Unas pocas cuadras más allá de Circunvalación, por avenida Godoy, se abre una calle que sirve de acceso a Cabín 9. Ningún cartel lo indica, pero ahí, al otro lado de la avenida Las Palmeras, termina Rosario y empieza Pérez, localidad que tuvo pasado de gloria industrial, pero que exhibe un presente muy distinto desde la década del ‘90, cuando cerraron los talleres ferroviarios. En este barrio, que fue creciendo alrededor de la casilla número 9 del ferrocarril a la que debe su nombre, cientos de familias pasan los días –y sus noches– sin agua potable, inclusive en tiempos de pandemia. No es la única desventaja respecto de sus vecinos de alrededores: desde hace tres meses tampoco cuentan con un médico de cabecera en su Centro de Jubilados. 

 

Desde el corrillo de vecinos que se juntó en derredor del móvil de Sí 98.9, María Eva tomó la palabra: “Los abuelos estamos sin atención, sin recetas, sin poder comprar pañales, sin los medicamentos oncológicos. Acá tenemos diabéticos o hipertensos, sin atención. El profesional ya está designado, pero PAMI no lo autoriza”.

A su lado, numerosos vecinos aguardaron en vano en el Centro de Jubilados por las autoridades municipales. “Ellos nos pusieron el día y la hora, para ver si solucionamos esto. Y ahora no vinieron y nos dicen que esto es un tema del PAMI”, reprochó María Eva bajo el sol que empezaba a picar en la piel. 

Mientras los jubilados contaban sus penurias al cronista, la escena de fondo era el desfile de otros vecinos que cruzaban la vía por la casilla número 9, para llegar hasta el tanque de agua. Allí, Aguas Santafesinas y la Municipalidad tienen organizado un reparto de agua, un ritual ya asimilado por el vecindario, a pesar de la precariedad que denota.

De 8 a 19 hs, quien llegue con bidones vacíos recibe una carga de agua potabilizada. Es la única forma, hasta ahora, de acceder a ese derecho.

Algunos caminan más de 20 cuadras para conseguirla. Hace poco, por reclamo de las familias en asamblea, se consiguió extender que el tanque también trabaje los domingos y que se levante una media sombra, para que no sea tan dura la espera en los días de calor. “La solución estructural es el acueducto, una obra que había iniciado la provincia, que debería llegar desde la planta que tiene Aguas al lado del Puente Rosario-Victoria. Pero la obra está parada hace varios años. Y la alternativa que también presentamos, que es más económica, es la de conectarnos a un caño en la zona oeste de Rosario, en el cruce de las calles Rivarola y Las Palmeras. Desde la municipalidad nos dicen que ellos en 2018 lo presentaron, pero no sabemos qué pasó. La realidad la ves acá, gente grande o mamás con chiquitos que tienen que hacer todo el recorrido para buscar un poco de agua”, expuso Alejandro Bertani, que colabora con la organización vecinal.  Al municipio, le están pidiendo que haga un censo para saber cuánta gente mayor o con discapacidades hay entre los 15 mil vecinos de acá, para establecer prioridades y poder llevarles agua directo a su casa. Pero no hubo respuestas.

 

 

Susana Cabrera llegó al Centro de Jubilados en nombre de su mamá, que no puede caminar. “Cuando hicimos una asamblea y salimos en los medios reclamando, hace un par de semanas que hacía un montón de calor, pusieron una media tipo pasillito, que sopla un viento y se vuela. Todo muy precario. Estamos pidiendo además, que no sé si corresponde al gobierno provincial, la empresa Aguas Santafesinas o el municipio, que hagan las instalaciones para tener de una vez por todas el agua potable. A nosotros nadie nos regala nada, pagamos nuestros impuestos. No merecemos ser tratados así, somos personas, no perros”.