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Cómo se vivió el triunfo de River en Japón

Llora sin parar. Aún falta para que termine el partido, pero no puede dejar de llorar. La chica que se encuentra un escalón arriba, una completa desconocida, lo abraza de atrás. Él, sin darse vuelta, tira sus brazos para atrás para devolver el abrazo, pero sigue llorando. Aún faltan más de 15 minutos y, en caso de mantenerse la ventaja, todavía su equipo tiene que ganar un encuentro más si quiere ser campeón del mundo. Pero ninguno de esos pensamientos logran frenar su mar de lágrimas.

La imagen es la de un joven de unos 24-25 años (o por lo menos eso aparenta) tras el gol de Lucas Alario que finalmente le dio a River la clasificación a la final del Mundial de Clubes. A medida que se acerca el pitazo final los ojos que evidencian emoción se van multiplicando, algo impensado hace algunas horas. Es que el día había arrancado lleno de optimismo, con una marea roja y blanca que invadió Osaka y que no esperaba sufrir y festejar tanto esta victoria. Algunos para pasar el rato eligieron Dotonbori, la principal zona turística de la ciudad y la sede de todos los encuentros y festejos millonarios. Otros decidieron aprovechar e irse un rato al Castillo de Osaka, a unos 20 minutos de allí, antes de meterse en clima de partido. Los más ansiosos fueron desde el mediodía a las inmediaciones del estadio. En todos los lugares, las escenas se repetían: gente juntándose a cantar, arengas y comentarios de “cómo vamos a sufrir hoy”, “no hay que confiarse” y “estos partidos siempre nos complican”, aunque en el fondo se notaba que ninguno realmente lo creía y esperaban que a los 15 minutos Sánchez o un cabezazo de Maidana les de tranquilidad.

La temperatura fue subiendo y cuatro horas antes del partido los subtes parecían cualquiera de los transportes que va al Monumental un domingo, plagados de fanáticos cantando y golpeando las puertas. El corto camino a la cancha desde la estación era una fiesta, y en los alrededores del mismo la gente decidió plantar campamento y empezar a armar allí sus fernets en botellas de plástico cortadas, porque no hay distancia suficiente para separar a un argentino de esa costumbre.

A dos horas del pitazo inicial, el público se empezó a acomodar en las tribunas. Donde querían, porque era muy fácil cambiarse de sector debido al poco control. Mientras, Marcos Milinkovic le confirma a un curioso que sí, que se vino a Japón especialmente por River, como si los nervios que evidenciaba no fueran suficiente prueba. En las tiendas del estadio se empieza a acabar la cerveza, lo que hace que la gente se empuje y amontone por conseguir una en el único puesto que aún vende. Igualmente el alcohol reaparecería más tarde.

Se acerca la salida de los equipos y el sonidista increíblemente pone música a todo lo que da, pero eso no frena a las cerca de 20 mil almas si no todo lo contrario, ya que deciden gritar más fuerte, dando la sensación de estar jugando de visitante en el Único de La Plata más que en Japón. Arranca el partido y pese a que los de Gallardo no generan peligro, la gente se muestra conforme porque el equipo parece muy metido y con una idea clara, como en los principios de la era del Muñeco, lo que se traduce en un aliento ensordecedor. Los minutos pasan y los cantos siguen, pero mezclados con comentarios de preocupación, manos en la cabeza e insultos al aire a medida que van repitiéndose las chances del Sanfrecce.

“En cuanto tengamos una, va adentro” es el consenso popular. Y vaya si conocen a este equipo: Maidana cabecea ante la salida fallida del arquero y Alario cumple con la máxima futbolera de que dos cabezazos en el área terminan en gol, reafirmando que este River no te perdona jamás.

Pasan los minutos, llega el pitazo final y el desahogo. La escena se invierte: el chico es ahora el que se da vuelta a abrazar a la joven ubicada en el asiento de arriba, que se quebró una vez obtenida la clasificación: “Ya está, no llorés que ya ganamos”. Ambos se ríen, se abrazan de nuevo y él, con mucha convicción, le deja un mensaje: “Y ahora le vamos a ganar al Barcelona, te lo prometo”. 

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