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Finalmente, la clase obrera no fue al paraíso tal como relataba Elio Petri en la película homónima. En cambio fue y siguen yendo al paraíso o a los paraísos fiscales buena parte de las ganancias acumuladas en el proceso de producción-circulación de bienes y servicios que se generan a diario en el sistema mundo realmente existente. En el año 2014 Nicholas Shaxon, periodista británico, publicó el libro Las islas del tesoro. El texto recorre el historial de constitución de aquello que reconocemos como paraísos fiscales, sugiere una trama vincular entre esos territorios y las economías de los países centrales con especial énfasis en el rol de Estados Unidos y Gran Bretaña.

Pero, ¿qué es un paraíso fiscal? El término es una traducción del inglés que podría ser interpretado –como sugiere Shaxon– de dos maneras. Es que la palabra inglesa heven es lugar de descanso o guarida y heaven, que se escribe diferente y suena parecido, es paraíso. Si bien no se trata de una diferencia semántica de relevancia, lo cierto es que se trata de lugares, sean países enteros, zonas de ellos o regímenes específicos, que ofrecen un tratamiento diferencial a las inversiones. Tal tratamiento consiste en proteger la confidencialidad o secreto, ofrecer tasas de tributación sensiblemente inferiores o nulas, en relación a las existentes en otros rincones del planeta, protección jurídica frente a la pretensión fiscal de otros estados, desregulación del tipo y rol de las formas societarias admitidas, entre otras ventajas.

Como entiende el autor, que integra además el staff de Tax Justice Network, algo así como Justicia Fiscal Global, los paraísos fiscales no son un efecto no deseado del desenvolvimiento del sistema capitalista, sino una pieza construida y pensada por las elites para garantizar y profundizar el proceso de acumulación del capital. Sin estos territorios serían inexplicables varias cosas que ocurren en la economía global. Entre otras: los ritmos de concentración y centralización del capital en pocas manos, la rapidez con la que se abordan y superan determinadas crisis periódicas, el lavado de dinero como norma y no excepción en el proceso de crecimiento de los flujos financieros, etc.

Entre los 82 paraísos fiscales estudiados por la organización Tax Justice Network antes mencionada, hay un conjunto importante que funciona bajo la órbita de Gran Bretaña y de Estados Unidos. En parte se trata de una rémora del colonialismo, en parte del emplazamiento de nuevas áreas. Si bien el tamaño de tales economías paralelas es de difícil determinación, las estimaciones más conservadoras permiten afirmar que los activos “radicados” en ellas sumaban –para el año 2013– entre 21 y 32 billones de dólares. Para tener noción de lo que significa, puede decirse que Estados Unidos genera un producto bruto interno anual en torno de los 16 billones de dólares.

El ranking, en términos de tamaño, lo encabezan Suiza, Luxemburgo, Hong Kong, Islas Cayman, Singapur, USA (Delaware y otros), Líbano, Alemania, Jersey (Gran Bretaña) y Japón, en ese orden para el año 2013. Estos diez explicarían un 45% de los activos totales radicados en paraísos fiscales.

Ranking 2013 clasificado en orden descendente según el grado de opacidad o secreto fiscal

​Sergio ARELOVICH

Red de Economía Política