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Cómo fue el reencuentro Batistuta - Bielsa, 16 años después

Una de las postales más tristes de la historia de la selección argentina se dio aquel inolvidable 12 de junio de 2002: en cuclillas a un costado del verde césped del Miyagi Stadium, Gabriel Batistuta no encuentra consuelo. Argentina acaba de empatar con Suecia y queda eliminada en primera ronda del Mundial de Corea Japón. Ese sería el último partido del enorme goleador surgido de las inferiores de Newell’s y, algo que no todos saben, una de las últimas veces que se vería cara a cara con el entonces DT albiceleste, el ídolo leproso Marcelo Bielsa.

Dieciséis años después de aquella página negra para el fútbol argentino, este viernes los dos protagonistas volvieron a encontrarse, y de pura casualidad. ¿Qué pasó cuando volvieron a verse? 

Lo contó el propio Batistuta en el programa 90 Minutos de Fútbol que emite la señal de cable Fox Sports. El ex delantero, uno de los goleadores históricos de la selección, bajaba fastidioso del ascensor del hotel donde se aloja en Capital porque lo habían obligado a ingresar al desayunador por otro sector, lo que le implicaba caminar algunos metros de más. Quién lo diría, aquel implacable artillero que pisaba el área con la velocidad y potencia de un toro, hoy no quiere hacer ni un paso extra.

Pero el destino había movido sus hilos y detrás de la puerta del ascensor lo esperaba una gran sorpresa: el mismísimo Marcelo Bielsa. ¿Habrá pasado por la cabeza del goleador aquel fatídico minuto 58 del partido, en el que el entrenador decidió que ya no había más mundial para él y lo cambiaba por Hernán Crespo? Parece que no.

“Salgo de la puerta del ascensor y estaba ahí, una de las sorpresas más lindas que tuve en los últimos tiempos”, dijo el Bati. Y enseguida aclaró sus sentimientos hacia el rosarino, a quien había tenido como profe en su época de juvenil en Newell’s, cuando ninguno de los dos podía imaginar el destino de goles y títulos que los esperaban. “Bielsa fue el que me educó a mí, el que me enseñó a entrenar los días de lluvia, el que si metíamos dos goles nos decía que metamos cuatro, me enseñó la vida del profesional”, explicó.

Bielsa estaba “reunido con otra persona”. Y un pudoroso Batistuta sólo atinó a saludarlo y a seguir su camino rumbo al desayuno, que a esa altura quizás ya no era tan importante, y esos metros de más para llegar a él no eran tan dramáticos. Pero mientras desayunaba, habrá pensado el gran goleador que pasó por River, Boca, la Fiorentina y la Roma en aquellos años de aprendizaje, en todo lo que el tozudo rosarino le había enseñado y un pensamiento le invadió la mente: “No puedo no darle un abrazo”, dijo Bati que se dijo a sí mismo.

“Entonces, cuando terminé de desayunar, me volví y le dije 'profe déjeme darle un abrazo'”, contó Batistuta, quien reconoció que en ese abrazo le dijo “algo, pero nada de fútbol”. “Le dije que lo estimo mucho, le dije lo que siento”, explicó escuetamente. ¿Y cómo reaccionó el Loco? “Se emocionó”, dijo Batistuta. “No me lo dice, pero siento que me quiere”, agregó sonriendo.

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