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En Uruguay no hay lugar para la impunidad

La renuncia del vicepresidente Raúl Sendic, presionado por su propio partido, muestra que la tierra de los orientales sigue siendo distinta al resto de Latinoamérica

El presidente de Uruguay, Tabaré Vázquez y el ex vicepresidente Raúl Sendic (EFE)

La corrupción es un fenómeno presente en todas las sociedades humanas. Se la puede combatir y controlar con éxito. Pero se torna crítica cuando se combina con impunidad. El escándalo del petrolao en Brasil y su ramificación a partir de los sobornos que la empresa constructora Odebrecht pagó a funcionarios a cambio de obtener ventajas en la obtención de contratos de obras públicas, puso al descubierto que la mayoría de los países latinoamericanos cuentan con amplios sectores de su dirigencia política sumidos en el fangal de la corrupción avalada por la impunidad. 

En el cono sur de América, Brasil está inmerso en un proceso en el cual el poder judicial rompió la combinación perversa de la corrupción y la impunidad. Sin embargo, nadie sabe hacia dónde lleva ese proceso, del cual -hasta el momento- sólo se han beneficiado algunos políticos inescrupulosos con Michel Temer a la cabeza, y los sectores más concentrados del poder económico y financiero de Brasil.

En la Argentina, la matriz corrupción-impunidad sólo se ve amenazada en las formas pero nunca en el fondo. El poder judicial, permeable a los poderes político y económico, actúa sólo para la tribuna. Sólo Uruguay emerge como un país distinto, donde no parece haber lugar para la impunidad.

Sendic, el presidente que no va a ser

La semana pasada Raúl Sendic renunció a la presidencia de Uruguay acorralado por denuncias de corrupción, condenado por sus camaradas del Frente Amplio por falta de ética, y despreciado por un vasto sector de la población.

Hace sólo dos años y medio asumía la vicepresidencia en medio de una gran expectativa. Porque era mucho más que un vicepresidente, era el líder político del recambio y la renovación que el Frente Amplio necesitaba.

Sendic es el hijo de Raúl Sendic Antonaccio, uno de los máximos dirigentes del Movimiento de Liberación Nacional Tupamaros con el que comenzó la lucha armada a fines de los años '60. A comienzos de los '70 fue capturado y mantenido en condición de rehén por la dictadura uruguaya hasta que en 1985 se produjo su liberación con el retorno a la democracia. Durante su cautiverio, trazó los lineamientos que posteriormente seguiría el movimiento Tupamaros, que mantendría su acento progresista pero dejaría a un lado la lucha armada, y concluyó por sumarse al Frente Amplio.

Su hijo homónimo, portador de un ilustre apellido para los sectores identificados con el espectro ideológico de izquierda, tuvo una carrera vertiginosa desde la llegada del Frente Amplio al poder en 2004, donde contó con el apadrinamiento de José “Pepe” Mujica. Primero fue nombrado vicepresidente de la Administración Nacional de Combustibles Alcohol y Pórtland (ANCAP), el ente petrolero estatal.

Cuando Mujica fue electo presidente del Uruguay, Sendic fue nombrado presidente de ANCAP con margen de maniobra para lograr un plan de expansión.

En las elecciones primarias de 2014 su lista fue la más votada y entonces Mujica forzó que Tabaré Vázquez lo eligiera como compañero de fórmula. Vázquez no tuvo más opción que ceder y llevar a Sendic como compañero de fórmula. Posteriormente ganaron las elecciones generales y asumieron la presidencia y vicepresidencia en marzo de 2015. En ese entonces era visto como el mejor presidenciable del Frente Amplio para 2019, teniendo en cuenta que la agrupación mostraba desde hacía rato ciertas dificultades para ofrecer al electorado una renovación de su élite dirigencial. Los jerarcas del Frente son invariablemente personas de más de 70 años.

Fue desde la oposición pero también desde el propio oficialismo que comenzaron a trascender problemas de gestión en ANCAP, lo que se sumaba a pérdidas millonarias que dejaron al organismo al borde de la quiebra. Una comisión investigadora parlamentaria desnudó irregularidades con sospechas de corrupción.

Otro hecho que se hizo público fue que Sendic había inventado su título universitario, al punto que ni siquiera existía la carrera que él decía que había hecho. Contradicciones, mentiras, explicaciones débiles y confusas, fueron exponiendo a Sendic a las críticas y burlas más duras.

En medio de esta situación de por sí adversa, tomaron estado público los estados de cuenta de las tarjetas de crédito que Sendic usaba con cargo a cuenta de ANCAP. La tarjeta corporativa era para gastos de representación pero aparecían varias compras personales, como bermudas en el balneario La Paloma, regalos en free-shops, alguna joya, y otros productos. Nada de gran monto, pero que sumaba elementos al escarnio público.

Sin margen para la impunidad

El expediente sobre su gestión en ANCAP está aún en la Justicia de Crimen Organizado y se estima que se abrirá un proceso contra Sendic. Sin embargo, lo más interesante es la actitud que adoptó su propia agrupación política. El Tribunal de Conducta Política del Frente Amplio tomó cartas en el asunto y sentenció que Sendic había incurrido en falta ética y un "proceder inaceptable en la utilización de dineros públicos". Aún sin que el Poder Judicial se hubiera expedido, fueron sus camaradas quienes advirtieron que el desprestigio en el que caía el vicepresidente podía arrastrarlos a una derrota en 2019. Los sondeos de opinión marcan una merma sensible en el apoyo de la población hacia el gobierno encabezado por Tabaré Vázquez. Es por eso que hay quienes señalan que la condena anticipada a Sendic no es más que un hecho de oportunismo político. Pero lo cierto es que ese supuesto oportunismo conduce a impedir la impunidad, conduce a la transparencia y a la adopción de una conducta ética de los partidos políticos. Porque tras la actitud adoptada por el Frente Amplio ¿qué margen de maniobra podrían tener los partidos Nacional (Blanco) y Colorado ante un caso similar dentro de sus propias filas?

Tras la renuncia, la crisis sucesoria también fue resuelta de un modo elegante. En una ceremonia sobria, Lucía Topolansky, experimentada legisladora y esposa del expresidente Mujica, perteneciente al mismo espacio político que su marido y que Sendic en el Frente Amplio, asumió la vicepresidencia del país, convirtiéndose en la primera mujer en ocupar ese cargo. Su asunción se realizó mediante un trámite de sucesión directa, dado que al renunciar el vicepresidente, debía asumir el senador más votado de la lista del partido de gobierno. Ese puesto es el del propio Mujica, pero como en Uruguay los expresidentes no pueden estar en la línea sucesoria en dos períodos seguidos, se pasó al segundo lugar, que es el de Topolansky. 

Lucía Topolansky asumió la vicepresidencia de Uruguay (EFE)

Dos temas están pendientes en el seno del Frente Amplio. El primero es cómo hacer para encontrar un relevo de su élite dirigencial luego del traspié con el vicepresidente renunciante. El segundo es si, en el ínterin, Topolansky no podría contribuir a recuperar el apoyo popular perdido y convertirse inclusive en la próxima candidata presidencial 

Para concluir, no puede dejar de advertirse el contraste de la dirigencia política uruguaya con la argentina y la brasileña. No hay que viajar a otros continentes para advertir que una dirigencia política es decente y responsable cuando la sociedad de la cual emerge también lo es y que, por ese motivo, no va a tolerar la combinación ruinosa de corrupción e impunidad.

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