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Cuando la alianza Cambiemos tomó las riendas de la Casa Rosada, las pizarras de las estaciones de servicio de YPF en Rosario tenían puesto el número 14,33 en el renglón de la nafta super. Hoy, esa cifra trepó hasta los 32,40 pesos, lo que representa un aumento del 126%.

Este monto, sin embargo, está lejos de estancarse. El presidente de la Confederación de Entidades del Comercio de Hidrocarburos (Cecha), Carlos Gold, estimó  que los precios de los combustibles aumentarán alrededor del 15% hasta fin de año. De concretarse esta proyección, el litro de nafta super estará por arriba de los 37 pesos en diciembre en nuestra ciudad.

“Va a haber más aumentos de acá a fin de año. Restaría entre un 14 y 15% de actualización después de esta última suba, siempre y cuando el barril del crudo y el valor del dólar se mantengan en los niveles actuales. Esto tiene que ver con el defasaje de los precios y la posibilidades que entrega la liberación del mercado”, admitió Gold.

Con el aumento de este domingo (5%), las naftas acumulan una suba del 29% en lo que va del año. El incremento total será del 45% en todo el 2018, una cifra bastante superior a la proyección de inflación (30/33%) y muy por encima de la mayoría de los acuerdos salariales, con paritarias promedio del 15%.

El de la nafta es un precio muy sensible porque afecta no sólo a los propietarios de automóviles, sino a la totalidad de la cadena de suministro y por ende a los precios generales de la economía. La canasta básica de alimentos, por dar un ejemplo, sufre un cimbronazo ante cada variación del combustible. Al subir los costos de distribución se encarece el valor final de los productos puestos en góndola.  

En estos ocho meses la principal petrolera del país YPF produjo siete aumentos: el 24 de enero, 6 de febrero, 11 de abril, 2 de junio, 1 de julio, 7 de julio y 5 de agosto. De junio a hoy, por dar un ejemplo, el incremento en la nafta super fue de más de tres pesos. De llegar a 37 --como estiman en el sector--, el encarecimiento será de 160% en tres años (diciembre 2015/diciembre 2018), lo que se traducirá en un desembolso de 2.035 pesos para un tanque de 55 litros.  

Una política basada en los aumentos 

Los primeros aumentos de la era Cambiemos correspondieron a la devaluación de fines de 2015 y a un supuesto “atraso tarifario” del sector. El gobierno optó por “correcciones graduales” para no pagar un alto costo político. Los precios subieron cuando en la mayoría de los países del mundo bajaron por la caída del precio del crudo.

A mitad del 2017, el ex ministerio de Energía y Minería Juan José Aranguren profundizó el proceso de desregulación de la actividad hidrocarburífera, con un esquema de absoluta liberalización. Se eliminaron los subsidios y el precio empezó a ser fijado por las petroleras sin ninguna intervención del Estado.

"En la Argentina vamos a pagar lo que vale en el mundo, lo que pasa es que justo ahora aumentó, pero soy optimista. Va a seguir lo que pasa en el mundo, si en el mundo baja, los precios van a bajar, si los precios suben, van a subir", dijo envalentonado por aquel entonces el presidente Macri. Lo cierto es que en este tiempo, con oscilaciones muy leves en el mercado internacional, en el ámbito local los precios se fueron por las nubes. 

La convergencia de los valores locales con los internacionales implicó la eliminación del precio sostén (denominado “barril criollo”) con que se pretendía alentar la inversión y la producción local. 

Al depender de los precios internacionales, el gobierno se envalentonó con la posibilidad de calmar los aumentos en un contexto de merma mundial. Sin embargo, nada de esto ocurrió. De octubre a esta parte solo dio una reducción mínima del 1,5%.

Para justificar los aumentos, en las petroleras aseguran que los precios locales todavía arrastran un retraso en relación a lo que consideran los valores de equilibrio. Para hacer sus cálculos, las empresas toman en cuenta la incidencia del precio internacional del barril de petróleo Brent, la cotización del dólar, los precios internos de los biocombustibles y los impuestos a los combustibles líquidos y al dióxido de carbono.

En mayo, con la fuerte devaluación del peso,  Aranguren promovió un acuerdo con las petroleras para moderar los aumentos en los surtidores. Pero su sucesor, Javier Iguacel , dio marcha atrás con esa decisión poco después de su llegada al cargo, a mediados de junio, y les confirmó a las empresas que los precios de las naftas y el gasoil en la Argentina son libres.

El resultado fue el esperado: constantes aumentos que siguen golpeando fuerte el bolsillo de los asalariados.