El Congreso unicameral de Perú debatía el lunes a la noche una nueva moción para destituir al presidente de la república, Pedro Castillo, de éxito poco probable según analistas, en un contexto de tensión por incidentes dentro del hemiciclo y por la presencia de cientos de manifestantes oficialistas y opositores solo separados por un cordón policial en las inmediaciones del parlamento.

El debate adquirió características sin precedentes por varios motivos, que comenzaron con la presencia de Castillo, que habló durante un cuarto de hora y luego pidió permiso para retirarse a cumplir compromisos de su agenda, lo que le fue autorizado por la presidenta del Congreso, María del Carmen Alva, como “excepción”.

“La moción de vacancia es por incapacidad moral permanente pero no contiene un solo elemento que la sustente válidamente, se trata de una recopilación de versiones de un sector de la prensa”, sostuvo Castillo.

El mandatario se presentó luciendo la banda presidencial y acompañado por media docena de ministros, dos hechos que fueron resaltados como sin precedentes en debates similares, según la televisora local RPP.

Otra novedad la constituyó la presencia de tres funcionarios de la Organización de Estados Americanos (OEA) para observar el debate, permitida por las autoridades del Congreso a pedido de la cancillería, según un documento al que tuvo acceso Télam.

Una vez que Castillo se retiró comenzó a exponer su abogado, José Félix Palomino, pero a los pocos minutos la sesión fue interrumpida porque la congresista Vivian Olivos, del partido fujimorista Fuerza Popular, colocó sobre el pupitre de su banca una pancarta que decía “Vacancia ya” y se negó a retirarla.

Alva llamó a una reunión de jefes de bloques que se extendió por 40 minutos, al cabo de los cuales se reanudó la sesión, en la que Palomino respondió a cada uno de los “siete supuestos relatados en la moción de vacancia”.

En el ínterin, la vicepresidenta tercera del parlamento, Patricia Chirinos, del partido de derecha Avanza País y una de los principales impulsores de la destitución del presidente, afirmó a la prensa que se aprestaba a entregar a los miembros de la OEA “el folder (carpeta) de la corrupción de Pedro Castillo”.

Sin embargo, más tarde informó por Twitter que le dejó la carpeta a un asesor porque los funcionarios del organismo panamericano “se negaron a recibirlo y prefirieron quedarse encerrados” en la sala del parlamento que se les asignó para seguir la sesión.

Chirinos agregó que cuando Castillo llegó al Congreso y saludó a sus autoridades, le recomendó que “por el bien del país renuncie y se someta a la justicia, para que pueda continuar la democracia en Perú”.

Mientras tanto, la televisión mostraba imágenes de la avenida Abancay, al costado del Congreso, cuya calzada era compartida por centenares de simpatizantes oficialistas y opositores apenas separados por un cordón policial, y los cronistas no descartaban que se produjeran disturbios.

La tensión no disminuyó tras la exposición de Palomino, cuando debía comenzar el debate de los legisladores.

Se produjeron entonces dos votaciones, la primera de las cuales habilitó que los ministros de Castillos pudieran participar del debate -por reglamento se les concedieron dos minutos a cada uno- y la segunda, para descontar del tiempo asignado a la bancada del partido oficialista Perú Libre el que utilizaran los funcionarios del Ejecutivo.

Tras la votación, la última medida fue cuestionada por algunos congresistas y la sesión volvió a pasar a cuarto intermedio.

Finalmente, poco después de las 18 (las 20 en la Argentina) comenzó el debate de los congresistas, que continuaba más de tres horas y media más tarde.

Luego de los pronunciamientos de los nueves jefes de bancadas (10 minutos cada uno) se habilitó un debate libre que se esperaba que demandara varias horas.

El legislador Hernando Guerra, de Fuerza Popular, provocó otro breve incidente cuando afirmó que “puede que no hayan los votos (para destituir a Castillo) porque hay congresistas que ya decidieron su voto a cambio de obras y esa es la estrategia”, y fue conminado a retirar esa expresión.

“Estamos discutiendo una vacancia que tiene como fondo una interpretación subjetiva de lo que significa incapacidad moral permanente”, lamentó Ruth Luque, de Juntos por el Perú, de izquierda.

“No podemos utilizar el juicio político para generar estabilidad; Perú necesita unidad”, exhortó Carlos Zeballos, de Perú Democrático, de centroizquierda.

José Williams, de Avanza País, sostuvo: “Quizás no alcancemos los votos, pero (el debate) sí sirve para que la población escuche y sepa cómo es el presidente de la república”.

“No podemos deformar la figura de la vacancia; si el presidente se tiene que ir, se irá, pero a través de los conductos regulares, como es un juicio político”, dijo Elvis Vergara, de Acción Popular.

Asimismo, Paredes convocó a “todos los partidos” a ponerse “de acuerdo en una reforma política” que “saque de este círculo vicioso” al país porque “nada garantiza que si hay nuevas elecciones” continúe el ciclo de “elecciones, vacancia, renuncia, nuevas elecciones”.

Más temprano, Castillo se había mostrado confiado en que fracase este segundo intento de destitución en su contra y que eso “cierre” una etapa, para que el Ejecutivo y el legislativo puedan “seguir trabajando juntos”.

Todo indicaba que no se alcanzarían los votos necesarios (87 sobre 130 bancas totales) para que el mandatario pueda ser sacado de la jefatura del Estado.

La oposición suma 80 legisladores pero no parecía que todos fueran a apoyar la salida de Castillo, que, además, tiene todavía el respaldo de unas 50 bancas entre el gobernante Perú Libre y aliados.

Si Castillo fuera destituido será reemplazado por su vicepresidenta, Dina Boluarte, aunyque si ella desistiera le corresponderá a la opositora Alva asumir el cargo.

La de hoy es la segunda moción de vacancia contra Castillo, que asumió la presidencia en julio de 2021 tras ganar un ajustado balotaje a Keiko Fujimori, porque en diciembre último el Congreso ya desestimó una medida similar, aunque entonces fue rechazada antes de llegar a ser debatida por el pleno.

El mandatario ya debió cambiar tres veces a su gabinete, muy cuestionado por el legislativo.

La posibilidad de destituir al presidente de la república por la causa constitucional de incapacidad moral permanente registra varios antecedentes cercanos.

El presidente Pedro Pablo Kuczynski sorteó con éxito una moción en diciembre de 2017 y en marzo de 2018 renunció para evitar ser destituido en otra similar.

Su sucesor, Martín Vizcarra, afrontó dos mociones de vacancia en septiembre y noviembre de 2020. Superó la primera y fue destituido en la segunda.