__tadevel:head__

La caída del consumo, los tarifazos y la falta de políticas públicas que apoyen a la gestión de bares culturales provocaron que esos espacios de la ciudad posterguen su reclamo por obtener su lugar dentro de una ordenanza de nocturnidad y busquen diferentes mecanismos para sobrevivir. Después de cuatro años, la mayoría de los bares desaparecieron, y los que pudieron atravesar la crisis quedaron golpeados.

"Los espacios culturales fueron cerrando por la crisis generalizada que provocó el macrismo y la falta de políticas públicas a nivel local", consideró Julia, una de las encargadas de Distrito Siete, en diálogo con Rosarioplus.com.

En abril de 2014, diversos centros culturales rosarinos se unieron para impulsar la creación de la figura de Club Social y Cultural dentro del marco regulatorio de la nocturnidad. De esta forma, surgió el ECUR (Espacios Culturales Unidos de Rosario), para hacer escuchar su voz en el Concejo Municipal y reclamarle al municipio que cesen las clausuras y sanciones por la tergiversación de rubros.

"El espacio nació con la idea de poder crear una nueva normativa que contemple a los espacios culturales", recordó la titular del local ubicado en Ovidio Lagos 790, y agregó: "La ordenanza de nocturnidad tiene más de 20 años y penaliza el baile".

En septiembre de 2015, tres concejalas de diferentes partidos –Fernanda Gigiliani, María Eugenia Schmuck y Caren Tepp– presentaron un nuevo proyecto para reemplazar a la ordenanza Nº 7218 del año 1996 (que tuvo una reforma profunda de 2001). La iniciativa contemplaba la figura que reclamaba el ECUR, entre otros cambios.

"No estamos en contra de que nos controlen, sino que queremos construir juntos un marco regulatorio que nos permita ser promovidos y que no nos penalice", indicó la integrante de la cooperativa D7.

Cuatro años después, y más allá de que la propuesta fue debatida por diferentes actores, la normativa nunca tuvo la aprobación del recinto. "La ordenanza nunca pudo salir", lamentó la gestora cultural.

A diferencia de otros bares y boliches, los centros culturales tienen como fin "la promoción de la cultura a nivel local y la creación de una escena". "Nosotros intentamos generar comunidad entre los usuarios y las personas que trabajan de la cultura, que también merecen trato justo y un arreglo digno como cualquiera", comentó Julia.

Mientras en el edificio de Córdoba 501 se analizaba el proyecto por un nuevo marco regulatorio para la actividad nocturna, el gobierno nacional aplicaba un modelo económico que iba quebrando espacios culturales.

De los 12 bares culturales que en 2014 formaron el ECUR, solo unos pocos quedaron en pie. El Olimpo (Mendoza y Corrientes), La Chamuyera Tango Club (Corrientes 1380), Bienvenida Casandra (Sarmiento al 1400), El Espiral (Ituzaingó 1719), La Isla Bar (Entre Rios al 1300), entre otros locales bajaron su persiana en los últimos años. "Creo que quedamos en pie 1518, el D7 y Pichangú; el resto ahora son edificios", señaló Julia y agregó: "En ese espacio nos encontrábamos con personas que trabajaba desde distintos aspectos a la cultura, perder esos lugares fue perder parte de la escena local".

Sobre la crisis en el sector en los últimos años y los mecanismo para sobrevivir, la encargada dijo: "Resistimos poniendo la inteligencia colectiva en juego, trabajando el doble y sabiendo que teníamos que aguantar porque en algunos momentos no podíamos separarnos los sueldos". "Tampoco podíamos pedirle a alguien que no tenía un mango que pague más cara una cena. Siempre tuvimos que equilibrar esa balanza entre mantener precios populares y sostener el espacio", añadió.

"Lo positivo, si se quiere sacar algo bueno a estos 4 años, es que nos puso ante el desafío de trabajar en red con otros actores de la ciudad, como discográfica o editoriales independientes", destacó.

Esperanza tras la tormenta

"Con el cambio de gobierno a nivel nacional esperamos que se puedan reactivar muchas de las políticas culturales que en algún momento hubo en el país; también que pueda haber un Estado presente y que quiere escuchar", consideró Julia.

Además, la integrante del D7 apuntó a la aprobación de la ordenanza de nocturnidad: "Esperamos que el Concejo, con la nueva presidencia de María Eugenia Schmuck, que viene trabajando la normativa de nocturnidad; podamos tener una discusión seria".

"La ordenanza de club social y cultural, hoy en día, es muy difícil pensarla porque casi no quedaron esos espacios. Entonces el trabajo a futuro es un Estado promoviendo y acompañando para que de aquí a un par de años puedan volver estos espacios", concluyó.