El desparejo crecimiento de Rosario en las últimas décadas puede sentirse con fuerza transitando la calle España de una punta a la otra de la ciudad. De un lado, en su cruce con Wheelright y contra el río, están los coquetos bares y parques bien iluminados, en una zona que los domingos se convierte en Calle Recreativa. En pocas cuadras, se pueden ver fiambrerías y bodegas boutique, o tiendas de ropa de diseño cuando se cruza con la tradicional calle Córdoba. En la otra punta, bien al sur, la misma arteria pasa por debajo de la Circunvalación y muestra otra realidad. Estamos en el barrio Las Flores y al doblar por Caña de Ambar, nos encontramos con la escuela 756. Es la institución que fue noticia hace un par de semanas, cuando no pudo comenzar las clases presenciales porque la habían vandalizado otra vez, el decimotercer robo en un año. Tras el reclamo, las obras de reparación se hicieron y desde el 29 de marzo, tienen burbujas en sus aulas. Además, como lo hicieron durante todo 2020, se entregan con regularidad bolsones de alimentos a las familias del barrio.

La Sí98.9 había estado dos veces este año en la 756 en ocasión de los robos. Y este lunes el móvil volvió a la escuela, para charlar con docentes y alumnos en el regreso a clases. Kevin, de 6to grado, salió en vivo por la radio. “Estoy contento. Hoy es mi primer día de clases. Me reencontré con mis amigos”, dijo.

 

La burbuja de 6to grado
La burbuja de 6to grado

 

Cruzando el patio, se llega a los baños. Un herrero está terminando de poner rejas en las puertas del que corresponde a los varones. Y al lado suyo, un alumno de tercer grado se lava las manos, con barbijo puesto. Los lavatorios se habían colocado antes del inicio de clases y la grifería también. Pero como se la robaron, tuvieron que volver a instalar las canillas. 

 

 

En la recorrida por los salones, había una enorme satisfacción con poder volver a las clases presenciales. Aquí, la conectividad y la situación económica no permitió una buena dinámica educativa cuando se dependió de lo virtual. Por eso, también se extreman los cuidados para que no suban los contagios, de modo de darle continuidad a este ciclo lectivo que acaba de empezar. En la última semana, la directora de la escuela dio positivo de COVID, por lo que fue aislada, al igual que parte del personal directivo. Pero no hubo casos entre los alumnos. “Apenas un nene que le detectamos fiebre en la puerta el primer día y le dijimos a su mamá que lo lleve a la casa y que se quede allí, supervisado”, explicó la seño de 4to grado.

En los últimos días de marzo, ante la noticia de un nuevo robo en la escuela de Las Flores, la ministra de Educación, Adriana Cantero, se había comprometido a agilizar las obras para que rápidamente se pueda volver a las aulas. Los trabajos se concretaron con celeridad. Ahora, lo que se espera que desde el Ministerio de Seguridad se pueda garantizar vigilancia por la noche en la escuela. “Es como si nos hubieran tomado de punto. Hasta diciembre, teníamos custodia y ya nos habían dejado de robar. Pero cuando retiraron el personal de seguridad, nos volvieron a entrar. Se llevaron canillas, sanitarios, cables y hasta caños flexibles”, aseguró Mónica, portera de la 756.

La última visita a un salón es en 4to grado. Y es Alan, uno de sus alumnos, es de los primeros que habla. “Cuando entramos, nos toman la temperatura. Y en los recreos tenemos que estar siempre a una distancia. Fue lindo volver, lo único que extrañamos un poco a los amigos que están en otra burbuja y no pueden venir”. Al final, antes de que el móvil de la radio se vaya, piden sacarse una foto con la seño y el pulgar arriba. A los salones les falta una mano de pintura, pero este lunes, con la posibilidad de dar clases y lavarse las manos, es una fiesta. Es que con muchos menos recursos económicos o tecnológicos a los que acceden los pibes de esta misma edad en la otra punta de la ciudad, lo que se percibe en Las Flores es que acá hay muchas ganas de aprender.