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La gira mágica de Obama

El presidente de los Estados Unidos emprenderá el mes próximo una gira por Cuba y Argentina que deja entrever un nuevo acercamiento a Latinoamérica

Barack Obama transita su último año como presidente del país más poderoso de la Tierra. Sabe que en enero de 2017 dejará inexorablemente su cargo, pero también sabe que si procede de la forma correcta, dejará un legado. Las acciones más importantes de Obama desde que su partido fue derrotado en las elecciones de medio término en 2014 -quedando los demócratas en minoría en ambas cámaras del Congreso- persiguen ese objetivo, dejar un legado, teniendo en cuenta que posiblemente se lo aprecia más afuera que adentro del país que gobierna. Con un legado, obtendrá su ingreso en los libros de historia y en la memoria colectiva de la humanidad.

Un vínculo irreversible con Cuba

Un alto funcionario de la Casa Blanca expresó el sentido de la visita del presidente Obama a Cuba de la manera más precisa que se pudiera imaginar. "Nuestro objetivo es hacer todo lo que podamos, en el tiempo que nos queda, para que esto sea una política irreversible, y francamente, las señales actuales son que el pueblo estadounidense la apoya", expresó Ben Rhodes. Las palabras parecen dichas por el propio presidente. Dicho de otro modo, Obama quiere que sea quien fuere su sucesor, no pueda revertir la política exterior de los Estados Unidos respecto de Cuba.

Repasando lo sucedido en en el último año, es menester recordar que Raúl Castro y Barack Obama anunciaron el 17 de diciembre de 2014 que, tras conversaciones secretas, habían resuelto iniciar un acercamiento tendiente al pleno restablecimiento de las relaciones diplomáticas, rotas a inicios de los años sesenta, cuando la entonces triunfante Revolución Cubana encabezada por Fidel Castro se declaró marxista-leninista en plena Guerra Fría. En julio de 2015, los dos gobiernos reabrieron sus respectivas embajadas dando otro paso significativo. La semana pasada, el presidente Obama anunció que visitará Cuba los días 21 y 22 de marzo y se reunirá con Raúl Castro, aunque no tendría previsto reunirse con su hermano Fidel.

La visita tiene desde luego peso simbólico, entre otras cosas por tratarse de la primera desde que el presidente Calvin Coolidge estuvo en Cuba en 1928. Es una demostración clara del deshielo entre los dos antiguos adversarios ideológicos. Pero materialmente también tiene peso, porque afianza el camino recorrido y cuyo destino inevitable será el fin del bloqueo económico que los Estados Unidos impusieron sobre Cuba hace ya demasiado tiempo. En tal sentido, las líneas aéreas comerciales volverán a operar entre ambos países en breve.

Además, Cuba es un país muy querido por la comunidad de países latinoamericanos. Muchos cubanos y sus descendientes viven en los Estados Unidos. Por eso, el viaje de Obama a Cuba conlleva dos lecturas necesarias. La comunidad latina de los Estados Unidos en su mayoría ve con buenos ojos este avance en el vínculo con la isla. Y el electorado latino será definitorio en la elecciones presidenciales de noviembre. La otra lectura se centra en el poderoso lobby cubano anticastrista en el Congreso estadounidense. Ese sector, ligado al arco político conservador, sostiene que el presidente de la democracia más poderosa del planeta no debería arrastrar su investidura en un encuentro con un dictador, en referencia a Raúl Castro. Para dicho lobby no existe otra opción que el acorralamiento político, económico y financiero del régimen castrista para provocar su caída. Poco parece importarle la desventura del pueblo cubano que durante más de medio siglo debió soportar conjuntamente el autoritarismo de su propio gobierno y la asfixia económica del bloqueo económico a la isla aplicado por los Estados Unidos. Los conservadores estadounidenses suelen sostener una ética dual: se apuran a condenar el encuentro de su presidente con un dictador, pero aplauden sus excelentes relaciones con el monarca de Arabia Saudita, cuyo régimen se encuentra entre los más opresivos del planeta.

Argentina ¿nuevo aliado estratégico?

Las relaciones diplomáticas entre Argentina y los Estados Unidos ingresaron en una pendiente desde que Néstor Kircher desairó al entonces mandatario estadounidense George W. Bush en la Cumbre de Mar del Plata en 2005. En ese entonces, los países latinoamericanos optaron por la impronta ideológica de Hugo Chávez en detrimento del Área de Libre Comercio de las Américas (ALCA) propuesta por Bush. Desde entonces, ningún presidente estadounidense visitó Argentina y los encuentros entre mandatarios fueron sólo en ámbitos multilaterales, caracterizados por la frialdad y la distancia.

El cambio de gobierno en Argentina supuso una nueva oportunidad para las relaciones bilaterales, que nunca deberían quedar sujetas a los humores de los gobernantes de turno. La relación de un país con otro, debería estar siempre por encima de las voluntades personales.

La decisión de viajar a Argentina para encontrarse con el presidente Mauricio Macri tiene sus fundamentos en la intención de mejorar la relación bilateral. El nuevo gobierno argentino adoptó algunas decisiones que ganaron la atención y hasta la simpatía de la Casa Blanca. Una fue el embate público que Macri llevó adelante contra el gobierno de Nicolás Maduro por violación de los derechos humanos en Venezuela, en clara referencia a la prisión de dirigentes políticos opositores. Otra, fue la decisión de acordar con los holdouts, lo que es interpretado en los Estados Unidos como una muestra de respeto a su Poder Judicial. La última, es el lugar de privilegio que se le dio en la agenda de gobierno de Mauricio Macri al combate contra el narcotráfico.

Argentina necesita imperiosamente generar un clima de negocios propicio que suponga el arribo de inversiones sustentables. En tal sentido, el gobierno de los Estados Unidos controla o influye sobre los cerrojos de muchas puertas que podrían abrirse para el país. Sin la necesidad de ser obsecuente, el gobierno de Macri puede sostener un vínculo próspero con su par estadounidense, sin por ello negarse a otras relaciones globales que supongan beneficios para Argentina.

El 27 de enero último Obama recibió al designado embajador argentino en EEUU, Martín Lousteau. (Télam)

Pero el nuevo gobierno tiene un atractivo adicional para los intereses de los Estados Unidos en la región. Tras los atentados de 2001 y la guerra contra el terrorismo fundamentalista, la política exterior estadounidense descuidó las relaciones con Latinoamérica. Eso permitió que el liderazgo de Brasil se impusiera en la región y que Venezuela marcara el compás ideológico en el sur del continente, permitiéndose hacer gala de un antinorteamericanismo que reemplazó al de los Castro.

Actualmente, tanto Brasil como Venezuela atraviesan crisis económicas y políticas sustanciales que prometen ser duraderas. El otro actor relevante de Latinoamérica es México, acosado por el narcotráfico y la corrupción en el seno del Estado. Todo confluye en una oportunidad excepcional que fue advertida por el gobierno estadounidense, que ve en el nuevo gobierno argentino a un aliado de valor para recuperar protagonismo en la región.

El gobierno argentino entiende la sola visita de Obama al país como un éxito. En realidad se trata solamente de un gesto, un espaldarazo a una gestión que recién comienza y que lo ofrece un presidente que se marcha. Macri debería tomar con cuidado los compromisos y las promesas de un Obama con los días contados, con especial atención a los pedidos que le formule.

Asimismo, Argentina debe recordar que es parte de Latinoamérica y necesita a la región para despegar. Brasil está en crisis, pero no se puede olvidar que es el principal socio argentino.

En definitiva, el gobierno argentino debe evitar caer rendido ante el canto de la sirena estadounidense, y recordar que serán la pendularidad y el multilateralismo lo que le traerá mayores beneficios al país. Porque como reza un refrán chino “cuando el viento sopla de un solo lado, el árbol crece torcido”. La Unión Europea, China, Japón, Rusia, India también son importantes para Argentina.

Mientras tanto, Barack Obama realizará su gira latinoamericana, una gira mágica que espera que lo convierta de presidente de los Estados Unidos en protagonista de la historia. 

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