La Justicia rosarina condenó a la empresa América Transporte Automotor y un chofer de la línea 35/9 por un siniestro vial, ocurrido en la noche del 10 de diciembre de 2006, en el que resultaron heridos dos  jóvenes que iban en una moto.

Los jueces fijaron para el conductor del rodado menor, por incapacidad física y daño no patrimonial, una reparación económica cercana a 1.100.000 pesos, entre capital e intereses. Mientras que para el acompañante se estableció un resarcimiento, por los mismos rubros más tratamiento psicológico, entre capital e intereses, de cerca de tres millones de pesos.

El siniestro ocurrió en la noche del 10 de diciembre de 2006, cuando el colectivo estaba circulando por Ayacucho hacia el norte y se disponía a girar hacia su izquierda para tomar calle Marco Polo se produjo la colisión con la motocicleta que circulaba por la misma arteria y sentido. El rodado menor chocó en la parte media del colectivo y fue arrastrada dejando huellas de derrape de 10 metros de largo. 

El conductor de la moto era menor, tenía 17 años, y en consecuencia carecía de licencia habilitante para la conducción del vehículo.

Los jueces del Tribunal Extracontractual Nº 1, Mariana Varela, Susana Igarzábal y Germán Barbieri señalaron que “de las declaraciones testimoniales producidas en la audiencia de vista de causa, surge que la motocicleta sobrepasó al ómnibus en oportunidad en que este giraba sin efectuar indicación del giro con la señalización correspondiente”.

Agregan que “el ómnibus conducido realizó una maniobra de giro hacia su izquierda sin señalizarla y en esa oportunidad el conductor de la motocicleta incurrió en una conducta imprudente de sobrepaso, lo que se encuentra prohibido por la legislación en las intersecciones”.

Además, destacan los magistrados que “el transportado no asume riesgo alguno por el solo hecho de ascender al vehículo del demandado. No puede inferirse de ello una renuncia a la integridad física del transportado, quien acepta ser transportado, pero no dañado ”.

En la resolución se afirma que “la integridad física tiene por sí misma un valor indemnizable y su lesión comprende, a más la actividad económica, diversos aspectos de la personalidad que hacen al ámbito doméstico, cultural o social con la continuación de la frustración del desarrollo pleno de la vida".