Por dos horas, en un Teatro Príncipe de Asturias repleto, las escritoras Claudia Piñeiro y Gabriela Cabezón Cámara se animaron a pensar lo que es estar "Narrando en contexto", como se llamó esta edición del ciclo Santa Fe Debate Ideas. Con la guía de la periodista Virginia Giacosa, las literatas se preguntaron por los desafíos que plantea la crisis, el rol del intelectual en este marco y las tentaciones de un mercado que aparece en donde el Estado marca ausencias.  

Gabriela Cabezón Cámara analizó, a partir de su texto Las aventuras de la China Iron, cómo se narró en la literatura la consolidación del Estado Nación, pero también cómo se puede usar la ficción para construir otros modelos que no sean los triunfantes. En este sentido planteo: “Yo quería que la vida de la China fuera una vida luminosa, plena, que fuera todo lo contrario a la de Fierro. Martín Fierro es una novela construida por un hombre de la generación del ’80 que lo que está narrando es, al fin y al cabo, la consolidación de un modelo nacional. Un modelo agro extractivista y latifundista”, expresó.

“Martín Fierro al principio dice que él tenía hijos, hacienda y mujer (el orden de los factores es elocuentísimo) -subtituló ante un auditorio que estalló en risas y continuó- Pero es un pequeño arrendatario, no era un gaucho que andaba suelto matando vacas para comerle la lengua y dejar que el resto se pudra como dice la leyenda. Y no se soporta al pequeño arrendatario, se quiere latifundio. Entonces, se lo priva de todos sus bienes, se lo secuestra. Eso habla de cómo se constituyó el Estado nacional y lamentablemente no podemos decir que hayamos progresado mucho pese a todos los intentos que hubo en nuestra historia. Yo quería que la vida de ella fuera lo contrario a todo ese horror, que fuera felicísima, quería que ella pudiera pensar algún modelo de país más feliz y así surgió La China”.

Una mujer que puede pensar un modelo de país más feliz, es una excelente caracterización del libro Las aventuras de La China Iron, que se editó en 2017, anticipando quizás el movimiento que se iba a animar durante este año a repensar so sólo un modelo de país, sino todo una estructura de vida. En 2018 las mujeres fueron quienes le pusieron voz, desde su lugar de féminas, a las preguntas que una sociedad merece hacerse para ser un espacio más solidario e igualitario que habitar. Sin embargo, la escritora aseguró que no fue una búsqueda del todo intencionada.

“En el momento de escribir no necesariamente se está perfectamente consciente de lo que se está haciendo. El momento te atraviesa, porque la lengua es portadora de algo que es de todos y cuando esto sucede es que se está un poco poseída. Es un poquito, no digo yo que sea un estado de psicosis, pero bordea la psicosis. Después te encontrás con que el texto tiene algunas, o muchas, referencias actuales. ¿Y por qué? Porque está en el imaginario de todos, porque se lo está pensando, se está en ‘eso’ y ‘eso’ después aparece, aunque ni siquiera se haya propuesto”, describió Gabriela.

En esto coincidió Claudia Piñeiro, que fue convocada para exponer en las charlas informativas que se dieron en el la cámara de diputados nacionales con motivo del tratamiento de la ley de Interrupción Voluntaria del Embarazo. En esta línea contó que si bien no hay quizás una intención previa de intervenir en un debate, cuando le llego la invitación para aportar su mirada como escritora le pareció válido hacerlo desde la ficción. “Era mucho más fácil para mí remitirlo a un texto escrito literario en donde uno puede ponerse en el lugar del otro y puede pensar qué es lo que sucede ahí, por más que no se piense lo mismo, que hablar desde lo frío que puede ser una idea, un concepto”, confesó. A partir de este pensamiento surgió su intervención en la que defendió la legalización del aborto haciendo mención a la novela Príncipes de Maine, reyes de Nueva Inglaterra, de John Irving.

También estuvo la pregunta acerca de la utilización del mercado de este momento histórico. “Hay un auge de los libros que tienen que ver con el feminismo y ahí tiene que ver el mercado. Escapa a la necesidad de escritura. Y yo creo que como escritora una tiene que cuidarse de eso”, expuso Piñeiro que aseguró que fue tentada con hacer un libro con los discursos que brindó en el congreso y en la apaertura de la Feria del libro. “Eso se le puede ocurrir al dueño de la editorial, al librero, pero yo tengo que tener un límite sobre eso. Le resta al momento verdadero que fue estar ahí”, añadió.

Por su parte Cabezón Cámara dijo que en estos momentos “se hace presente la idea de no lucrar con la militancia, no querer hacer billete con eso. Porque en la medida que se acceda a eso te desactivan como militante. No creo que lo hagan al propósito, pero quedás desactivada”. Y sumó, generando lo que fue uno de los momentos más peronistas de la noche: “Yo siempre me acuerdo de esa frase de Evita, yo la quiero mucho a Evita, que dice que “en donde hay una necesidad hay un derecho”, que es una genialidad. Pienso que en la contemporaneidad de capitalismo tardío donde hay una necesidad, lo que hay es un mercado. Surge una demanda, surge una necesidad y surge un nicho de mercado y así está funcionando ahora. Por eso es necesario sustraerse”.

Sustraerse de las movidas comerciales, para poder seguir accionando en lo social y ¿desde qué lugar? Piñeiro reflexionó sobre el rol del escritor en lo social, reflexión que estuvo presente en su discurso de apertura de la Feria del Libro: “¿Qué es lo que sabemos hacer desde nuestro lugar? Sabemos desarmar un discurso, sabemos cuándo te manipulan con las palabras, sabemos lo que significan las palabras, cómo usarlas de determinada manera para engañar, sabemos cómo se crean personajes, cómo se crean distintos puntos de vista. Todo eso en un debate que se está dando una sociedad, tiene que ser algo útil para compartir”, expuso.

De este modo las escritoras se posicionaron como pensadoras de un social que no las excluye, al contrario: las implica, las atraviesa y también las afecta. “Es una cosa rarísma, porque la escritura cada vez tiene menos lugar en el mundo y el aura del escritor, curiosamente y casi como una burla, no se termina de caer. Incluso la idea de autor: trabajamos con algo que le pertenece a todos, que es el lenguaje, con ideas que nos atraviesan a todos. Estamos trabajando con una materia que nos antecede, que nos constituye a todos”, afirmó Cabezón Cámara.

"El escritor es un trabajador igual que vos, nada más y nada menos. Somos trabajadores, nada más y nada menos”, sentenciaron ambas y desde ese lugar hablaron también de la crisis que se vive a nivel nacional y de cómo afecta en particular al mercado editorial. “Se habían impreso 84 millones de ejemplares en 2015, el 2018 va a cerrar con 26 millones. Es el tercer año consecutivo que baja de a 30 por ciento la impresión. Es una bestialidad, lo que están haciendo es atroz. Y los escritores no estamos por fuera de esta atrocidad”, expusieron.

“Una de las cosas geniales que tuvo el discurso de Piñeiro en la feria del libro fue la de instalar al escritor como trabajador y luego hablar de las cuestiones de género de las escritoras. Fueron dos operaciones”, planteó Cabezón Cámara y abrió el lugar para pensar las cuestiones de género desde la literatura en particular en donde el lugar de subalternidad para la mujer se repite con los gajes propios del oficio. “Hay una escritora feminista que se llama Laura Freiza que dice que si nunca te preguntaron si hacés literatura femenina es o porque no escribís, o porque no te hicieron un reportaje o porque no sos mujer. Sino es imposible que no esté esa pregunta” contó divertida Piñero.

Para ilustrar esto sumó una experiencia propia que divirtió al público: “A mí una vez un señor me dijo ‘yo no leí La viuda de los jueves hasta que mi mujer me lo obsequió, porque con ese título que le pusiste cómo lo va leer un hombre’. Con ese prejuicio es muy difícil que algunos hombres puedan entrar en el mundo de las mujeres y se pierden un montón de la literatura universal extraordinaria”.

Cabezón Cámara coincidió con esto y aseguró que “Siempre hay algo con lo que se intenta poner a la mujer en el lugar de subalterno. De especificidad, de minoridad. Entonces aparece la categoría de literatura de mujeres. Porque el Universal son ellos desde su cabeza. Esto no lo hacen para hacernos daño, piensan así. Es impresionante, les funciona la cabeza así. Alguien que piensa el campo literario en términos edípicos, el colega, el par, es el varón y a las chicas nos pueden querer pero no como pares, como otra cosa”, sentenció.

“El Canon en la facultad de letras, se piensa en términos muchas veces de parricidio. Una especie de horda en la que hay un patriarca, con una serie de muchachos que primero lo venera y luego lo mata para tomar ese lugar de regente de la horda. Esto obviamente alude a Freud, al complejo de Edipo, a la constitución del psiquismo masculino. ¿Cómo que el campo literario está constituido como el psiquismo masculino? ¿Entonces nosotras qué somos? ¿Objetos de intercambio? ¿Dónde entramos en ese esquema? Y lo tenemos tan naturalizado que no lo vemos. Pero bueno, el feminismo tiene un poco eso, que de golpe lo viste y cagaste, no podés volver a atrás. Te tenés que parar sola a levantar los plantos y no podés, te dan ganas de tirar los platos a la mierda”, continuó divertida.

Luego, dando un poco de cátedra y despuntando también el oficio de tallerista literaria, actividad que le brinda el principal sustento económico, Cabezón Cámara explicó: “El universal es del que tiene el poder. Por eso todos queremos ser altos y rubios. ¿Por qué? Bueno estamos dominados por el hemisferio norte. El universal es alto rubio, es del varón. Y el que tiene el poder es por definición un conservador, porque si tenés el poder querés conservarlo. Es una definición. No podés tener poder y ser revolucionario y ser disruptivo. Entonces, me pregunto yo: ¿De dónde va a venir lo disruptivo, lo que cambia, lo novedoso? De las orillas, de los márgenes, de lo que no es el poder. Así que, les cuento, la nueva literatura y la mejor literatura la estamos haciendo nosotras”, desafió la escritora.

Y en esa misma línea se preguntó por la noción del Otro: “La cuestión del Otro. Es una cuestión que siempre me interesa, porque si la otra, el otro, somos las mujeres, los homosexuales, los pobres, los morochos. ¿A quién le estamos otorgando la condición de Uno, de Universal? Al varón, blanco, de clase media alta, heterosexual. Y a mí me hace enojar, porque yo también soy una. No soy otro. Otro sos vos careta”, disparó la autora ante un público que estalló en risas intuyendo que la mejor resistencia es la afirmación colectiva de lo singular.