Con la presencia central de los estadounidenses MGMT, Death Cab for Cutie y la neozelandesa Lorde, ante unas 10 mil personas, la escena indie se apoderó este domingo por la noche de una nueva edición del Personal Fest en el Club Ciudad de Buenos Aires.
El festival se vio acotado por la suspensión definitiva de la primera fecha prevista para el sábado, con el británico Robbie Williams como figura central. Por ello los organizadores apostaron a un recorte de grilla y un leve cambio de horario para sortear cualquier eventual inclemencia del tiempo, lo que derivó en una propuesta musical ganada por las distintas vertientes del denominado indie rock.

El clima festivalero lo puso MGMT con una propuesta bailable en donde, con la música electrónica como gran vector, desplegó una buena mezcla de ritmos que incluyó elementos de rock progresivo, psicodelia, experimentación, dance y hasta algún coqueteo con la disco.

 

El dúo formado por el cantante y guitarrista Andrew VanWyngarden y el tecladista Ben Goldwasser, con un predominio de los sintetizadores en su música, en el marco de su tour “Little Dark Angel”, le puso color a la noche con el tema que le da el nombre a la gira, la disco “Electric feel” y el clásico “Kids”, enganchado con el clásico ochentoso “Neverending Story”, la canción de la recordada película “La historia sin fin”, entre otras composiciones.

La perla que cerró la noche: la neocelandesa Lorde.
La perla que cerró la noche: la neocelandesa Lorde.

MGMT contó además con la posibilidad de mostrar una interesante puesta en escena, con decorados, gráficas y luces, algo reservado sólo a los artistas que desfilaron por los dos escenarios montados en horarios nocturnos. Ese fue el caso de Lorde, la cantante que se presentó luego de los estadounidenses, en el cierre de la noche, con una propuesta más orientada a las baladas pop susurradas de tono confesional, con bases electrónicas. 

A 5 años de su última visita, cuando aún era una promesa adolescente, la cantante dejó satisfecho al fiel público que se acercó para verla con un despliegue que incluyó un cuerpo de bailarines, un impactante vestuario y una fluida comunicación.
Sober, Green Light, Team y Tennis Court fueron algunos de los temas que pasaron por el escenario en el marco del “Melodrama World Tour” que lleva adelante la neozelandesa.

Antes de estos sets, cuando todavía había luz natural, el quinteto estadounidense Death Cab for Cutie ofreció un suave indie-pop con predominio de sonidos “escuálidos” de guitarras que se sumaron al tono melancólico del cantante y guitarrista Ben Gibbard.
El quinteto de formación tradicional, con guitarras, bajo, teclados y batería, creó un momento intimista con la balada “I will follow you into the dark”, ganó en intensidad con “I will possess your heart”, en uno de los mejores momentos del show, y conectó definitivamente con el público con su hit “Black sun”.

Más temprano, el cuarteto femenino Warpaints desplegó un muy interesante set de canciones pop bailables, en las que demostró un desparpajo y un carisma que carga de aire fresco a la escena indie.

Similares resultados había logrado antes el neozelandés Connan Mockasin, aunque con un rock psicodélico experimental que por momentos se tornaba extremadamente pulido, al punto de coquetear con el AOR (Adult Orient Rock), esa etiqueta inventada en los '80 para denominar a la prolija música que podía escucharse en horarios nocturnos en varias FM de la época. 

El público colmó el predio del club Ciudad de Buenos Aires.
El público colmó el predio del club Ciudad de Buenos Aires.

La jornada había comenzado a las 15 con Ibiza Pareo; a las 15.30 había sido el turno de Valdes; Mercury Rev tuvo su momento a las 16; más tarde llegó Gus Dapperton; y antes de Mockasin se apoderó del escenario el local Juan Ingaramo. De esta manera se completó la recortada grilla de lo que debía ser la segunda jornada del Festival y que terminó siendo la única.