Cristian D’Amico puso en marcha la camioneta en la puerta del predio “Malvinas”, la escuela de fútbol infantil que posee Newell’s en Zeballos y Vera Mujica. Allí recogió a su hijo para dirigirse a su casa en Funes. A los pocos metros de comenzar el viaje notó que un Renault Clio hacía maniobras extrañas, como si no se decidiera a sobrepasarlo.

El vicepresidente de Newell’s decidió aligerar la marcha pero la actitud del otro vehículo continuaba y era cada vez más sospechosa. Por eso comenzó a ir por el medio de la calle Zeballos para que no darle margen al vehículo en su presunto intento de sobrepasarlo y pisó aún más el acelerador.

Cruzó bulevar Avellaneda, luego Río de Janeiro y dobló por Valparaíso en dirección a Pellegrini para confirmar si el Clio aún lo seguía. Cerca de la esquina con Montevideo, apenas pasó la cortada Schenone, comenzó a escuchar disparos que impactaban en la camioneta. Cubrió al hijo y por inercia se agachó pero no tanto como para continuar la marcha a velocidad. Dobló hacia el oeste por Pellegrini y aceleró hasta dar con el patrullero apostado de manera permanente a unas seis cuadras de allí, entre la vía y Felipe Moré.

La camioneta Chevrolet S-10 se detuvo, los pasajeros bajaron shockeados y se sintieron recién ahí seguros. Más de 20 agujeros tenía la camioneta, dos de los cuales acertaron en la luneta trasera y pudo haber liquidado a D'Amico o a su hijo.  Los pistoleros habían desaparecido.