En Argentina, todo lo procedente de Turquía está en auge debido a la llegada de varias tiras que han tenido éxito en la pantalla local, al punto que se ha convertido en un destino turístico codiciado. Por esos motivos, pero más aún por la importancia política de lo que está en juego, conviene prestarle atención a lo que está sucediendo por estos días.

Hace pocos días ocurrieron dos hechos que impulsaron al Estado turco a involucrarse de lleno en la guerra contra el Estado Islámico (EI o ISIS por su sigla en inglés), algo a lo que las autoridades turcas se negaban desde hacía meses y que les provocó roces con los Estados Unidos y Europa.

El primero fue un atentado perpetrado en la ciudad turca de Suruc, situada a pocos kilómetros de Kobane, poblado kurdo en territorio sirio del cual los yihadistas del EI fueron expulsados en enero. El segundo, fue un ataque a un puesto fronterizo con Siria por parte de las milicias de ISIS.

Desde entonces, se sucedieron ataques aéreos y terrestres turcos en territorio sirio e iraquí ocupado por el EI. El gobierno del presidente Recep Tayyip Erdogan también decidió permitir que las Fuerzas Armadas de los Estados Unidos utilicen la base aérea de Incirlik para lanzar desde allí incursiones aéreas contra el grupo extremista. Ello supone una importante ventaja para la fuerza aérea estadounidense que tendrá desde ahora mucho menos recorrido para bombardear las posiciones de ISIS que enviando sus aviones desde Kuwait o el Golfo Pérsico.

Desde luego, todas aquellas fuerzas que se sumen a la lucha contra el terror y la devastación que el EI intenta imponer, son vistas en Occidente con buenos ojos. Pero detrás de la decisión de combatir a los yihadistas, el gobierno turco intenta disimular o minimizar la feroz persecución que desató en simultáneo contra los kurdos.

Para comprender la actual pugna entre turcos y kurdos hay que referirse a los orígenes del conflicto. El pueblo kurdo constituye una nación sin Estado propio. De origen indoeuropeo, los kurdos habitan principalmente la región que se extiende entre el este de Turquía y Siria, y el norte de Irak e Irán. Los veinticinco millones de kurdos se distribuyen aproximadamente en un 45 por ciento en Turquía, 25 por ciento en Irán, 25 por ciento en Irak y 5 por ciento en Siria.

El pueblo kurdo clama desde hace siglos por un espacio territorial donde asentar su propio Estado, algo que siempre les fue denegado. Al final de la Primera Guerra Mundial, en la cual apoyaron a los aliados contra el imperio Turco Otomano, los kurdos lograron por medio del Tratado de Sevres la independencia del Kurdistán. Sin embargo, el tratado nunca se ratificó y fue sustituido por otro que omitió por intereses políticos aquella promesa y el territorio que históricamente les pertenecía a los kurdos fue repartido entre Turquía, Irak, Irán y Siria.

En el pasado reciente, el pueblo kurdo cobró una importancia central en la lucha contra el régimen de Saddam Hussein, quién lo persiguió al punto de pretender exterminarlo mediante el uso de armas químicas. Durante la invasión estadounidense a Irak, los kurdos constituyeron una pieza clave como sus aliados. Tras la derrota de Hussein, conformaron -con la anuencia del gobierno de los Estados Unidos- una región autónoma dentro de Irak, la más estable de las tres en que se dividió administrativamente el país hasta que irrumpió el EI.

Miembros de la comunidad kurda se manifiestan en frente de la embaja turca en París. (EFE)
Miembros de la comunidad kurda se manifiestan en frente de la embaja turca en París. (EFE)

El conflicto actual entre los kurdos y el gobierno turco se relaciona a la aparición de un partido político clandestino que opera en Turquía, denominado Partido de los Trabajadores del Kurdistán (PKK).

La agrupación política fue fundada en 1973 con una tendencia independentista y marxista. Cuenta también con un brazo armado que se denomina Fuerzas de Defensa Populares. Desde 1984, el PKK inició una lucha armada contra el gobierno Turco en reclamo de la creación de un Estado Socialista Kurdo, motivo por el cual fue considerado como una organización “terrorista” tanto por Turquía como por los Estados Unidos y la Unión Europea (UE), cuando en realidad se trata más bien de una organización de tipo guerrillera.

En los últimos días, el gobierno turco tergiversó deliberadamente el combate contra el EI y la persecución contra el PKK kurdo, englobando ambas cosas bajo el rótulo de “combate al terrorismo”. Dicho de otro modo, con el enfrentamiento al EI, Turquía encontró la excusa perfecta para que la opinión pública global pueda digerir la represión contra los kurdos rebeldes.

El presidente turco, Recep Tayyip Erdogan. (EFE)
El presidente turco, Recep Tayyip Erdogan. (EFE)

Prueba de ello es que en una alocución a su grupo parlamentario, el presidente Erdogan recalcó que desde las elecciones del 7 de junio se produjeron 657 “ataques terroristas” en en país que acabaron con la vida de 52 personas, 11 de ellas, miembros de las fuerzas de seguridad. Pero no especificó que 32 de esas víctimas fueron producto del atentado suicida cometido el 20 de julio por el EI.

En los últimos días, se realizaron redadas en todo el país y se detuvieron a más de 1300 personas sospechadas de ser terroristas. Más del 80 por ciento de esas personas, no están vinculadas al EI, sino que se trata de militantes kurdos y de la izquierda.

Los aliados occidentales de Turquía en la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN), le exigieron al gobierno de Erdogan días atrás, una mayor contención en su avanzada contra los kurdos, dado que son en los hechos, los únicos que combaten cara a cara a las milicias del EI en Siria e Irak, y las potencias occidentales no quieren involucrar tropas propias, limitándose a bombardear estratégicamente las posiciones de los yihaddistas. Recuérdese que la OTAN es el bloque militar más poderoso del planeta. No obstante ello, el Estado turco no parece tener intención de reducir su campaña militar y policial contra el PKK. De hecho, el miércoles pasado realizó el mayor bombardeo a las posiciones de dicho grupo desde que se inició la ofensiva. La guerrilla kurda respondió igualmente intensificando sus ataques, que dejaron un militar muerto y media docena de heridos, y volando uno de los oleoductos más importantes del país, que transporta unos 300 mil barriles de crudo al día. En este sentido, debe convenirse que los militantes del PKK acaban “haciéndole el juego” al Estado turco, cuya intención es mantener a los kurdos lo más lejos y desarmados que sea posible. Esto se debe al temor de que una eventual independencia kurda y la consecuente creación de un nuevo Estado, suponga para Turquía una pérdida de territorio y la aparición de un nuevo Estado enemigo del cual protegerse. Porque además del problema kurdo, los turcos deben lidiar en simultáneo con otros enemigos, entre los que se encuentran el disminuido régimen -pero aún existente- del presidente sirio Bachar El Asad y el ya mencionado EI.

La pregunta emergente en medio de esta situación es ¿qué concesiones obtuvo Turquía de los Estados Unidos a cambio de involucrarse y permitirle a ese país el uso de su territorio en la ofensiva contra el EI? Desde uno y otro gobierno se guarda silencio. Sin embargo, puede especularse con que Turquía recibió el aval estadounidense para crear una zona de exclusión aérea y de seguridad terrestre en su frontera con Siria para evitar la expansión de los kurdos, vía libre para reprimirlos puertas adentro y mayor apoyo a los rebeldes sirios que combaten al régimen de El Asad.

Un tanque turco patrulla a lo largo de la frontera con Siria cerca de la localidad de Kilis, en el sureste de Turquía. (EFE)
Un tanque turco patrulla a lo largo de la frontera con Siria cerca de la localidad de Kilis, en el sureste de Turquía. (EFE)

Los Estados Unidos y Europa están jugando con fuego respecto de los kurdos. Porque para que combatieran al EI en tierra, tienen que haberles prometido algo, seguramente, apoyo para la creación de un Estado kurdo una vez que el EI haya sido vencido, si es que eso alguna vez sucede. Si eventualmente abandonaran a los kurdos a su suerte, como parecen estar haciéndolo ahora, acabarán por echarlos en los brazos del extremismo islámico como ya lo hicieron en el pasado con los talibanes, y con aquellos antiguos aliados que posteriormente se convirtieron en Al Qaeda, o en el propio EI.

Como puede observarse, el panorama turco es mucho más complejo y peligroso que lo que las idílicas historias televisivas dejan ver por estas latitudes.