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Durante el oscurantismo de la dictadura, en el bar cultural de calle Mendoza 862, la adolescente Silvina Garré vio antes de sumarse a la Trova Rosarina a Juanca Baglietto cantando “Era en abril”. En el regreso de la Trova en Cosquín en enero pasado, recordaba: “Quedé maravillada, le pedí cantarla juntos una vez, y así siguió siendo”. Una de las canciones más bellas del acervo musical nacional, de Jorge Fandermole, en las voces de esta dupla emblemática.

El Café de la Flor era una de las sedes habituales de la Trova aquellos años. Luego cerró, para reabrir en 2005 con su esencia cultural intacta, bajo el mismo nombre. Allí volvieron a tocar grandes bandas nacionales y locales, se sumaron talleres y shows teatrales, y hasta en los últimos años se sumó a la propuesta un salón para bailar estilo pub en el fondo. Generaciones de rosarinos de entre 25 y 65 años vivieron en el bar de calle Mendoza cientos de historias de amor y de amistad.

El pasado viernes se pudo ver, detrás de un vallado con cartelería pública, el comienzo de la extinción definitiva, material, por una demolición en su lateral derecho y el patio, de aquel bar que dejó de existir tras la muerte de Adrián Rodríguez, el bajista de Raras Bestias cuando recibió una descarga eléctrica mientras tocaban en el escenario de uno de sus salones el 12 de octubre de 2015.

El propietario del bien inmueble de aquella casona estilo francés le alquilaba el predio al entonces propietario del Café de la Flor, Ariel Scharf, imputado por la muerte de Adrián, quien actualmente transita un pedido de probation en la Corte Suprema de Justicia de la Nación.

“Que la tiren abajo es una decisión económica del dueño de la casa, quien no está imputado ni vinculado en esta causa, ya que no era el responsable de las irregularidades del inmueble”, aclaró el abogado de la familia del músico, Marcelo Cozodoy consultado por Rosarioplus.com. Así transcurrió el propietario su pedido de demolición al Municipio y su aprobación, para hacer con el terreno lo que le resulte pertinente.

El cantante de la banda Raras Bestias Joel Pereyra confirmó: “La fiscal nos dijo que una vez terminada la investigación el propietario podía hacer lo que quería con el lugar, y ya es puro escombro. Hace unos días pasamos con todos los de la banda y nos llamó la atención que cerraron la casa con cartelería. Nadie sabe qué van a edificar ahí”.

Con la demolición legítima del propietario “se viene abajo la idea de hacer ahí un centro cultural”, que había sido ideado por los amigos y familiares de Adrián, difundido a principios de diciembre pasado, cuando realizaron un recital en plena calle Mendoza en reclamo de justicia, luego de haber sido absuelto el inspector municipal Pablo Akerman en la causa paralela.

Sobre esta otra causa, de incumplimiento de deberes como funcionario público, Cozodoy recordó que “la fiscal Piazza apeló la absolución, por lo que esperamos que se renueve la causa, así como también esperamos que el pedido de Scharf sea rechazado por la Corte y vuelva a la Provincia junto a la imputación al electricista”.

Mientras los tiempos de la Justicia son otros y la muerte del músico aún no tiene responsables condenados, el predio que supo ser cobijo de cientos de artistas se vuelve polvo y negocio para otros. “Para nosotros, que nos toca de cerca por nuestro amigo, es tapar un poco la tierra debajo de la alfombra”, lanzó Joel, quien entendió que no hay nada que pudieran hacer para dar marcha atrás sobre el destino de esa casa cultural.