El paraje Charigüe, frente a Rosario, era considerado una localidad del municipio de Victoria en el censo de 2001, pero en el censo de 2010 perdió esa categoría. Lo mismo sucedió con Laguna del Pescado, frente a la ciudad entrerriana. La lancha colectivo que unía ambas ciudades dos veces al día a través del humedal desapareció en 2005 tras la habilitación del enlace vial, y con ella desapareció también el único servicio de transporte público que tenía la población de la isla. Ambos detalles -lo del Charigüe y lo de la lancha colectivo- son síntomas de un fenómeno que explica en parte lo que sucede en las islas, ahora que Rosario vuelve a escrutarlas agobiada por el humo de las quemas, y no solo como un lugar posible de esparcimiento estival. La isla es otra cosa, tiene voz propia que ha sido ocultada por la lógica de los negocios de la macroeconomía, que ningunean la naturaleza de ese territorio, 374.000 hectáreas de humedales frente a estas costas del sur santafesino. Ese es el punto de abordaje de Taller Flotante, un espacio interdisciplinario de reflexión con personas que recorren el humedal al encuentro de los pobladores que aún lo habitan, para compartir propuestas de cultura y producción. Asumen que en esos viajes ayudan a que la tierra firme ignore menos a la isla y la considere un poco más también como espacio público, con identidad y naturaleza propias. La arquitecta victoriense Soledad Ferrería es una de esas personas y expone la mirada de Taller Flotante en diálogo con RosarioPlus.com.

(foto: Taller Flotante)
(foto: Taller Flotante)

—Esto que pasa hoy es un entramado de varios asuntos, se trata de una escala económica global que atraviesa la isla, e historias mínimas y locales que no han sido escuchadas en los últimos 15 o 20 años. No escuchar las voces locales provoca esto. Tengo dos rutas: una hidrovía y un corredor bioceánico que la atraviesa, ambas de escala global. Y si no le doy lugar a lo local, entonces nos explota una bomba en la cara, lo que ocurre ahora. (NdR: refiere a las quemas y a los negocios inmobiliarios, como se discutió esta semana en el Concejo de Victoria a partir de la iniciativa de una empresa rosarina).

Soledad Ferrería.
Soledad Ferrería.

—¿Y cuál sería la solución?

—Urbanizarlo para nada. Necesitamos escuchar las voces locales. En Victoria se lamenta que ya no existe la población isleña, corrida por el cambio de tecnología y formas productivas en la isla. El poblador isleño fue corrido, no hay más lanchas colectivo. Por no tener políticas de escala local y solo primar lo global no hubo quien regule el territorio. No hay población, no hay presencia del Estado. En el departamento Victoria hay 11 escuelas en islas y eso también es presencia del Estado -dice Ferrería. 

Averiguar la cantidad de habitantes isleños es difícil. Unos pocos cientos entre los casi 32.000 pobladores que acredita Victoria en el censo 2010. Alguna referencia aporta que en ese momento los parajes Laguna del Pescado y Molino Doll (reconocidos como juntas de gobierno aún) tenían 142 y 139 pobladores, respectivamente. En la isla del Charigüe los habitantes decrecieron y el lugar perdió su condición de paraje.

—Treinta o cuarenta años atrás la población era mayor. ¿Cómo era entonces la vida y la producción allí? ¿Por qué se habitaba la isla y hoy mucho menos?

—Es lo mismo que ocurrió con la población rural y la sojización. Aquí no hay siembra intensiva pero la soja en tierra firme desplaza al ganado, que va a la isla, son pooles de ganado que trabaja con menos puesteros o sin puesteros. Los frigoríficos (de pescado), además, tienen otro sistema de compra a los pescadores, a mayor escala. Se fue la lancha colectivo. Y se va haciendo áspero vivir en la isla y el Estado no llega con ninguna política, ni de vivienda, educativa. Hay múltiples motivos para explicar el éxodo. A Charigüé se le decía Pueblo Charigüé, lo mismo en el Barrancoso, en Laguna Grande. Pero cambió la matriz productiva y es por el atravesamiento de la escala global, la hidrovía y el enlace vial. Igual, estamos a tiempo de cambiarlo. ¿Por qué no hay una sola parada de colectivo en el enlace vial para que el poblador isleño pueda ir y trasbordar? No lo pueden hacer, tienen que pagar remises carísimos, no pueden parar a nadie. No hay nada pensado a escala local en esas grandes obras de infraestructura. ¿Qué haría la presencia del poblador isleño? Son protectores del lugar, su presencia garantizaría la protección.

 

—Es difícil contemplarlo así frente a la realidad de un determinado modelo de producción cuya modificación parece no estar en ninguna agenda política. ¿Cómo desarticularlo para darle cabida al isleño?

—Un tercio de la tierra es fiscal, se desarticula mostrando otra forma de hacerlo desde el Estado. Yo creo en el Estado... un día sí, un día no (ríe).

—¿Pero es tan fácil entonces ocupar tierras fiscales con una explotación ganadera?

—No se cuán fácil o difícil. Hoy entró un proyecto de ley en el Senado provincial para modificar esto pero con el ministerio de Producción como órgano de aplicación. Quizás sea un punto de inflexión ahora para tener una mirada productiva, pero con otro modelo. Yo banco eso, no quiero un parque nacional en el humedal, pero sí que sea con otro modelo de producción, la escala local. 

(foto: RosarioPlus.com)
(foto: RosarioPlus.com)

—¿Qué mirada tenés sobre los loteos en la isla?

—Sé de este proyecto que entró al Concejo esta semana. No lo conozco en detalle pero no es oportuno. Pienso en lo que implica transformar un suelo rural o de islas en suelo urbano, que es un loteo. Eso implica densidad de población y un negocio inmobiliario. Implica desplazar gente, animales. Los ganaderos hacen carne de pastizal y es una concepción errada de origen. La isla no es pastizal aunque ellos se empeñen en generarlo. Es otra geo región. Y los negocios inmobiliarios son para mirar con cien ojos. No aporta nada densificar la población, tampoco meter sesenta lotes que serán sesenta nuevos pozos absorbentes de desagües cloacales. ¿Será un pueblo nuevo? ¿Justo en este momento?

—Parece que no es de ahora; lo presentó hace tres años y que solo por burocracia llega ahora al Concejo.

—Pero este empresario entiendo que ya tiene un barrio cerrado (N. de R.: se refiere al "country náutico" La Bahía, en Pueblo Esther). No es sustentable, centrifica, excluye gente. Sobran explicaciones para no hacer estas inversiones inmobiliarias, y menos en la isla.

—Rechazás una iniciativa de poblamiento y a la vez señalás que la escala global corrió al poblador isleño.

--No es lo mismo porque no hablo de movimiento inmobiliario ni casas de fin de semana. Yo hablo del movimiento de población en los últimos 40 años, otro tipo de población que garantizaba la preservación del lugar. La población de fin de semana qué va a garantizar. Además, hablo que la provincia con sus tierras proponga otra forma de producción, del cuidado del territorio fluvial, nunca con el uso de casas de fin de semana. 

—¿Quién prende fuego?

—No lo se, hay sequía, hay bajante y además, hay un tarado que prende fuego. Ayer sesionó la comisión de Ambiente en Diputados de la Nación: ¡fue toda palabra santafesina, rosarina! Nos hacemos lugar entre compañeros y compañeras o esto se va al tacho. No se puede empezar a hablar desde Rosario de una porción de tierra y de agua que es jurisdicción administrativa de otra provincia, otra ciudad, es ejido de Victoria.

—Pero los efectos de lo que ocurre en la isla se sufren en Rosario, de este lado del río.

—Sí, sí, sí, pero no lo van a solucionar sin la alianza de los enterrianos...

—Hubo muchas apelaciones a los enterrianos, y la respuesta -al menos del gobierno de Gustavo Bordet- fue incapacidad para intervenir de manera eficaz o si no, indolencia. 

—No lo quiero poner en una puja entre entrerrianos y santafesinos, sino entre la gente de a pie. Cupo entrerriano, por favor. Ayer hablaron en la comisión de Medio Ambiente en Diputados de la Nación: eran todos santafesinos. Llamen a los entrerrianos. Hay que hacer el ejercicio de salir a buscar las voces de este lado -concluyó Ferrería.

El humedal bajo jurisdicción del municipio de Victoria sometido en este invierno a quemas recurrentes y donde prosperan numerosas explotaciones ganaderas, muchas sobre tierras fiscales, está declarado -no obstante- como Área Natural Protegida desde 2003, según la ordenanza Nº 2185 de ese año.

Taller Flotante en debate nocturno en la isla. (foto Taller Flotante)
Taller Flotante en debate nocturno en la isla. (foto Taller Flotante)

 

Eso que está al costado de la ruta

Soledad Ferrería habla desde la experiencia de Taller Flotante, lo que sus miembros definen como "un espacio de producción, investigación y experimentación extra disciplinar y autogestivo, que busca superar visiones establecidas y divisiones políticas". Representa para la agenda rosarina una forma de saber cómo piensan el humedal los vecinos de enfrente, en Victoria. En uno de sus documentos se plantean "¿Cómo entrenar otra percepción que nazca de un estar entre las cosas y no por encima o a grandes distancias de ella?", y allí resumen lo suyo, sin perderse en medio del humo.

Reparan en ciertos detalles que condensan lo que pasa. Ya no hay lancha de pasajeros, ha sido prohibida, y ningún colectivo puede parar para recoger o bajar gente en los 55 kilómetros del enlace vial. Hasta desaparecieron los carteles que señalizaban los "accesos a la isla". No hay chance de circulación libre aparente. Se obturó la percepción fluvial del territorio. Desde el terraplén, la isla ha sido convertida en un "no lugar". 

Hombres y mujeres desde diferentes saberes y experiencias, en comunión por el humedal. (foto: Taller Flotante)
Hombres y mujeres desde diferentes saberes y experiencias, en comunión por el humedal. (foto: Taller Flotante)

Así lo asume también un "Plan Estratégico Territorial Victoria", que el Ministerio del Interior de la Nación elaboró en 2018: un documento de aparente planificación de Estado que soslaya la problemática del humedal aunque pertenece al ejido municipal.

La presentación de Taller Flotante lo explica así: "Fuera de agendas políticas locales, claramente excede esferas gubernamentales de un municipio, que no hace, ni deja hacer (con grandes excepciones como lotes cedidos para siembra de soja, vista gorda a terraplenamientos, etc). Y si bien existen planes anivel nacional (PIECAS el último, no reglamentado) y provincial (anteproyecto de ley de Ordenamiento Ambiental), no hay reglas claras sobre su ordenamiento, manejo y cuidado. Además de los beneficios ecosistémicos que brinda esta gran esponja,tenemos la hidrovía Paraná Paraguay y la ruta transnacional bi-oceánica que atraviesa el delta (un terraplén de 60 km de largo, con 10 puentes y un gran puente que cruza el Paraná a la altura de Rosario) uniendo Atlántico y Pacífico; esta tensión de macroescala, grandes poderes económicos sucede al mismo tiempo y en el mismo lugar que la cotidianeidad de once escuelas en islas en el departamento Victoria, algunos cientos de habitantes, reunidos en pequeñas comunidades, cuidando ganado propio y ajeno, apicultores, pescadores, turistas y millones de habitantes del cordón sojero e industrial traccionando desde los bordes:  Lo glocal".