Los datos oficiales correspondientes al tercer trimestre de 2022 dejaron en evidencia la profundización de una constante desigualdad en la redistribución de ingresos en Argentina. Mientras que la participación de los trabajadores en el valor de la producción fue del 43,6%, la de los empresarios fue del 46,1%.

Pero para entender la foto, es necesario ver la película. Más allá de la diferencia que existió durante ese trimestre en particular respecto al porcentaje de participación de trabajadores y empresarios, basta con ver cuanto fueron cediendo los primeros en beneficio de los segundos desde 2016 a esta parte.

Se trata de uno de los reclamos más recurrentes de la vicepresidenta Cristina Fernández de Kirchner, quien en sus apariciones siempre encuentra un momento para recordar que durante su gobierno los trabajadores se llevaban más de la mitad de la generación de la riqueza.

El tercer trimestre de 2016, los trabajadores tenían una participación del 51,2% en el valor de producción, que arrastraban del último gobierno de Kirchner. Ya para el mismo período de 2019, ese porcentaje bajó al 45,7%. Pero lejos de recomponerse, ese número llegó en el tercer trimestre de 2021 al 43,8%, y ahora al 43,6%.

Hay cantidad, falta calidad: trabajadores volvieron a perder en la distribución de ingresos

Parte de este fenómeno puede explicarse a partir de la pérdida de poder adquisitivo del salario formal, pero en gran medida por el avance del trabajo precario, ratificado por este último informe.

Los datos generales exponen un crecimiento del 5,8% de empleo en relación al tercer trimestre del año pasado. Pero al revisar el detalle, queda de manifiesto que buena parte de esa recuperación tiene que ver con trabajo precario.

Durante el tercer trimestre el sector que sumó mayor cantidad de puestos de trabajo en el mercado fue el no registrado, que creció un 13% en la comparación interanual. Por su parte, los registrados lo hicieron apenas un 3,5%.

En total se contabilizaron casi 21.500.000 trabajadores. Entre los cuales aparecen 10.939.000 de asalariados registrados, 5.270.000 de asalariados no registrados y 5.290.000 no asalariados (independientes y autónomos).

Los datos del Indec ratifican que buena parte del crecimiento que se ve en los datos macroeconómicos no llega a reflejarse en el día a día y se da en paralelo a la expansión del trabajo precario y la pérdida del poder adquisitivo.