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El lugar supo vestirse de fiesta. Gritos. Música. Cotillón. Y mucho baile. La estética del PRO, muy aparentada con los rituales de las discotecas, se convirtió en una marca registrada de la nueva derecha argentina ante cada recuento de votos. Los globos amarillos no faltaron nunca desde el 2015 a esta parte en la esquina céntrica de Maipú y San Lorenzo, el local de Cambiemos en Rosario. 

Pero este domingo todo cambió. Las urnas cerraron y los encargados de decorar el salón inflaron solo dos globos amarillos. Las esferas de aire quedaron perdidas entre tanto azulejo blanco. Se desinflaron con el correr de las horas. Quedaron como dos pelotas de tenis en el piso sin que nadie las levantase. Ni los niños de los pocos militantes que llegaron sobre el filo de la media noche para "bancar" el tropiezo electoral las utilizaron para jugar.

La metáfora de los dos globos desinflados resumió la noche negra que se vivió en el búnker de Roy López Molina, una de las principales caras de la dura derrota que sufrió el oficialismo nacional. El representante que el PRO construyó y apuntaló en este último tiempo perdió más de 130 mil votos en dos años. Pasó de los 193 mil en 2017 (primer candidato a concejal) a arañar los 60 mil. 

El joven dirigente recién apareció a las 23.45 cuando la tendencia en su contra era irreversible. Habló de un "piso importante" de cara a las generales. Y repitió las consignas de su campaña: la necesidad de vivir mejor en una ciudad con menos delitos y con menos narcotráfico. Unos treinta militantes lo aplaudieron con poco fervor. 

Los operadores de Cambiemos minimizaron el revés electoral. El concejal Charly Cardozo dijo estar convencido de que "sumarán muchos más votos" en las generales. "Nos pasó en 2015 y en 2017", repitió ante cada micrófono que se le cruzó. 

El diputado provincial y presidente de Cambiemos en Santa Fe, Federico Angelini, mostró su fastidio por una campaña en la que se habló poco "de los problemas locales". "El contexto nacional está claro que perjudicó, pero estamos convencidos de que tenemos el mejor equipo para que Rosario y Santa Fe vivan mejor, y de eso se discutió poco y nada", analizó. 

Nadie, sin embargo, hizo una autocrítica por el daño económico del modelo instaurado en diciembre de 2015. Las palabras pobreza, inflación, devaulación, desempleo, dólar y recesión, por nombrar algunas de las tantas que preocupan hoy a las clases medias y populares, no se pronunciaron a lo largo de toda la noche.

El silencio en Maipú y San Lorenzo solo se quebró con los gritos de algunos automovilistas. Un taxista aminoró su marcha y gritó "viva Perón carajo" cuando pasó por la puerta del local. "Garcas" se escuchó más tarde desde otro auto. 

La noche de Cambiemos en Rosario se cerró sin música y sin baile. Y con los dos globos amarillos muy desinflados.