fue el héroe y el salvador de un grupo de jugadores que lo intentaba pero no podía. Algo de esa mística pincharrata, tal vez, haya iluminado el botín derecho del defensor zurdo. 

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