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Enzo Pérez, el que no arruga cuando las papas queman

Después de 23 horas de vuelo de Ezeiza a Moscú, Enzo Pérez se acercó a la cancha del predio de Bronnitsy y saludó a los compañeros. Todavía estaba la gigantografía de Manuel Lanzini colgada en la concentración. Ahí estaba Pérez, con una mano en el bolsillo y la otra estrechándola a los compañeros sin mucha efusividad.

Quizás se sintió forastero en esos primeros segundos en el plantel, o que llegaba como de regalo. Pero cuando los papeles de Sampaoli se empezaron a incendiar en el fuego lento del desconcierto, el bombero emergió y buscará repetir aquella tarde en definitoria en Ecuador, o su rendimiento ante Bélgica en los cuartos de final de Brasil 2014 o en la final frente a Alemania.

Enzo Pérez puede reír de manera socarrona. Puede decir “vieron, cuando las papas queman, tienen que llamarme”. Es que el jugador de River estaba afuera de los 23 seleccionados para ir a Rusia y pasó a ser titular y clave en el segundo partido de la Copa del Mundo donde la Argentina se juega la clasificación.

Una vez más, Sampaoli apela a la experiencia del mediocampista de 32 años que si bien arrastra un semestre de bajo rendimiento tiene una carta que ningún otro jugador del plantel posee, salvo excepcionalmente Messi: el rendimiento en las difíciles. Los pingos se ven en la cancha y Pérez ha sido uno de ellos.

Quizás esta característica esté fogoneada por el fanatismo superficial, por la prensa de grandes medios o por la necesidad de jugadores más prácticos y ajenos al núcleo histórico que viene desde el 2010 y ha recibido el grueso de las críticas. Pero en rigor, es el que mejor jugó – detrás de Messi y su hat trick- en la altura de Ecuador cuando se debía ganar sí o sí para clasificar al Mundial y la Argentina perdía 1 a 0. Y eso se valora, al menos en los hinchas, dueños del paladar y el ánimo mundialista.

"Es muy difícil hablar en este momento, porque sufrimos de verdad eh, no es cuento esto", dijo llorando segundos después de la finalización del partido en Ecuador. He aquí otra cuestión que lo diferencia con el resto, casi como una relación de oposición, para agrado de la hinchada: parece sentir la camiseta de verdad.

 

Sin embargo no le alcanzó para convencer a Sampaoli de subirlo al avión con destino a Rusia hasta que la lesión de Lanzini le abrió la última puerta, o mejor dicho, la ventana al Mundial. No estuvo en la novela de la suspensión del amistoso con Israel, estaba recién llegado de unas vacaciones que se tomó en Brasil, total Sampaoli lo había dejado afuera y para la pretemporada de River faltaba. Pero no.

Se incorporó recién en Rusia, una semana después de que el plantel se haya concentrado en Barcelona. No estuvo en el equipo titular, ni siquiera en los trabajos tácticos previos al debut con Islandia. Ahora de nuevo la pelota la tiene él. Causalidad bendita dirá mientras se persigne, mire al cielo y se acomode junto a Mascherano en la mitad de la cancha. Vos cubrime, yo salgo jugando, le dirá, como en Ecuador.  Denle la pelota a Enzo, que cuando pesa 1.500 kilos, la hace rodar.

 

  

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