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El fenómeno se conoce en todo el mundo como “porno venganza”. En el terreno académico y judicial se lo denomina “pornografía no consentida”. Se trata de la publicación en Internet de contenidos audiovisuales íntimos sin el consentimiento de alguno de los actores que aparecen en dicho material. En Rosario, ya se concretaron 12 denuncias por este motivo. Diez causas se tramitan en la Unidad de Delitos Sexuales de la Fiscalía Regional Segunda y las otras dos en Unidad de Investigación y Juicio.

Para conocer la problemática en detalle, Rosarioplus.com entrevistó a Walter Ghedin, un reconocido sexólogo y psiquiatra que convive en su consultorio con pacientes que han sufrido en carne propia esta traumática experiencia. “Aparece con mucha fuerza la necesidad que el agresor pague una pena por lo que hizo, eso explica el crecimiento de las denuncias”, analiza de acuerdo a los relatos de las víctimas.

Atendió por primera vez un caso con estas características a principios del 2013. De ahí en más, ha recibido a varios pacientes (todas mujeres) que sacaron un turno en busca de una contención médica. En algunos casos, el hecho ya se había consumado: fotos o videos íntimos circulando a toda velocidad por la web. En otros, la amenaza estaba latente: una relación rota en malos términos y una extorsión en puerta.

Ghedin explica que, por lo general, situaciones de este estilo se dan en “separaciones complicadas, violentas, con mucho celo de por medio”. “Se utiliza el recurso de la difusión de registros íntimos para provocar mucho dolor y un gran perjuicio emocional”, subraya.       

“Lo que antes quedaba en una agresión verbal o en la difamación dentro del círculo social, hoy ha sido reemplazado por la amplificación de este daño a través de la utilización de las redes sociales. Pero la violencia siempre existió”, agrega el facultativo.

La diferencia, aclara, es que en estos casos “la violencia” se hace pública, por lo que el daño es “mucho mayor”. “Estamos hablando de pacientes que padecen un total estado de indefensión”, relata.

“Aparece entonces la retracción social. La víctima se encierra. No quiere visitar a su familia ni a sus amigos. Tampoco querer ir a trabajar.  Esto es lo peor que se puede hacer. Hay que enfrentar el problema y buscar contención y ayuda”, agrega.

Ghedin detalla que los pacientes dan cuenta de un “material erótico que se hizo con la mejor intención, con el afán de jugar con lo erótico a través de alguna foto o de un video casero”, que luego resulta una peligrosa arma de doble filo.

“Los que hacemos sexología recomendamos no aventurarse con estos juegos eróticos. Y de concretarse, acordar que luego ese material se elimina, que sirve para eso momento y ya está. Vemos casos en relaciones efímeras, lo que es más peligroso porque no hay mucho conocimiento de otra persona”, reflexiona

La toma de conciencia de lo que significa “retratar” la vida sexual es de vital importancia a juicio de este doctor. “No tiene que ser ingenua la exposición a la tecnología. Hay que advertir esto”, asegura.

“Hay un acto espontáneo de usar una cámara o el mismo celular. Se hace con total ingenuidad. Y luego aparece el temor de una repercusión en contra. Hay un arrepentimiento por haberse expuesto a ese material, el autoreproche y la culpa por no haber evaluado los riesgos”, sentencia.