Varios rubros todavía no fueron incluidos dentro las flexibilizaciones de la fase cuatro de la cuarentena obligatoria y esperan, con angustia y problemas económicos, que llegue su turno.

Entre los sectores que no pudieron retornar con su actividad, y comenzar a recuperarse del parate por el aislamiento social, el de los pochocleros parece no encontrar un salida en el corto plazo.

"El panorama a corto plazo no es muy alentador, porque el acceso a los parques es lo último que se va a permitir", advirtió Marino, de Cotarelo pororó, en diálogo con Rosarioplus.com.

El titular del carrito que hasta el 20 de marzo se ubicó en el Parque Independencia indicó que para amortizar los gastos fijos por el mantenimiento del vehículo está "tratando de encontrarle la vuelta un poco con la venta por delivery", pero los ingresos no se equiparan con la venta ambulatoria.

"Nosotros en los últimos días de diciembre y durante enero prácticamente no trabajamos porque bajan mucho las ventas, y la época fuerte arranca con las clases", comentó el pororero y lamentó que los "meses más fuertes" de la actividad van a estar bajo la cuarentena obligatoria este año.

En cuanto a los problemas económicos que provocó el parate, Mariano dijo: "Por suerte, trabajamos de otra cosa y no necesitamos un beneficio del Estado, pero el carrito estos meses dio pérdidas porque hay que seguir manteniéndolo".

Al igual que el titular de Cotarelo pororó, Jessica, de Melisa pochoclos, manifestó: "Ya venía muy flojo el trabajo y esto nos terminó de perjudicar. Pero entendemos que es una situación totalmente inesperada, que nos atravesó a todos".

La encargada del carrito que los fines de semana y feriados se instalaba frente al Planetario del Paque Urquiza señaló que juntos a su familia, con quién comparte el emprendimiento, esperan "que pase todo esto y se habilite la venta ambulante".

"Por ahora vemos muy lejos la posibilidad de volver al parque, creeríamos que para la primavera será posible retomar las actividades, mientras tanto, esto se hace duro por el tema monetario", señaló Jessica.

En sintonía con sus colegas, Julio César, de Adad pochoclos, afirmó: "La situación es angustiante". El pororero, que también se desempeña como médico, comentó que la cuarentan obligatoria no sólo perjudicó a su familia en lo económico, sino también en lo emocional: "La salud no es solo corporal, sino también social y emocional".

"El domingo llamé a mi vieja y estaba muy mal, hace 20 años que vive de esto y no poder ir al Parque la angustia", manifestó el pororero, y agregó que de a poco los ahorros se van terminando y la necesidad de volver a la calle se hace mayor.

Los Pochoclos Adad son una marca registrada de Rosario y están en el rubro desde 1929, cuando Juan Manzur Adad llegó a la ciudad y compró su máquina para cocinar pochoclos. Casi un siglo después, el pequeño carrito del nacido en el Líbano se convirtió en un emprendimiento de 8 familias que mantienen intacta la tradición.

En cuanto a la venta con delivery, Julio comentó que empezaron a implementar la modalidad ante la extensión del aislamiento social, pero remarcó: "Nos da para pagar algunas cositas y nada más".

Por último, el pororero comentó que está preparando una iniciativa para presentar en la Municipalidad donde se propone la instalación de los carritos de pochoclos en sus lugares habituales, con un adecuado protocolo de prevención, aunque no se habilite la conglomeración de personas. "Por lo menos que se pueda estar parado en el lugar y venderle a los automovilistas que pasan", explicó.