Ya había pasado antes, y este lunes de madrugada reapareció el ataque pirómano como un aparente mensaje provocador al orden institucional.

Sucedió frente a la comisaría 12ª de la Unidad Regional II, en pleno barrio Ludueña. Un par de automóviles secuestrados y estacionados frente al edificio policial de Solís y Casilda, ardieron en llamas y quedaron devastados por efecto del fuego.

Según la policía, el incendio fue intencional, pero el personal de la comisaría nunca advirtió quién, cómo ni cuándo ocurrió el atentado.

Hace pocos meses, el mismo ataque sucedió frente a la comisaría 32ª, de barrio Godoy; y luego se repitió en distintos puntos de la ciudad, en zona sur y en zona oeste, con incendios intencionales sobre vehículos estacionados en la calle. 

Por entonces, los investigadores atribuyeron esos atentados a órdenes impartidas desde prisión por presos de alto perfil en conflicto con las restricciones impuestas por el gobierno provincial a su régimen de detención.