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Newell's y la necesidad de volver a creer en sus inferiores

“Vamos a volver a ser el Newell’s que se nutría de jugadores de inferiores y conseguía campeonatos”. La frase salió de boca del presidente Eduardo Bermúdez en un momento caliente. Fue el 12 de diciembre del año pasado, habían pasado menos de dos días de la derrota en el clásico ante Central y, un rato antes, había ratificado a Juan Manuel Llop como entrenador. En la conferencia de prensa, además del Chocho, estaban Martín Mackey, actual Director Deportivo, y el vicepresidente Cristian D’Amico. Una estrategia pensada para mostrarse unidos entre dirigentes puertas hacia afuera.

La promesa en sí misma no significa demasiado. Bermúdez no fue el único en hacerla, ya que la gran mayoría de los dirigentes que fueron pasando en la última década jugaron la misma carta para ganarse a la gente. Y a todos los une el mismo resultado. La seductora idea de hacer renacer al semillero rojinegro, esa famosa fábrica de jugadores que convirtió a la Lepra en una institución modelo durante los 80 y buena parte de los 90, de la mano de un maestro como Jorge Griffa, nunca llegó a ser realidad.

Los números son contundentes. Desde el verano de 2009, cuando Roberto Sensini empezó su ciclo como técnico rojinegro, hasta hoy, debutaron 54 futbolistas de la cantera, de los cuales muy pocos consiguieron afianzarse en el primer equipo. De aquellas primeras épocas con Jorge Theiler como coordinador de Inferiores -estuvo hasta finales de 2014- no sobresalen demasiados nombres.

Llop y la dirigencia: ¿Newell's volverá a priorizar su cantera como fuente de jugadores?

Hernán Villalba y Martín Tonso, debutantes en 2010 y 2011, respectivamente, fueron piezas importantes y muchas veces titulares en el equipo campeón del Final 2013 de Gerardo Martino. Maximiliano Urruti debutó con Javier Torrente en el banco, el Tata lo eligió como su nueve apenas llegó y fue el goleador del equipo en el primer semestre de 2012. El arribo de Ignacio Scocco lo hizo suplente, pero cuando Nacho fue vendido al Inter de Porto Alegre, los dirigentes trajeron a David Trezeguet y Urruti eligió irse a Estados Unidos. Son los que más se destacaron de una camada que tuvo a pibes como Fabián Muñoz, Cristian Díaz, Guillermo Ortiz, Eugenio Isnaldo y Lorenzo Faravelli, entre muchos otros que pasaron con más pena que gloria. Hoy, ninguno está en el Parque.

La última joya del semillero fue Ezequiel Ponce. Al delantero lo vendieron con 17 años a la Roma de Italia, en una cifra que rondó los cinco millones de euros. La particularidad es que Newell’s casi no le pudo sacar réditos deportivos porque jugó menos de 30 partidos. Además, fueron apareciendo jugadores como Franco Escobar (vendido recientemente al Atlanta United), Daniel Mancini (hoy en Bordeaux de Francia) y Ezquiel Unsain (Defensa y Justicia), hasta llegar al plantel actual que comanda Juan Manuel Llop.

Ponce ahora grita goles en Francia

La continuidad de Llop estuvo en duda hace un mes, pero una de las razones que apuntalaron su permanencia fue la cantidad de juveniles que puso en la cancha y su alineamiento con el trabajo que viene desarrollando Mackey, sucesor de Carlos Picerni, en la cantera. Así, en el último semestre del 2017 debutaron siete pibes: Leonel Ferroni (jugó 5 partidos), Enzo Cabrera (4 cotejos), Alexis Rodríguez, Ignacio Huguenet, Maximiliano Ribero, Joaquín Varela e Ignacio Nadalín (un partido). Además, les dio minutos a otros que ya estaban en el plantel, como Milton Valenzuela, Joaquín Torres y Héctor Fertoli. “Creo que Llop está siendo funcional a lo que Newell’s está buscando para el futuro. Tiene una dinámica de trabajo que incluye juveniles, no solo haciéndolos jugar sino también sumándolos a entrenamientos con el primer equipo”, reconoció Mackey en diálogo con RosarioPlus.com.

 

El problema de Newell’s con los juveniles tiene varias aristas. Si en 8 años debutaron en promedio casi 7 futbolistas por temporada, ¿por qué son tan pocos los que consiguieron ganarse un lugar en la Primera? Sacando a Sensini y Martino, quienes estuvieron 24 y 18 meses en sus cargos, respectivamente, hubo muchos cambios de entrenadores que atentaron contra la proyección de los pibes.

Algunos técnicos llegan con su propio librito y quieren armar el plantel a su antojo, sin tener en cuenta el trabajo realizado con anterioridad o el proyecto integral de club, y ahí es donde fallan los dirigentes. Otros, encima, también coquetean (y concretan) con la posibilidad de hacer negocios, generalmente enganchados con algún empresario que intermedia para traer jugadores de afuera. ¿Y los pibes? Se quedan mirando de afuera y muchas veces deben buscarse otro destino.

En el análisis no debe dejarse de lado, además, la valoración que hacen los entrenadores de los juveniles y la necesidad que tienen de obtener buenos resultados, en ocasiones presionados por los propios dirigentes o el clamor popular. Un DT puede considerar que los pibes que tiene a disposición no tienen la calidad suficiente y salir a buscar refuerzos afuera. Esta semana, Llop y Bermúdez estuvieron a punto de contratar a Rodrigo Colombo, un defensor ex Atlético Rafaela con poco vuelo en primera, pero un sector de la dirigencia y el peso de la opinión de Mackey terminaron tumbando la operación.

“Si van a traer jugadores en puestos donde consideramos que hay chicos para cubrir esos lugares, me voy a oponer, y se tendrá que hacer responsable la persona que los traiga. Nosotros hablamos con Llop y la dirigencia, y pedimos que se evalúe si los jugadores que van a venir son superiores a los nuestros. Está bien que se traiga si son mejores en calidad y personalidad”, aclaró el referente de las inferiores leprosas. En su momento, Theiler se resistió al arribo de varios jugadores, como Javier Correa o Franco Lazzaroni (terminó viniendo igual), porque iban a tapar a los pibes.

En un contexto en el que los entrenadores tienen potestad para no ensamblarse al proyecto del club, es común que los pibes aparezcan y desaparezcan de la primera en poco tiempo. Al defensor Escobar lo hizo debutar Picerni, en ese momento al frente del equipo como técnico interino, y Lucas Bernardi le dio la titularidad durante casi un semestre completo. Sin embargo, al poco tiempo llegó Diego Osella y prefirió traer refuerzos para el fondo (Moiraghi) y usar a hombres de más experiencia (Formiliano). El argumento para no poner a los juveniles fue que necesitaba sacar puntos para engrosar el promedio, una meta que alcanzó con creces.

Escobar decidió marcharse tras años de pelear por un puesto

“Muchas veces, el negocio termina pisando la estructura del club. Todo esto es culpa de los técnicos y de los dirigentes. Al no tener un área de fútbol profesional les permiten traer lo que quieren y tapar juveniles”, disparó un empresario vinculado a la representación de futbolistas ante la consulta de RosarioPlus.com.

No es difícil hallar casos similares. Los volantes Iván Silva y Facundo Bustamante debutaron juntos en 2014 en un partido contra Godoy Cruz, cuando el técnico era Gustavo Raggio, pero luego prácticamente no tuvieron más oportunidades y, entre los dos, jugaron menos de 5 partidos hasta irse a otros clubes. Silva está a préstamo en Guillermo Brown de Puerto Madryn y a Bustamante lo dejaron libre hace un par de años. El volante ofensivo Joaquín Torres, titular con Llop, debutó a los 17 con Américo Gallego en el banco, pero después de esa chance tuvo que esperar más de 14 meses para poder volver a sumar minutos. Y se podrían enumerar muchos más.

A su vez, varias fuentes que se desenvolvieron en el fútbol de Newell’s en la última década, reconocen que se dejó pasar un momento ideal para hacer el recambio generacional y largar los pibes a la cancha. Fue tras la estrella ganada por Martino, a mediados de 2013, pero en aquel momento se decidió seguir incorporando futbolistas y conservar a la gran parte del equipo. De hecho, con Alfredo Berti (reemplazante del Tata) sólo debutaron Ezequiel Ponce y Leandro Figueroa en los 10 meses que duró su ciclo.

El desafío está planteado para Llop, Mackey y Bermúdez, ese triunvirato que se mostró unido cuando las papas quemaban. Los próximos meses, en los que la Lepra jugará Superliga y Copa Sudamericana, serán claves para ver si el proyecto de inferiores, pensado para 4 años y con metas fijadas para poder ir sumando juveniles al primer equipo en forma progresiva, es realmente una prioridad. Fue una promesa del presidente.  

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