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El día que el comunismo triunfó en territorio de Estados Unidos

Se cumplen 100 años de la revolución que dio nacimiento a la Unión Soviética. Un régimen político que germinó en el reclamo de la clase trabajadora y que terminó disputando el control del orden mundial a los Estados Unidos. Rosarioplus.com sigue repasando algunas historias que se producen a partir de un particular quiebre: El deporte dejó de ser una política de Estado que infunde valores, trabajo en equipo y mejora la calidad de vida, para pasar a ser uno de los tantos elementos de propaganda soviética

Detroit. 1997. El mejor jugador de hockey sobre hielo de la historia soviética grita de alegría. Slava Fetisov levantaba la Stanley Cup, el trofeo más importante del deporte norteamericano. Junto a él había otros rusos con los que diez años atrás había formado el equipo más recordado de todos los tiempos: el 'Red Army' soviético barrió a todos sus rivales desde comienzo de los ochenta. El deshielo de la Perestroika los separó y el calor noventoso del capitalismo americano los volvió a juntar para formar al equipo que no entendió de políticas de Estado.

La selección soviética de hockey siempre contó con el mejor de los apoyos del gobierno central. La imagen poderosa que el equipo emanaba era lo que querían vender como resultado del exitoso ‘sistema socialista’. A fines de los sesenta su entrenador, Anatoli Tarasov, profundizó la hegemonía roja reclutando jugadores de todo el país y utilizando otras artes soviéticas para los entrenamientos: ajedrez, ballet y patinaje artístico. Queda adjunto al pie de este párrafo un video que muestra parte del repertorio de movimiento del ‘Red Army’, mejor verlo que leerlo:

Hubo un quiebre en el manejo del equipo. En 1980 se desarrollaron los Juegos Olímpicos de Invierno en Lake Placid, en Nueva York. Los soviéticos, favoritos, perdieron la final contra los locales. Los funcionarios de la URSS entendieron que al equipo le faltaba ‘mano dura’. El nuevo entrenador, Viktor Tikhonov, fue designado por un alto funcionario de la KGB. El 'Red Army' debía volver a la senda del triunfo. Al contrario de lo que secretario general del partido, Mijail Gorbachov, pregonaba dictando leyes de apertura y flexibilización, la selección de hockey sobre hielo empezó una década de tortura y reclusión. Cuatro entrenamientos diarios. Libertad sólo un fin de semana por mes para ver a sus familias. Cargas físicas extraordinarias. “Meábamos sangre”, cuenta Krutov, parte de ese equipo, en el documental llamado ‘Red Army’ que hace unos años produjo Werner Herzog.

Seis campeonatos mundiales y dos medallas de oro es lo que llegó con el nuevo régimen de entrenamiento. Cada uno de sus jugadores era el mejor en su puesto. En 1983 la NHL ‘drafteo’ a Slava Fetisov pero el gobierno no le permitió la salida. Así fue hasta el año 1989, a pesar que desde 1985 el país había comenzado un proceso de transformación en el que se incluía la apertura a occidente. “Se puede oprimir, obligar, sobornar, quebrantar o destrozar, pero solo durante un tiempo”, escribió el secretario general del partido, Gorbachov, en su libro ‘Perestroika’ en 1987. Fetisov llamaba la atención de la prensa internacional, obligarlo a quedarse hubiese servido de muestra suficiente para que el mundo dudase de las reales intenciones de ‘cambiar’ que proponía la URSS.

Gorbachov pone fin a una época de tensión diplomática constante entrechando la mano con Ronald Reagan

Sobre el cierre de la década los jugadores soviéticos pudieron salir de su país gracias a la lucha de Fetisov. Dejaron un lugar en dónde ser jugadores de hockey significaba ‘ser soldado del ejercito’, para llegar a la Liga Norteamericana en dónde negociaban su propio contrato.

Fetisov se fue a jugar a los ‘Red Devils’ de New Jersey quienes lo habían ‘drafteado’ seis años atrás. Kontastinov, Fiodorov y Kozlov viajaron a Detroit y se unieron a los ‘Red Wings’. Larionov hizo lo propio en los Vancuver ‘Canucks’. Mientras el proceso de transformación de la URSS se aceleraba hasta la destrucción total del sistema socialista, el histórico equipo de hockey sobre hielo se desperdigó en el mapa norteamericano.

Una réplica de la propaganda soviética que ilustra al equipo invencible

El hielo de la fría guerra se hizo agua cuando los soviéticos pudieron dar cuenta de la potencia comercial de occidente. En 1991 Boris Yeltsin, un excomunista que se presentaba como ‘independiente’ y que prometía entrar de lleno al libre mercado, se llevó casi el 60% de los votos rusos. Mc Donald’s abrió su primer sede en Moscú y a su inauguración se acercaron más de 10 mil personas. La URSS que sometió a Fetisov y compañía ya no existía. Nunca más iban a jugar la ‘Red Army’. O al menos no bajo ese nombre. Al menos, porque alguien en Detroit se puso a sacar cuentas.

Ken Holland y su equipo manejaban el área deportiva de los ‘Red Wings’. Una franquicia que hacía 40 años que no se acercaba a la Copa Stanley. El juego de la NHL era rudo al punto que cada partido solía dejar su mancha de sangre sobre el hielo. En algún entrenamiento del equipo, Ken debe haber escuchado a dos de los suyos intercambiar algunas palabras en ruso y se encontró con una idea. Solo había existido un combinado capaz de ganar a las bestias americanas: el ballet soviético, el ‘Red Army’. ¿Que siguió a eso? Contratación de Fetisov y Larionov para complementar a los otros tres que ya estaban. ¿El resultado? Por un lado fueron inmediatamente campeones. Por el otro, cambiaron la historia del deporte para siempre. O al menos el hielo ya no se tiñe tanto de rojo.

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