El terror también tiene cara de mujer

En Nigeria ya se perpetraron dos atentados suicidas protagonizados por mujeres, lo que supone una nueva metodología de los grupos extremistas

Fue en una mezquita en el noroeste del país a las 5 de la mañana -horario de oración- justamente para alcanzar una mayor cantidad de gente. Como resultado, 21 personas murieron y 32 resultaron heridas. Los testigos de los ataques afirmaron que dos mujeres vestidas de hombres activaron explosivos que llevaban adheridos al cuerpo. Una lo hizo dentro y la otra fuera de la mezquita, cuando los sobrevivientes y los heridos huían del templo.

Pese a que ningún sector extremista reivindicó el ataque, el primero desde el atentado que acabó con la vida de 65 personas en las afueras de la ciudad de Maiduguri, aunque se asemeja a los atribuidos con anterioridad al grupo terrorista Boko Haram.

Boko Haram

Esta agrupación, cuya traducción más frecuente del idioma hausa significa algo así como “la educación occidental es pecado”, surgió en 2002 en Maiduguri, Nigeria, aunque también actúa en Camerún, Chad, Níger y Malí. Se trata de una organización que apoya abiertamente el terrorismo contra la población civil y usa medios violentos en la persecución de sus objetivos político-religiosos. El principal de ellos es derrocar al gobierno nigeriano para imponer una estricta interpretación de la sharia o ley islámica en todo el país. Boko Haram está liderada por Abubaker Shekau y se proclamó fiel al Estado Islámico (ISIS). Sin embargo, aunque su líder habla del islam, muchos de los miembros del grupo no tienen una ideología definida. Algunos ni siquiera son musulmanes o directamente no conocen el Corán. Adhieren al grupo como forma de subsistencia.

El grupo cobró notoriedad mundial en abril de 2014 cuando en un mismo día perpetró un atentado en Abuya y secuestró a 219 chicas de una escuela en Jibik como parte de una campaña de terror en contra de la educación occidental impartida en los estados nigerianos de Borno, Yobe y Adamawa. Aunque no han sido las únicas secuestradas por la organización, una gran campaña a favor de su liberación las convirtió en las más conocidas. De ellas, 53 pudieron escapar en los días siguientes al secuestro. A los pocos días, Shekau hizo público un video en el cual afirmó que vendería a las muchachas en el mercado y que la educación occidental debía cesar. Una niña raptada anteriormente y que pudo escapar, relató que las cautivas eran violadas varias veces por día y forzadas a convertirse al islam. A las que no lo hacían, les cortaban la garganta.

Recientemente, Boko Haram intensificó los atentados suicidas en el noreste del país debido a que la ofensiva regional y la estrategia militar del presidente nigeriano Muhamadu Buhari le arrebató gran parte del territorio que dominaba.

La nueva metodología, usar mujeres para atentados suicidas

Pasaron dos años desde el secuestro de las estudiantes en Jibik y recién la semana pasada tomó luz pública un video en el que aparecen 15 de las muchachas aún cautivas, a modo de prueba de vida. Las condiciones reales en las que se encuentran son difíciles de conocer con exactitud. Especialmente si se tiene en cuenta que en Nigeria, pese a prohibirse la mutilación de los genitales femeninos en junio de 2015, la práctica es todavía habitual. Son 23 los países africanos que ya prohibieron esa práctica aberrante que continúa arruinándole la vida a millones de niñas.

Respecto de las jóvenes que no estaban en el video, es probable que ya estén muertas, hayan sido vendidas en las redes de tráfico de personas o hayan sido obligadas a casarse con los propios integrantes de Boko Haram.

De lo que hay certeza, es que el grupo utiliza cada vez más a mujeres, niñas, niños y adolescentes como terroristas suicidas, generalmente forzados o drogados.

Un informe publicado recientemente por UNICEF indica que mientras en 2014, los ataques protagonizados por niños con explosivos adheridos a su cuerpo fueron cuatro, en 2015 la cifra trepó a 44. Tres de cada cuatro de ellos correspondieron a niñas.

Algunos investigadores afirman que el uso creciente de mujeres en general y de niñas en particular para cometer atentados, es un síntoma de debilidad de Boko Haram, debido a que se encuentra cada vez más acorralado. De hecho, la campaña militar combinada del ejército nigeriano con las Fuerzas Armadas de Camerún, Chad y Níger, encerraron a los miembros de Boko Haram en tres zonas, el lago Chad, el extremo norte de Camerún y la zona fronteriza con Diffa, en Níger. Como consecuencia, la capacidad de ataque de Boko Haram está disminuida y por ese motivo persiguen objetivos más accesibles, usando a niñas como terroristas suicidas porque es más difícil sospechar de ellas.

Un conflicto sobre el cual se sabe poco fuera de África

La opinión pública estadounidense y europea suele detenerse solamente en aquellos conflictos y crisis humanitarias que la alcanza directamente. A modo de ejemplo, el conflicto sirio es un problema porque afecta a la sociedad europea. En caso contrario no lo sería.

Nada de lo que sucede en África cobra valor si no impacta en los grandes centros de decisión mundiales. Es por eso que los medios de comunicación fuera de África no hacen demasiado eco del daño causado por Boko Haram.

El conflicto que enfrenta al grupo terrorista con el ejército nigeriano ya provocó alrededor de 17 mil muertos desde 2009, el desplazamiento de 2 millones y medio de personas, unos 300 mil refugiados en los países vecinos, y vivió su momento más oscuro en 2014 cuando Boko Haram alcanzó el control territorial de aproximadamente 100 localidades en el noreste de Nigeria y anunció la creación de un califato.

La financiación

Además de la reacción militar del Estado nigeriano, también se hicieron avances en el corte de las fuentes de financiación e Boko Haram porque era el dinero lo que le había dado gran alcance. Boko Haram se había convertido en el primer empleador del noreste de Nigeria por encima incluso del Estado. Muchos de sus combatientes son personas pertenecientes a pueblos ocupados sin otra alternativa que enrolarse, ya fuera para conservar su vida o para llevar sustento a sus familias.

Las fuentes financieras del grupo son diversas, a saber, el secuestro para el cobro de rescate, el tráfico de personas, el robo -considerado como botín de guerra- incluidos bancos y cuarteles militares, los impuestos forzados a habitantes del norte del Nigeria, las transferencias de fondos de otras organizaciones terroristas como Al Qaeda en los primeros años de actividad del grupo e, incluso, de organizaciones islámicas de beneficencia de ideología wahabita. Esta vertiente religiosa, con su núcleo duro de poder situado en Arabia Saudita, también financió a ISIS. Hasta ahora, los saudíes se mantuvieron protegidos bajo el paraguas de su alianza estratégica con los Estados Unidos. Pero esa alianza comenzó a resentirse desde que el gobierno de Barack Obama suscribió el acuerdo nuclear con Irán y se acercó a ese histórico rival de los saudíes. Más aún, en los Estados Unidos se evalúa desclasificar por completo los documentos relacionados a los atentados al 11 de septiembre de 2011 y, en ese caso, podrían revelarse datos que dejaría en muy malas condiciones a la monarquía saudí frente a la opinión pública estadounidense. Recuérdese que la mayoría de los terroristas vinculados a esos atentados eran saudíes, al igual que Osama Bin Laden y su organización Al Qaeda.

Lo que viene

Se estima que Boko Haram cuenta actualmente con unos 8 mil combatientes, pero la crisis en sus filas es tal que muchos abandonaron la disciplina del grupo. Algunos estarían dispuestos a abandonarlo pero no tienen una alternativa para reinsertarse en la sociedad.

Evidentemente existe un núcleo duro que seguirá combatiendo e intentará aplicar metodologías diversas para subsistir sembrando el terror en Nigeria y en la región.

Pero lo que parece periférico y lejano podría no serlo tanto. Los atentados en Francia en noviembre de 2015 y en Bélgica el mes pasado, demostraron que los grupos terroristas buscan a personas cada vez más jóvenes como vehículo de los atentados. Boko Haram le agrega el ingrediente de la utilización de mujeres e  incluso de niñas. El fundamentalismo extremista, el terrorismo, el totalitarismo, no reconocen edad, raza, procedencia social ni género en la persecución de su objetivo.

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