Un día como hoy, pero de 1980, Carlos Reutemann subía a lo más alto del podio en Mónaco y el príncipe Rainiero y Grace Kelly le colgaban la corona de laureles y le daban el botellón de champán. Se cumplen 40 años del primer festejo del Lole con Williams en el famoso trazado callejero de aquel principado. Faltaba algo más de una década para todo lo que vino después, la carrera política, su gobierno de ajuste, la trágica inundación de Santa Fe de la que nunca se hizo responsable y su salto del peronismo al macrismo explícito como ermitaño senador.

Volvamos a su etapa mejor, como deportista. Aquel triunfo quebró una mala racha de 21 carreras sin victorias del santafesino, en su etapa frustrada con la escudería Lotus y sus peleas con el italiano Mario Andretti.

El Williams con motor Cosworth que aceleraba el Lole, como segundo del australiano Alan Jones.
El Williams con motor Cosworth que aceleraba el Lole, como segundo del australiano Alan Jones.

 

Aquel 18 de mayo de 1980 Reutemann largaba segundo, detrás de Didier Pironi, quien le ganó la pole position solo por 69 milésimas, según recuerdan los fanáticos de la F1 en el sitio Campeones.

La crónica narra que "la carrera comenzó con una atractiva disputa por la punta entre Pironi y Jones, mientras Reutemann se ubicaba tercero. El Williams FW 07 pasó al segundo lugar tras el abandono de Jones en la vuelta 24 por problemas de transmisión".

"Con Pironi a la vista, Reutemann fue a buscarlo, aunque sin descuidarse, ya que habían comenzado a caer las primeras gotas de una lluvia más molesta que intensa.

Bandera a cuadros en Mónaco para el santafesino.
Bandera a cuadros en Mónaco para el santafesino.

Su paciencia tuvo recompensa, ya que en el giro 55 vio al Ligier golpearse contra el guard rail, luego de que Pironi errara un cambio por problemas en la caja".

"Las últimas 21 vueltas el "Lole" las transitó con comodidad, ya que Laffitte estaba a casi 15 segundos. "La última vuelta la di sin poner quinta marcha", afirmó ese día el piloto de nuestro país.

En el palco real lo esperaba Rainiero y su familia.