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¿Ñoquis? Los que hacía mi abuela...

Cuando empecé a escuchar la palabra “ñoquis” para hablar de los miles de trabajadores despedidos del Estado por el nuevo gobierno, pensé inmediatamente en el rol de los medios de comunicación a principios de los noventa. Aquella vez, para poner de su lado la opinión pública, el gobierno de Menem y los medios de comunicación comenzaron una campaña de deslegitimación de las empresas del Estado: dijeron que eran desastrosas, que daban pérdida, que prestaban malos servicios y por supuesto, que sus trabajadores eran “ñoquis”.

Yo no tenía más de 13 años cuando eso ocurrió. Con el tiempo descubrí que no era la primera vez que se hacía. No recuerdo cómo llegó a mis manos un libro de Scalabrini Ortiz en el que contaba el mecanismo que se utilizó en 1890 para privatizar el Ferrocarril Oeste. Habían pasado exactamente 100 años y el mecanismo utilizado por el menemismo fue exactamente el mismo. Hoy se vuelve a utilizar la misma metodología, contra los trabajadores que durante los últimos años venían materializando las nuevas políticas públicas: científicas, culturales, de derechos humanos, género, salud, trabajo, etc.

Cuando el Estado paga un salario, ese dinero se transforma en Demanda de Consumo. Esto motoriza la economía con un efecto de crecimiento multiplicado y hace que se generen los fondos necesarios para el financiamiento de ese salario. Por otra parte, la sociedad está recibiendo un servicio que el mercado no puede -o no quiere- brindar correctamente. Como sociedad llegamos a dimensionar la importancia de la escuela pública y gratuita, para brindar el servicio educativo. Lo mismo pasa con los servicios de seguridad y justicia. Del mismo modo, como sociedad moderna, aunque no lo hayamos dimensionado todavía, necesitamos que el Estado también esté presente en esas otras áreas como las nombradas al final del párrafo anterior.

Es muy criticable que la gestión anterior haya hecho descansar las nueva políticas públicas en las espaldas de trabajadores que eran “recontratados” permanentemente. En mi opinión, cumplido un primer contrato breve, debería llevarse adelante un concurso que coloque al trabajador en un puesto de trabajo acorde al artículo 14 bis de nuestra constitución. No voy a indagar en las razones. Ahora bien, si la nueva gestión considera -a priori- que estos trabajadores son “ñoquis”, son personas incapaces para desarrollar las tareas que tienen asignadas, la solución es llamar a concursos, nunca despedirlos. A no ser que lo de “ñoquis” sea una excusa, una mentira para encubrir el verdadero objetivo político de la nueva gestión: despedir a los trabajadores y desarticular esas políticas públicas.

¿Ñoquis? Los que hacía mi abuela, los domingos, mientras la salud le permitía pararse frente a una tabla de amasar de un metro y medio de largo, y hacer una cantidad tan grande de ñoquis que con mis hermanos nos traíamos lo que sobraba para Rosario y comíamos durante gran parte de la semana.

Tengo algunos de mis mejores amigos en esa situación de zozobra frente a la posibilidad de ser despedidos. Algunos de ellos, con hijitas que no llegan al año de edad. Los conozco bien y sé que son los mejores en sus trabajos, porque además de estar capacitados, creen en la importancia social de las políticas públicas que se materializan a través de sus manos. Si se abrieran concursos, estoy seguro que entrarían en los primeros lugares. A todos ellos, pero principalmente a Martín y Claudia, va dedicada esta nota.

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