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Messi y la misión de burlar al destino

Desde que Leo Messi se puso la diez de la selección, las comparaciones con Diego Maradona se hicieron tan inevitables como insoportables. Que los dos crecieron en barrios humildes, que debutaron contra Hungría, que Newell's, que el Barcelona, y la lista sigue. Ahora, la casualidad o no se qué quieren que Nigeria vuelva a interponerse en el camino de Argentina, tal como ocurrió en 1994, un 25 de junio, cuando la enfermera Sue Ellen Carpenter se llevó al Pelusa. Ojalá que la Pulga no esté predestinada a que le corten las piernas.

Nigeria fue el último rival del Diego jugador con la camiseta argentina. Desde aquella tarde en Boston, las Águilas se cruzaron en repetidas ocasiones con la albiceleste, generalmente con buenos resultados para los nuestros. En Mundiales, les ganamos siempre.

Pasaron el gol de Bati en el 1-0 de Corea-Japón, la palomita de Heinze en Sudáfrica con Maradona DT y el ajustado 3-2 en Brasil, pero esta vez será distinto. Nunca hubo tanta presión ni tanta angustia. Y es imposible no hacerse la pregunta: ¿será el último partido de Messi con la selección? Lo que está claro es que para ganarlo, tiene que estar.

En la era de Twitter es fácil encontrarse con opiniones de todo tipo, e incluso con los que piensan que lo mejor es jugar sin Leo, que el problema es él y su falta de confianza. Por eso el objetivo para el martes es doble: conseguir una victoria y además una buena actuación del capitán, una de esas que tuvo en Brasil 2014 para salvarnos más de una vez (por ejemplo, contra Nigeria) y que le permitan recuperar el entusiasmo que parece haber perdido.

Los gestos de Messi luego de desperdiciar el penal contra Islandia y a lo largo de los 90 minutos frente a Croacia hacen pensar que recuperarlo en lo mental pasa ahora a ser más importante que cualquiera de los dibujos tácticos que pueda pensar Sampaoli. Ya basta de tecnicismos y números incomprensibles, hay que  trabajar en la cabeza del líder para que no sea su última vez. 

Si Argentina no gana será el final de una generación acostumbrada a los golpazos y se dirá que estaba condenada al fracaso. Pero si consigue el resultado necesario, gritarán que todavía se puede, que hay chances, que el Mundial está parejo y para cualquiera, que desde octavos en adelante es otra historia. Pase lo que pase, soñar con algo más no será posible si el mejor de los nuestros no recupera la sonrisa. 

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