El rosarino detrás de la transformación de la selección peruana

Gareca escucha a Márquez en un entrenamiento rumbo a Rusia 2018 (Foto: FPF)

Hace solamente un año, los medios peruanos exponían, quizás con bronca, los históricos casos de lo que ellos mismos llamaban "actos de indisciplina" protagonizados por los futbolistas de la selección de ese país a lo largo del tiempo. “No me escudo con que sea la primera vez, porque simplemente no debió ocurrir. No debí salir. De los errores uno aprende”, decía por entonces el ex Newell's, Luis Advíncula. En la noche del miércoles 15 de noviembre, empujado por el hambre de hacer historia, cuando recién comenzaba el trascendental encuentro ante Nueva Zelanda, en Lima, el lateral desbordó con más confianza que otras veces, enganchó para su pierna zurda, la menos hábil, y remató con maestría. La pelota dio en el travesaño, pero fue el primer momento fuerte del encuentro. Ya se notaba. Perú creía en sus posibilidades y terminaría consiguiendo el objetivo. Detrás de esa transformación hay un cuerpo técnico argentino y, particularmente, un psicólogo rosarino.

Marcelo Márquez se graduó en la UNR, trabajó en Central y fue parte desde el comienzo del proceso de Ricardo Gareca al frente de la selección peruana. De regreso en su tierra natal, luego de meses agitados pero felices, el psicólogo contó en charla con Rosarioplus.com cómo se desarrolló lo que ellos mismos plantearon como “una película” en la que eligieron no hacerse cargo de los últimos 35 años de frustraciones para poder llegar a Rusia.

- Apenas terminó el partido con Nueva Zelanda hubo un reconocimiento enorme hacia vos, quizás como no ha ocurrido con otros psicólogos ¿Por qué se fijaron tanto en tu trabajo?

- Ricardo siempre menciona a todo el comando técnico, y como parte todos teníamos responsabilidades. En la última etapa el manejo de las emociones fue muy importante por la expectativa. Una de las cosas que se hizo fue no hacernos cargo de esas expectativas para jugar con la mayor soltura posible. Evitamos situaciones límites y fuimos avanzando. Uno de los ejes del trabajo fue ese. Se trabajo mucho lo táctico, lo físico, pero también el aspecto mental fue un gran aporte de todos.

- ¿Eliminar el miedo escénico fue un objetivo?

- No hubo, no estuvo presente. Fuimos a jugar a Paraguay y se ganó después de muchos años, en la altura de Quito se pudo ganar por primera vez, en la Bombonera se tomó como un gran desafío y se hizo frente a esa situación de cambio de escenario a último momento. No estuvo presente el miedo escénico, sí el deseo por jugar y mostrar nuestro juego

- ¿Estos jugadores entendieron que faltaba la pata mental? ¿Estaban necesitados de ayuda o fueron algo reticentes?

- No lo fueron, en absoluto. Supe acomodarme, hablar el idioma del jugador de fútbol, ocupar un lugar específico y acompañar. El rol del psicólogo es el de acompañar la carrera deportiva en un determinado momento. Manejar emociones.

- ¿Hubo un click o fue un progreso completamente paulatino?

- En vez de mirar cada partido como una foto en la que ganábamos, perdíamos o empatábamos, lo que hicimos fue poner en marcha nuestra propia película que transcurría en los entrenamientos, el vestuario y las canchas. Y quisimos ser los protagonistas. No nos hicimos cargo de los 35 años de historia de Perú sin ir al Mundial. A esa mochila no la cargamos. Construimos nuestra película desde que empezó la eliminatoria. Con altibajos, con errores, pero también con muchos logros. Eso nos generó un alivio bárbaro porque nosotros queríamos que termine bien.

- ¿Cómo los afectó lo que pasó con Paolo Guerrero y que va a ocurrir ahora con él?

- Va a estar con nosotros, es nuestro referente, nuestro capitán. Estuvo siempre, está presente en todo momento y va a estar en el Mundial. Él es nuestro líder. Lo bueno que tuvo este grupo fue que nos ha tocado, por amarillas, que Paolo no esté presente en algunos partidos y el equipo jugó y ganó. No dependemos de una figura, el peso es repartido. Todos se sienten importantes y respetados y a eso te lo da el sentido de pertenencia. Eso es algo que caracteriza a este grupo.

- Particularmente me llamó la atención la última actuación de Luis Advíncula, a quien en Rosario tal vez no lo vimos rendir como se esperaba cuando pasó por Newell’s ¿El partido que jugó en Lima frente a Nueva Zelanda sirve como una foto para graficar el cambio que han conseguido?

- Él tenía muchísimas ganas de jugar y uno de sus mejores amigos dentro de la selección es Aldo Corzo, que ocupó hasta ese último partido la titularidad en el lateral derecho. Está ese ejemplo, pero con Colombia al que le hacen la falta por poner la cabeza es Aldo Corzo y de ahí viene el gol de Guerrero. Eso es pertenencia. Estos jugadores lograron hacer que suceda. Cambiar no es la palabra, lo que hicimos fue modificar los roles. Ya no quisimos más mirarlo por la tele. Hicimos de cuenta que había una gran fiesta con solamente 32 comensales. Nosotros nos cansamos de decir que nos quedamos en la puerta a mirar como los demás comen algo muy rico en la fiesta del Mundial. Quisimos estar ahí y cambiamos esfuerzo por resultado. Ya no nos contentamos con esto de 'Perú juega lindo, pero no alcanza'. Fuimos por más.

- ¿Cómo se trabajará ahora sobre esto de ir rumbo a terreno desconocido?

- Es desconocido para todos, pero tiene la alegría y el suspenso de lo nuevo. A veces la ignorancia de lo nuevo te suelta muchísimo.

- ¿Y para que no aparezca la relajación por el objetivo cumplido?

- Tenemos que cambiar el chip para ver qué logro queremos proponernos ahora. Esta frase vieja del fútbol de ‘ir partido a partido’ es cierta. De esa manera construís tu propia historia.

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