Ariel Holan, anécdotas de un DT resistido

Admirador de Steve Jobs, vendió su auto en plena crisis para poder desarrollar un software que lo acompañe en su carrera como entrenador. Antes de ser campeón fue comparado con un comisario, víctima del bullying por el uso de drones y GPS, puesto en duda por sus ídolos y apretado por la barra

Se sabe que Ariel Holan primero se destacó en el mundo del hockey. Lomas de Zamora y San Fernando, los dos clubes con los que más cosas logró durante la década de los noventa. Selección de Uruguay después. De esos años se rescata la valoración de dirigentes y jugadores, que lo señalaban como un entrenador poco tradicional pero con resultados positivos.

En el año 2001, cuando el país se prendía fuego, vendió su Renault 19 para poder comprarse una McIntosh, la única computadora que le permitía desarrollar un software que, él entendía, le serviría para mejorar el rendimiento deportivo de cualquier persona/equipo. “Este software es simple y ayuda a hacer las cosas más sencillas, facilita el proceso de adaptación de un deportista a un sistema. Algo de lo que decía Steve Jobs. Ese tipo me cambió la vida”, aseguró alguna vez.

El sistema, se conoce, es el que cuenta con la utilización de GPS (corpiños para hombres) y drones. Estos últimos más célebres. En los primeros entrenamientos, en la prensa se podía leer: “Holan llegó a Independiente con un drone y un numeroso cuerpo técnico”. El campeón se gestaba, pero ¿para qué esperar que el proceso culmine si puede opinar desde mucho antes? Eso pensó el editor de aquel periódico. Incluso un anónimo llegó a armar una cuenta de twitter: @eldronedeholan. Desde la cuenta se despotricaba contra el DT. Final cantando: 200 seguidores y cuenta abandonada hace 6 meses.

En su primera experiencia como DT, Holan tuvo que pelear con el palo de hockey en la mano. Si bien ya contaba con 12 años de carrera en el fútbol (ayudante de Burruchaga y Almeyda, entre otros) Holan volvía a ser responsable máximo de un equipo por primera vez desde que dejó el hockey. Un desconocido total como DT provocaba la inventiva del hincha y en alguna radio se escuchó un mensaje que le sacó una sonrisa: “Tuvimos a Franco, al Turu Flores y ahora a un técnico del hockey. ¿Qué sigue? Mañana viene el comisario de Florencia Varela y se pone a dirigir… no me hinchen las pelotas”. La experiencia fue grata. Defensa y Justicia nunca terminó de explotar, pero en un combinado armado con la sobra de los otros clubes siempre estuvo en boca de los que rescatan el juego. O al menos eso alcanzó para llegar al club del cual es hincha.

De chico es de Independiente. Y algo de eso se pudo notar en las salidas al campo de juego del equipo: al saltar al campo de juego los jugadores forman fila en el medio y su capitán marca el camino del saludo a su hinchada, como lo hacían hace 40 ó 50 años. Cuando se empezó a hablar de la posibilidad de sumarse al rojo, Holan explotó de alegría. Al punto tal de perder cierta relación con la cordialidad y los buenos modales.

Luego de asumir se viralizó un mensaje de Whatsapp que le había enviado al presidente de independiente, Hugo Moyano:

"Desde lo emocional tengo un compromiso intachable con el club. Pero con espalda no se resuelve esto, porque yo lo vi a Burruchaga irse en nueve meses y ahora a Milito en seis. Se resuelve con capacidad y con gestión, y eso es lo que yo le puedo ofrecer. Un modelo futbolístico que sea un mix entre esa historia aguerrida de los años 60 y mucha dinámica e intensidad para suplir la falta de talento por la ausencia de un Bochini o un Burruchaga que hoy no lo tenés ni lo vamos a tener".

Bochini, Burruchaga y Bertoni no se callaron. “Parece que hay uno que tiene la fórmula del éxito”, dijo uno. “¿Qué hizo bueno para ser DT de Independiente”, agregó el otro. “Se ve que no hace falta mucho para dirigir a un grande”, sentenció el tercero. Silencio y a trabajar. Al fin y al cabo había sido una conversación privada, quizás queriendo complacer a algún dirigente con el que negociaba, ¿quién sabe? En todo caso Holan prefirió no abonar esa polémica y centrarse en su trabajo.

El 2017, visto desde diciembre, marca que Independiente, con un partido menos, es el tercer equipo que más puntos sacó, además de levantar una copa internacional. Sampaoli, hace un par de semanas, dijo: “Independiente es el equipo que mejor juega del fútbol argentino”.

Sin embargo, en medio del calendario la vida de Holan corrió peligro producto de resultados que no terminaban de cerrar a la hinchada. El 19 de octubre último, mientras conducía su auto saliendo de un entrenamiento, tres autos y dos motos lo cruzaron. De un vehículo bajó Bebote Álvarez, reconocido jefe de la barra. Se subió al auto de Holan, transitaron 20 cuadras en las que le pidió 50 mil dólares. El barra blandía un revolver sin preocupación.

Aquello, dicen desde Buenos Aires, fue el quiebre con la dirigencia del rojo. Nunca se sintió apoyado, respaldado ni cuidado, más allá de que tiene custodia 24 horas a pedido de la Justicia. Quebrado por la felicidad, en pleno Maracaná, explicó: “No sé si voy a seguir, fue un año muy duro, para mí y para mi familia”, al tiempo que volvió a recordar a los grandes de Independiente, a los campeones de otra época, aquellos que un año atrás lo habían agredido. Sin rencores. Son campeones.

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