El Papa y la gira mejicana

Francisco hará su cuarto viaje a Latinoamérica marcado por una complicada agenda en México y un encuentro especial con el Patriarca de la Iglesia Ortodoxa rusa.

El Papa Francisco estará en Méjico entre el 12 y el 17 de febrero, previo paso por Cuba para encontrarse a dialogar con el Patriarca Kirill -o Cirilo- de la Iglesia Ortodoxa rusa, la segunda con mayor número de seguidores entre las iglesias cristianas. Pese a sus intentos de bajarle las expectativas a la gira anunciando que su viaje es el de “un peregrino” y no el de un “rey mago”, el lider de la Iglesia Católica enfrentará una agenda inevitablemente cargada de problemas. México y el mundo rebalsan de problemas.

Encuentro cercano con la Iglesia Ortodoxa

La primera reunión en la historia entre el líder católico y el de la Iglesia Ortodoxa con mayor cantidad de fieles se venía gestionando desde hacía tiempo y finalmente tendrá lugar el 12 de febrero. Se espera que el encuentro sea el inicio de una nueva etapa en el relacionamiento, centrada en el problema común de la persecución de los fieles cristianos en distintas partes del mundo. El tema se tornó preocupante desde que el Estado Islámico -ISIS- no sólo persiguió sino que sometió a vejamenes y muertes violentas a numerosos cristianos en el territorio que controla.

El encuentro supone asimismo un acercamiento entre el Vaticano y Rusia en momentos en los que Francisco intenta provocar coincidencias entre distintos actores internacionales dispuestos a contrarrestar las acciones fanáticas de ISIS en particular y del terrorismo fundamentalista en general. En tal sentido, debe recordarse que el Papa avaló los acuerdos entre Europa, los Estados Unidos e Irán. Las dificultades para arribar a otro acuerdo entre los países europeos, los Estados Unidos, Turquía y Rusia para encontrar una solución definitiva a la crisis en Siria, pone al Vaticano y al Papa Francisco en un lugar ideal para acercar posiciones. Ese acuerdo, que supondría la finalización de la guerra civil siria, sería la única posibilidad sustentable de frenar el flujo migratorio desde Oriente Medio hacia Europa. Y si el Papa fue capaz de acercar posturas tan distantes como las de Cuba y los Estados Unidos, ¿por que no podría hacer lo mismo ante la cuestión siria?

Además, hay otro conflicto en el cual Rusia pugna con Europa, y es la crisis de secesión ucraniana. La posibilidad de que Francisco y Cirilo aporten paños fríos a esta crisis es también real. La influencia del Patriarca ruso en el Kremlin es tangible. Él lidera una comunidad de fieles de casi 150 millones de personas.

El encuentro entre los jefes religiosos -que se estima durará unas dos horas- concluirá con la firma de una declaración conjunta que los fieles de ambas vertientes cristianas esperarán con ansia.

¡Ay Méjico, tan lejos de Dios y tan cerca de los Estados Unidos!

En la visita de seis días a Méjico, país con una población de alrededor de 120 millones de personas -de las cuales 110 millones se reconocen católicas- el Papa recorrerá sitios emblemáticos del crimen organizado y del tráfico de migrantes. Oficiará misa en la ciudad fronteriza donde casi 750 mujeres fueron asesinadas entre 1993 y 2012, y mantendrá encuentros con pueblos originarios cuya fe religiosa tiende a mezclar creencias ancestrales con el cristianismo.

Está claro que la violencia y la corrupción causan estragos en un Méjico que constantemente llega a la opinión pública mediante noticias policiales. 

La gira papal por Méjico presenta la incertidumbre de saber cómo se desenvolverá Francisco en lugares verdaderamente peligrosos, donde su habitual tendencia a salirse de libreto y dar una sorpresa, resulta preocupante para los fieles, para los encargados de garantizar su seguridad y para las autoridades de una país demasiado golpeado por la violencia.

El Sumo Pontífice insistió en visitar Michoacán -territorio del cartel La Familia Michoacana- con la intensión de presentarse allí donde su mensaje resulta especialmente necesario. Pero el poder de ese mensaje dependerá una vez más de la cintura política de Jorge Mario Bergoglio para pronunciarse -sin abandonar la diplomacia- sobre temas escabrosos como la relación entre el narcotráfico y las estructuras estatales, la explotación de los migrantes en la frontera con los Estados Unidos, y las denuncias sobre abusos sexuales en el seno de congregaciones religiosas, entre otros.

La diplomacia del Papa será necesaria para evitar debilitar aun más al ya cuestionado gobierno de Enrique Peña Nieto. El actual presidente enfrenta dos hechos recientes que lo tienen a mal traer ante la opinión pública. Tras la recaptura de Joaquín "el Chapo" Guzmán, el gobierno sobreactuó ese supuesto éxito en la lucha contra el narcotráfico, mientras la sociedad percibe la detención de los grandes jefes narco como un mero espectáculo y no como el producto de una política publica sustentable de combate al crimen organizado.

Peña Nieto, presidente mexicano, es muy cuestionado fronteras adentro

El otro hecho es la reciente detención en España de Humberto Moreira, exgobernador de Coahuila y expresidente del PRI -el mismo partido del presidente- considerado partícipe de la banda criminal Los Zetas. Moreira se convirtió en una prueba contundente de la existencia del nexo entre el narcotráfico y la política mejicana. Si el Papa condena estos hechos, se acercaría al corazón de los mejicanos pero se alejaría de la posibilidad de influir sobre el gobierno de Peña Nieto. Por el contrario, si no los condena, el gobierno se mantendría cerca del Papa, pero él corre el riego de desencantar a los fieles mexicanos.

Pobreza, exclusión y derechos humanos

Para Francisco será especialmente importante su visita al sur del país, región caracterizada por la pobreza y una población mayoritariamente indígena. La pobreza es el tema central del pontificado de Francisco y se espera que haga especial hincapié en él. En Chiapas se estima que desde el conflicto armado desatado en 1994 entre el Ejército Zapatista de Liberación Nacional (EZLN) y el Estado mejicano, más de 30 mil personas se vieron obligadas a desplazarse forzosamente, además del padecimiento de la pobreza extrema.

Se espera que en esa visita al sur se produzca un encuentro con los familiares de los 43 jóvenes estudiantes desaparecidos en Guerrero y cuyas investigaciones fueron hasta ahora un fracaso. Francisco siempre se manifestó sensible a las demandas de los padres de los estudiantes, y sus gestos y mensajes al respecto suponen otro desafío en el vínculo entre el Papa, la feligresía y el gobierno mejicano. Pero el resonante caso de los 43 estudiantes es sólo una pequeña muestra de la catástrofe que Méjico padece en materia de derechos humanos. Las cifras oficiales indican más de 27 mil casos de desaparición de personas, muchos de los cuales han sido cometidos por funcionarios públicos en el marco de la actual política de seguridad. Pero se especula con que la cifra es mayor.

Ya en el norte del país, el Papa visitará Ciudad Juárez acercándose a la realidad de los migrantes que padecen toda clase de indignidades en su intento por llegar al vecino país del norte. En esa región se estima que más de 250 mil personas dejaron sus hogares a causa de la violencia en el periodo de 2007 a 2011, y casi la mitad emigró en pésimas condiciones hacia los Estados Unidos.

La agenda de Francisco en Méjico quizás sea una de las más difíciles que le toque enfrentar ya que el país está sitiado por la violencia. La palabra del Papa es esperada con ansia y habrá que esperar para saber quiénes la recogerán además de las personas más sencillas. ¿Estarán los narcos y el gobierno dispuestos a escuchar?

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