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Cuando el último 25 de mayo, a las 9.53 hs, desde la cuenta de Twitter de Máximo Kirchner apareció “la patria es el orto”, quedó una vez más demostrada la particular afinidad entre las redes sociales y el lenguaje del inconsciente. Por supuesto la reacción en cadena fue inmediata, y, obviamente, más o menos a las 11 de esa misma mañana, ya circulaba la consigna correcta: “la patria es el otro”.

Formulado por primera vez desde Puerto Madryn por la ex presidente CFK en su discurso del 2 de abril de 2013, con motivo del 31 aniversario de la Guerra de Malvinas, el enunciado “la patria es el otro” hace sintonía con un prestigioso campo semántico de la filosofía política que se asocia a tópicos de justicia social como núcleo central del vínculo político.

Pero, habitualmente, la maquinaria mediática hace caso omiso de las genealogías virtuosas, y arma sus propios sintagmas, develando matices no siempre bienvenidos. Esa enunciación presidencial no sólo resultó contaminada por el tweet de la cuenta de Máximo Kirchner que confundía a la patria con el orto, sino también por la circulación -apenas un tiempo después- de las imágenes de los bolsos de dólares arrojados por el ex secretario de Obras Públicas José López en un supuesto convento.

La mediatización produce pliegues espacio-temporales que en otras dimensiones pueden parecer inauditos, tornando cercano y habitual cuestiones cuyas relaciones no necesariamente son evidentes.

De tal modo, mediante ese traqueteo mediático omnipresente y ubicuo, empezaron a circular también, en provocadora consonancia con el desafortunado tweet y los bolsos revoleados, otras imágenes de José López, entre las cuales cobra cierta relevancia una del 5 de octubre de 2015. En tal ocasión, y mediante comunicación directa por videoconferencia con CFK en un acto de inauguración de obras en Tecnópolis, López le dijo a la presidente que “…esta obra no se hizo por magia”.

Ante tal énfasis declaratorio, el regocijo discursivo y gestual de la figura presidencial en dicho acto no se hizo esperar, ya que, justamente, la sentencia “no fue magia” actúa a la manera de un colofón de necesaria voluntad política de la consigna programática “la patria es el otro”.

Tanto el “programa” como la “voluntad” quedan así como escrachados de manera insólita; como acorralados desde varios flancos, tanto desde los restos del inconsciente, como desde cierta estética de la corrupción, en una escena total, tragicómica, virósica, de contaminación mediática. Por si no fuera poco, a tal desprogramación de los ecos inclusivos de la consigna política “la patria es el otro”, se le adosó, simultáneamente, otra versión de la inclusión por parte de uno de los principales jugadores políticos de nuestro pasado reciente y nuestra actualidad, el grupo Clarín y TN.

Esta vez no ya desde el modelo de la partición del cuerpo político, sino desde una supuesta lógica de la concertación y el consenso, la inclusión se presenta, en este caso, con una candidez grotesca: “Todos nosotros”.

Lo que parece unir a los sintagmas “la patria es el otro”, “la patria es el orto” y “todos nosotros” es, aquí sí, una especie de acto de magia: se trata del hechizo de los solapamientos genéricos, estilísticos y espacio-temporales que construye la mediatización. En este contexto, a los otros -es decir, a nosotros, que estamos, aun en épocas de redes, del otro lado: espectadores, lectores, usuarios- se nos reserva una tarea simple, pero importante, y compleja: decidir, en cada caso, si se trata de magia blanca, o de magia negra.