El dirigente peronista y referente de La Corriente de la Militancia, Agustín Rossi, se encuentra de “recorrida intensa” por toda la provincia “buscando transmitir lo que veo, pienso y quiero hacer”.

De amplia trayectoria como funcionario a nivel provincial y nacional, observa al peronismo en un proceso de transición desde la “resistencia” hacia la “proposición”: “Actuó adecuadamente cuando le tocó hacerlo”, destacó en un mano a mano con Santa Fe Plus.

Sobre la situación en Rosario, el Chivo consideró que se tomó el camino errado “al buscar una política efectista y no efectiva”. Por eso afirmó: “(Patricia) Bullrich está imponiendo una idea vieja y sin ningún tipo de sentido”.

Al presidente Javier Milei lo ve aplicando un modelo económico y político “de autoritarismo político, represión, criminalización de la protesta social y pauperización del conjunto de la sociedad argentina”, mientras que al gobernador Maximiliano Pullaro lo entiende haciendo malabares con lo que tiene a disposición.

El recorte de fondos y la situación de Rosario “no es responsabilidad del gobernador pero es a quien le toca hoy tomar las decisiones políticas para resolverlo”, afirmó no obstante.

También confió en un 24M especial: “Creo que va a ser una movilización enorme a lo largo y ancho de todo el país”.

—A horas de una fecha tan especial y en un contexto político como el actual me gustaría comenzar con una reflexión sobre este 24M: ¿qué relevancia tiene y con qué expectativas lo encara? 

—Primero que nada extiendo mi repudio con todo lo que sucedió con la compañera de Hijos y mi solidaridad para con ella. Creo que hace al 24 de marzo un poco más especial de una fecha que ya iba a serlo porque es la primera vez desde la recuperación de la democracia que tenemos un presidente y una vicepresidente negacionistas. Sucedió solo durante la dictadura militar.

Por eso creo que va a ser una movilización enorme a lo largo y ancho de todo el país, en donde las familias argentinas van a ratificar su compromiso con la democracia y con la vigencia de los derechos humanos. Imagino una movilización muy numerosa y muy importante, de mucha masividad.

Espero que nos permitan desarrollarla en paz.

—¿Qué lectura hace del papel opositor que hoy le toca al peronismo?

—Obviamente que cuando uno pasa del oficialismo a la oposición necesita de un reacomodamiento. Creo que el peronismo actuó bastante adecuadamente cuando le tocó hacerlo.

Destaco tres hechos con tres protagonistas distintos: uno el 24 enero, que fue el paro de la CGT con una movilización muy clara y contundente como hacía tiempo que no se veía. Fue una decisión valiente porque en ese momento no había claridad hacia el interior de nuestro espacio. Fue acertado y valiente.

Luego destaco a nuestro bloque de Diputados presidido por Germán Martínez, que claramente tuvo un rol decisivo en todo lo que significó el retiro de la ley ómnibus y también el papel de nuestro bloque en Senadores planteando el rechazo al DNU 70/23.

Por eso me parece que esta etapa de resistencia viene funcionando relativamente bien. Casi no tuvimos deserciones, solamente los tres diputados de Tucumán. Ahora se vendrá una nueva etapa, que será no solamente la resistencia sino de ofrecer a los argentinos una nueva Argentina post Milei

—¿Le interesa ocupar algún lugar en concreto?

—Yo soy un dirigente político con un recorrido nacional importante. Vengo de ser candidato a vicepresidente, lo que representa un motivo de orgullo hacia todos los compañeros que me permitieron la posibilidad. También ocupé diferentes funciones como diputado nacional, presidente del bloque, ministro de defensa, titular de la AFI, jefe gabinete… tengo una amplitud de mirada importante.

Además lidero una corriente,  la Corriente Nacional de la Militancia, con representación en la mayoría de las provincias argentinas. Pero sin duda mi lugar de pertenencia y mi lugar de militancia es la provincia de Santa Fe, donde vivo. Así que estoy fortaleciendo con recorridas militantes en los distintos ámbitos. Buscol transmitir lo que pienso, lo que creo y lo que quiero hacer.

No desconozco mi responsabilidad a nivel referencial y después se verá qué se va generando. Hoy me veo haciendo lo que estoy haciendo: de recorrida por toda la provincia y teniendo reuniones con trabajadores y dirigentes políticos. Marcando ideas.

—En sus recorridas, ¿qué nivel de participación observa respecto de las y los jóvenes? ¿Cree en la idea de que hoy están “corridos a la derecha”?  

—Me parece que no hay que comerse esos estereotipos. En Santa Fe me encontré con un grupo de jóvenes muy interesante y comprometidos. Con mucha capacidad y vocación militante. Podrá haber jóvenes que están siguiendo la ultraderecha, sucede en todo el mundo, pero me parece que también hay muchísimos otros que piensan que el país debe edificarse en base a la justicia social, a la distribución del ingreso y a la movilidad social ascendente.

Son los valores que reivindicamos en el proceso electoral y hay muchos jóvenes que están dispuestos a defenderlos.

—Sobre Rosario: ¿qué lectura hace de las últimas medidas tomadas y el desembarco de las Fuerzas Armadas?

—Me gustaría marcar tres aspectos. No es un problema que venga de ahora, sino que data de aproximadamente 12 años. El narcotráfico mostró su cara más cruel en estas últimas semanas, con el asesinato del homicidio de víctimas inocentes.

Me parece correcto la articulación entre fuerzas federales y provinciales, y la saturación de barrios. También que se articule con el MPA y la Justicia provincial y federal. Que se restrinja la comunicación desde las cárceles de los principales líderes narcos hacia afuera.

Pero entiendo que la política de seguridad tiene que ser efectiva y no efectista. Todos entendemos que la foto al estilo Bukele fue un error, también que el presidente se halla vanagloriado de haber bajado los homicidios de febrero en Rosario.

Sobre la participación de las Fuerzas Armadas en materia de seguridad interior, hay evidencia empírica de que no se resolvió el problema en ningún país donde participaron en cuestiones de seguridad interior y en el combate contra el delito narco. Por el contrario, se espiralizó la violencia y aparecieron más víctimas inocentes.

En segundo lugar me gustaría hablar de la formación. La del policía o del agente federal es distinta a la del hombre y a la mujer del Ejército. El soldado tiene una formación para el uso letal de armas, por lo tanto no está preparado para el combate urbano ni para el patrullaje. Porque ante cualquier amenaza, mata.

En tercer lugar, es importante remarcar que la Argentina tiene una multiplicidad de fuerzas de seguridad. Cuenta con todas las policías provinciales y las cuatro fuerzas federales: Gendarmería, Prefectura, Aeroportuaria y Policía Federal Argentina. Dos de esas fuerzas (Gendarmería y Prefectura) son “intermedias”, es decir, que están entre las fuerzas armadas y las fuerzas de seguridad. Es decir que ya en algún momento alguien pensó en la importancia de diferenciar entre fuerzas armadas y fuerzas de seguridad, al punto de darle rango intermedio a estos dos cuerpos que nacieron de las fuerzas armadas.

Todo esto apunta a señalar que la situación de Rosario no sobrepasó a las fuerzas de seguridad provinciales y federales. De hecho no hay combate. No hay enfrentamiento. No hay un campo de batalla. Entonces nadie debe estar pensando —salvo que me equivoque— que van a llevar tanques a Rosario. Y nadie está pensando en sobrevolarlos con varios aviones subsónicos y tirar bombas.

Entonces, ¿para qué quieren a los militares en Rosario? Los quieren para hacer lo mismo que con las fuerzas de seguridad: patrullaje y actuar en flagrancia. Mi conclusión es que si se necesita de más gente para hacer patrullaje, lo ideal es aumentar la cantidad de personal en Gendarmería y Prefectura.

En definitiva entiendo que todo esto  es una imposición de una vieja idea que tiene la ministra de Seguridad (Patricia Bullrich) sin ningún tipo de sentido. De los 450 hombres del ejército enviados, solo 40 serán oficiales y suboficiales. El resto son soldados voluntarios que cobran el salario mínimo, vital y móvil. No hay ningún tipo de sentido.

Tampoco creo que haya narcoterrorismo en Rosario… ¿cuáles son las organizaciones terroristas? 

—¿Qué lectura hace de los primeros cien días del presidente Javier Milei?

—Mi análisis de los cien días de Milei se asienta en medidas como la devaluación del 118% para licuar salarios, jubilaciones y pensiones; luego llevó adelante una reducción del gasto de casi el 50%, no pagando absolutamente nada y generando una profunda recesión económica que trajo una caída importante de la recaudación.

Además impulsó dos instrumentos destinados a obtener la suma del poder público. Hablo del DNU 70/23 y la ley ómnibus, que por suerte empezaron a rechazarse. Estaban destinados a tener un presidente que pudiese hacer y deshacer lo que quisiese.

La tercera pata del gobierno de Milei es la represión. Bullrich se encarga de criminalizar la protesta social. Cuando habla de “frenar a los piqueteros” no está pensando en las organizaciones sociales, sino que entiende que en los próximos meses va a haber una creciente competitividad social y quienes van a salir a las calles son los ciudadanos comunes, digamos. Por eso está amedrentando.

El modelo económico y político es autoritarismo político, represión, criminalización de la protesta social y pauperización del conjunto de la sociedad argentina. Este modelo económico no cierra de otra manera que con altos índices de desocupación, que son los que te garantizan los bajos salarios.

—¿Y del gobernador Maximiliano Pullaro?

—Hay que analizarlo en dos partes. Hablamos lo de Rosario: creo que no fue conveniente tener una política de seguridad tan efectista, tiene que ser más efectiva. No es responsabilidad del gobernador pero es a quien le toca hoy tomar las decisiones políticas para mejorar las condiciones de seguridad.

En el resto de la provincia está bajo una situación económica que no fue generada por él. Tuvo una baja de la recaudación porque le disminuyeron los impuestos y parte de la copartición automática. No tiene transferencias específicas y le disminuyen los ingresos propios producto de la baja recaudación.

Entonces aparecen los conflictos: le quitan el Fonid y él tiene que resolver la situación de los trabajadores docentes de la provincia.

No veo obra pública y sí noto un conflicto con el sector público.