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El feroz aumento en el precio de las tarifas cansó a todos. El panorama cambió progresivamente en dos años y parece haber dado un vuelco definitivo en las últimas semanas. Los primeros en advertir sobre lo que podría pasar fueron comerciantes y pequeños empresarios que pronto se agruparon y tomaron forma de multisectorial, pero en lo que va del 2018 a ese grupo de disconformes se sumaron otros que en 2016 todavía creían que el panorama podía mejorar. Es el caso de Metalkrom, una fábrica de cromo duro ubicada en el barrio del Abasto y que por primera vez en sus 55 años de existencia se ve en serios aprietos, con boletas impagables, una deuda millonaria y baja producción.

La firma cuenta con treinta empleados y se jacta de nunca haber despedido a un trabajador, aunque sus dueños temen que ante el explosivo combo de tarifazos, inflación, importaciones y bajo consumo, esa primera vez llegue pronto. Este jueves presentaron un recurso de amparo en el Juzgado Civil y Comercial 5 para intentar frenar el último aumento en el servicio de energía eléctrica.

Lisandro Dippe es administrativo en Metalkrom e hijo de uno de los socios fundadores. En diálogo con Rosarioplus.com admitió que a comienzos de 2016 “pensamos que esto en algún momento se iba a solucionar con acuerdos que no nos desplacen de ser competitivos, pero en ese período contrajimos deuda y llegamos a esta situación con un recurso legal para ver si se puede revisar el tema de las tarifas”.

La política en Metalkrom fue la de aguantar, pero ya no se pudo. La última boleta de la EPE, de 185 mil pesos, los empujó a buscar otras soluciones. “Nosotros nos dedicamos a laburar, no queríamos estar en Tribunales. Pedimos un préstamo pero no alcanzó con todo lo que vino después. Como se pudo, hasta hoy algo pudimos pagar, pero tengo 30 empleados y una estructura que no puedo sostener”, lamentó Dippe.

Para no detener la producción, la empresa de Pasco al 1200 se vio obligada a firmar un convenio con la EPE y así evitaron el corte del servicio. Pero mientras tanto, la producción bajó hasta el 50% y se generó una deuda con la empresa estatal de energía que supera los 3 millones de pesos.

“Durante 55 años nos mantuvimos en el mercado como uno de los pocos proveedores de este producto. Aguantamos un montón de crisis, pero si podemos hacer una reconversión esta vez va a quedar gente en el camino. La apertura de las importaciones nos desplazó totalmente”, concluyó Dippe.