La noticia de la semana fue la llegada del Fondo Monetario Internacional (FMI) al país donde la subdirectora del organismo, Gita Gopinath se reunió con el presidente Javier Milei y el ministro de Economía, Luis Caputo. Pese a que aplaudió el ajuste y habría dado la palabra para un nuevo acuerdo - aún no se sabe si tendrá más deuda o solo modificará el programa actual-, el organismo puso una luz amarilla a los libertarios y hasta un poquito se asustó.

La pregunta que formuló en un par de ocasiones con distintos funcionarios se centró en el “cuero” de los argentinos: cuánto aguante ciudadano hay frente al plan ortodoxo de Milei y cuántas posibildidades de un posible estallido social. Sabe que juegan con fuego. 

Se refiere a lo que todos los analistas políticos abordaban durante la campaña del ballotage. Había una certeza y era que debía haber un plan de estabilización porque la crisis se profundizaba con variables económicas resbalosas. La duda era sobre la tolerancia social a la posible motosierra de Milei. La misma se prendió para cortar recursos y también se encendió la licuadora de salarios y armó un combo peligroso que hasta el FMI mirá con cuidado.

La respuesta, muy convencida del presidente que repite en cuanta entrevista televisiva concede a periodismo amigo, es que el respaldo social se representa en el 56% que sacó en el ballotage. Un colchón que rápidamente puede convertirse evaporarse según mostró la dinámica social argentina. Vale aclarar que en las generales obtuvo un 30%. También es preciso señalar que apenas perdió un punto de imagen positiva y subió uno de negativa. 

Así dice Milei que le quedaron los ojos a la dos del Fondo cuando le reveló un proyecto de ley que pretende

Por lo tanto hay un Milei empoderado, que volvió a aferrarse a las bases que le permitieron ganar las elecciones, con enemigos más identificables y que “indignan” a los ciudadanos. El caramelito del cierre del Inadi es eso: un aperitivo en medio de la inquietud de los comensales porque no llega el plato principal. Además conectó no sólo con su base sino con un espectro más amplio no identificado con sus políticas y que ni siquiera lo votó.

Volviendo a las dudas del Fondo sobre si nos vamos al fondo, la funcionaria del organismo internacional emitió un comunicado después de las reuniones donde pasó en limpio las alertas. Allí señaló que “dados los costes de estabilización a corto plazo, es esencial realizar esfuerzos sostenidos para apoyar a los segmentos vulnerables de la población y preservar el valor real de la asistencia social y las pensiones”. De la misma manera ponderó la necesidad de "garantizar que la carga del ajuste no recaiga desproporcionadamente en las familias trabajadoras".

Para completar la secuencia, el presidente tuvo un sincericidio en la entrevista que le hizo Jonatan Viale en TN. Dijo que cuando le contó a la dos del organismo de crédito que enviaría un proyecto para sancionar penalmente al funcionario, llámese presidente o titular del Banco Central, que emita dinero para el Tesoro, reveló que “se le pusieron los ojos como el dos de oro”. 

“Les sorprendió mi nivel de ortodoxia. En algunos aspectos soy más ortodoxo que ellos”, contó entre risas. Sin embargo, en esa expresión de asombro del rostro de la norteamericana hay un alerta y poca risa: este tipo es más papista que el papa y se puede ir de mambo.