El gobierno de Javier Milei tiene malos números en la economía por donde se lo mire. Más de 26 mil despidos en el Estado en cinco meses, 150 mil pérdidas de puestos laborales sólo en la construcción, un 64% de desplome en la venta de electrodomésticos y 22% es la caída de la actividad industrial, también 20% en las compras en los grandes supermercados; para citar los principales. Además, por supuesto, de una inflación acumulada del 107% desde que comenzó a gobernar. También el salario que sigue corriendo de atrás a la suba de precios y
tarifas.

La oposición se pregunta si la población no ve o siente estos estos números. Claro que sí, es la que los aporta a las estadísticas.

Entonces, ¿de qué se sostiene el gobierno libertario?. Un informe de la consultora Dynamis, muestra algunas pistas: cuando preguntaron por la evaluación de la situación económica actual de la Argentina, el 79% la calificó de mala y solo el 18% de buena. Sin embargo, cuando el interrogante fue sobre la perspectiva para dentro de un año, el 48% dijo que sería buena y el 38% mala. El gobierno se sostiene sobre las expectativas que no se evaporan al ritmo que los opositores al modelo calculan.

Otro estudio de la consultora Escenarios, citado por el diario La Nación, tiene números parecidos. Un 55% dice que es malo el contexto económico presente, contra solo un 13% que lo juzgó positivo; pero al mismo tiempo un 49% cree que dentro de un año la situación será mejor y el 30% que será peor.

En el plano más cualitativo, la consultora Poliarquía difundió un trabajo según el cual mientras en julio del año pasado las palabras más mencionadas en los focus group eran “cansancio”, “desánimo” y “decepción”, ahora el término que domina es “esperanza”. Pero desde la misma consultora de opinión pública hacen una advertencia: “Hay un cambio anímico. Milei está sostenido en la opinión pública, en la gente; y la gente está sostenida en la esperanza de que las cosas van a mejorar. Pero, ¿en qué se sostiene la esperanza? La esperanza en algún momento tiene que mutar en algo más”, indicaron los especialistas.

Esto es lo que comenzó a advertir la administración nacional, que se da cuenta de que queda poco tiempo para el popular latiguillo “no hay plata”. 

Debe haber política y para la política y la gestión hace falta plata. De algún lado tendrá que salir. Los grifos ya se empezaron a abrir lentamente para algunas provincias en un intento no tan seguro por conseguir adhesiones a la Ley Bases en el Senado de la Nación.

El gobierno volvió a tropezar con su propia impericia política al creer que una vez allanado el camino en Diputados, el tránsito por la Cámara alta sería sobre ruedas. Los senadores se consideran así mismos -y en realidad lo son- mucho más que los diputados y se lo hicieron saber a los negociadores del Ejecutivo que tuvieron que barajar y dar de nuevo y hablar con todos cara a cara, no importa cuál haya sido el resultado en la Cámara de origen.

Allí comprendieron que no más de 25 senadores de los 72 responden directamente a sus gobernadores. Y también descubrieron la importancia de la identidad partidaria y a qué línea tributa cada legislador. Esta semana fue muy claro el caso del radicalismo, con Martín Lousteau como figura visible, pero también el del Pro, donde Guadalupe Tagliaferri expresó sus claras disidencias.

Los gobernadores de la Región Centro dicen que juegan en tándem para subirse el precio, pero tampoco es tan así. Hay que preguntarle a Maximiliano Pullaro qué le parece el silencio de su par cordobés Martín Llaryora, que es el más preocupado de todos por esquivar las críticas a Milei que eligió a su provincia para firmar el promocionado Pacto de Mayo. Llaryora sabe que el presidente tiene un 61,9% de imagen positiva en Córdoba donde había conseguido el 74,05% de los votos en la segunda vuelta. El propio gobernador cordobés cuenta con un 57,7% de imagen positiva, apenas inferior al registro de abril, cuando tenía un 58,6%; según datos de la consultora CB.

Rogelio Frigerio de Entre Ríos también advirtió la excesiva moderación del cordobés en los últimos días y decidió empezar a pedir cosas para su provincia en soledad. No es tan fácil mantener unida a las tres provincias que se auto perciben como la más poderosa región del país.

No hay nada que el centralismo porteño no pueda decidir en contra de
cualquier rincón del interior.

Pero desde la marcha en defensa de la universidad pública y el segundo paro general de la CGT y la CTA, los aires triunfales del oficialismo mutaron hacia leves rictus de preocupación. En ese nuevo escenario hay que ubicar a la tercera aparición pública de la ex presidenta Cristina Kirchner en menos de quince días. El acto de Quilmes, la inauguración del Salón de las Mujeres en la Casa Patria y la conmemoración junto a los curas villeros por los 50 años del asesinato del padre Carlos Mujica.

Cristina es la única dirigente que puede organizar al peronismo por más que sean unos cuantos los que la quieren jubilar anticipadamente. Por eso se allana y dice "si transformamos esta angustia en docencia y la organizamos las cosas van a cambiar". Y asegura que "lo peor que podemos hacer es agachar la cabeza ante lo que está pasando. Ahí sí estaremos vencidos". 

Con el peronismo sumido en una crisis de liderazgos, la ex vicepresidenta se posiciona en el centro de la escena, y sabe que sus críticas a Milei se van a reproducir en todos lados.