Siete minutos: penal para Vélez. Clarísimo, nada que discutir. Agustín Bouzat cayó en el área por un empujón de Laso desde atrás. Miño para un lado, la pelota para el otro, 1 a 0 para los de Pellegrino, gol de Centurión. 

Jugada siguiente: Bottinelli recibe un pase atrás, un rival va a presionar, el defensor se demoró, retrocedió, y pum, al lateral. En estos dos párrafos que describen los minutos iniciales del encuentro, queda en evidencia, una vez más, el gran problema del equipo del Kily: la defensa.

Paréntesis.

Habitualmente en el fútbol se dice que “el delantero es el primer defensor”. Es decir: el jugador más adelantado de los 11, con su agresividad ofensiva más la colaboración que tenga cuando el rival tiene la pelota, ese atacante, también es defensor.

En Central se da lo contrario: los defensores son los primeros atacantes del rival. Y eso siempre se le hizo cuesta arriba al equipo del Kily en esta Copa Diego Maradona. Tiene muy buenas intenciones de juego. Elaboran jugadas vistosas, patean al arco, ponen huevos, pero los de atrás se turnan para equivocarse.

Volvemos al juego de anoche.

 

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El empate no fue una conquista lejana. Amor dejó un despeje corto que Vecchio cazó cerca de la medialuna. Fuerte derechazo, Hoyos no pudo contener, la bola dio en el travesaño y apareció Marinelli con su asombrosa velocidad para empujarla a la red.

25 minutos, 1 a 1. Partidazo en el Estadio San Juan del Bicentenario. Y Central se envalentonó. Tuvo dos ataques por la banda de Damián Martínez y uno por la de Lautaro Blanco. Vecchio y Rinaudo tomaron protagonismo y agudizaron cada ataque Canalla en los primeros 45.

 

 

Después del descanso el curso del juego se vio modificado. Vélez salió a presionar más arriba. En las duchas se dieron cuenta que los veteranos del medio de Central no podían tener tanta libertad. Entonces Vecchio empezó a recibir de espaldas y en su propio campo, y Rinaudo lo mismo.

Ferreyra tuvo en sus pies una gran oportunidad de gol para poner en ventaja a los suyos. Iban 8’ del complemento, y Marinelli lo dejó mano a mano frente a Hoyos. Entre varias opciones que podría haber ejecutado, el juvenil Canalla definió al cuerpo del arquero.

 

 

A los 12 minutos, Kily González saca a Ojeda y pone a Lo Celso. Afuera el ‘5’ tapón, adentro un volante ofensivo. El sustituido estuvo muy impreciso con la pelota y se necesitaba alguien que rompa esa presión alta que había propuesto el rival. Se entendió el cambio, pero el Canalla perdió equilibrio.

Tres minutos más tarde, Pellegrino sacó a su as de bastos, pero puso al de espadas. Salió Centurión y entró Thiago Almada, que terminó siendo la figura del encuentro. Ahí el dominio del juego comenzó a ser de los velezanos.

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Roja para Bottinelli y otro penal. El ex Unión, River y San Lorenzo salvó un gol en la línea y se tiró al suelo para tapar otro tiro que se aproximaba. La pelota le dio en el codo. Loustau le sacó la segunda amarilla y afuera. Miño para un lado, la pelota para el otro, gol de Almada a 10’ del final.

Pero se iba a picar más: Galdames atendió a Vecchio y roja directa. El cronómetro decía que faltaban 5’, más lo que adicione, 8’ o 9’. El Kily mandó a la cancha a Novaretti y Martínez Dupuy en lugar de Laso, y Ferreyra. Antes del 2-1 había salido Marinelli por Giaccone.

Piñón en la cara de Damián Martínez a Luca Orellano. Roja. Central con 9, nuevamente en inferioridad numérica. El final se acercaba, los Canayas iban con esperanzas, pero sin ideas, sin aire, ni gente. Hasta que llegó el nockaut de Monzón. Entró a 13 del final. Estaba fresquito. Lo liquidó de contra.

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Fin del certamen para Central. El balance es aprobado. Debutaron 10 chicos, hay una sólida conducción tanto dentro como fuera de la cancha con Emiliano Vecchio. Marinelli convirtió 5 en 6 partidos. Villagra y Blanco se afianzaron. Almada está mejor que Bottinelli, Laso y Novaretti.

Se vienen tres competencias: si Central aspira a ser protagonista, tendrá que contratar un arquero de categoría, un 9, y de una vez por todas mejorar el sistema defensivo, con lo que hay en el plantel, o pasando la escoba y trayendo gente nueva.