El pésimo arranque de año, el mal funcionamiento del equipo, los cuestionamientos internos y el cansancio personal de Edgardo Bauza hicieron un combo para que dejara la dirección técnico de Rosario Central.  

Ni el tan ansiado campeonato que logró al consagrarse en la Copa Argentina, ni el desafío de competir por la Recopa y la Copa Libertadores -ambas por ser campeón local-, lograron torcer el rumbo de un equipo y su dirección técnica que desde noviembre no gana. 

Bauza agarró el equipo a mediados de año e hizo ilusionar a los hinchas que ya lo habían disfrutado en el club como jugador, y también como entrenador que tuvo su pico en la temporada 00/01. Ahora llegaba con dos Copas Libertadores al hombro y un paso por la selección argentina.

Para colmo, jugador que pidió, jugador que le trajeron. Las ilusiones más intactas aún. Referentes de peso llegaron al club de su mano y lograron encauzar la tan errática gloria que se les escapaba desde hacía muchos años. Finalmente logró obtener la Copa Argentina en un rendimiento que no lució ni mucho menos -clasificó la mayoría de las instancias por penales- pero dejó afuera a su eterno rival Newell's Old Boys.

La Superliga le fue siempre esquiva más allá de que comenzó con cuatro partidos al hilo. Luego se empantanó en un pozo de mal fútbol, que jamás logró superar, pero claro, la ilusión de la Copa por entonces seguía intacta.  

La derrota de este viernes a manos de Lanús terminó de hundir el barco de Bauza, a quien ya se lo notaba cansado, poco convencido de seguir, al punto de sugerir su salida futura en un par de oportunidades. Lo declinante fue el ánimo de la dirigencia canaya que apuró su salida.

"A esta altura de mi vida, si me cuestionan en Rosario Central, saludo y me voy a Quito, dijo hace pocas semanas mostrando el descontento con los cuestionamientos. La distancia con su mujer y su hijo, algo mencionado en un par de oportunidades, también habría influido en su decisión.