Datos de una recesión anunciada

Indicadores de inflación y producción disponibles muestran el crecimiento de la inflación y la caída de la producción en sectores claves de la economía, a pesar del “apagón informativo” que significó la retirada operativa del Indec. Consecuencias

El gobierno nacional estableció por decreto la emergencia del sistema estadístico, por lo que el Indec  dejó de publicar todos sus indicadores desde diciembre de este año. Así, no se cuenta con datos sobre la evolución de los precios, de la actividad económica, del comercio exterior, del empleo y desempleo para los últimos dos o tres meses, según el caso.

Las consecuencias de este apagón informativo son significativas para todos los actores sociales. La más inmediata es que los sindicatos no cuentan con cifras oficiales con las cuales negociar los incrementos salariales de este año. De todas maneras, existen datos de consultoras privadas y de dos organismos públicos sub-nacionales. Las cifras de San Luis y Caba indican que la inflación se ha acelerado desde noviembre de 2015. Hasta ese momento las cifras mensuales siempre fueron inferiores al 2%. A partir de allí San Luis estimó una inflación de 2,9% en noviembre y 6,5% en diciembre. La Caba lo hizo en 2% y 3,9% respectivamente. Para enero de este año se estimó una inflación del 3,9% por el Centro de Estudios Económicos y Sociales Scalabrini Ortiz (Ceso) con un sistema de seguimiento de precios con información semanal de más de 20 mil productos comercializados por las principales cadenas de supermercados. Para ver los efectos de la inflación sobre los perceptores de ingresos fijos basta con considerar que los mismos han perdido alrededor de un 10% de su poder adquisitivo en tres meses. Así, un sueldo de 10 mil pesos en octubre, se transformó en uno de 9 mil en enero por el efecto inflacionario.

También es importante considerar que los datos de actividad permiten evaluar los impactos de las políticas públicas en los distintos sectores de la economía. Algunos economistas habían advertido que los efectos del paquete económico lanzado en diciembre serían recesivos. Se aducía que las medidas implementadas afectarían la capacidad de consumo doméstico (caída de los ingresos reales e incremento del desempleo), a la vez que la inversión tampoco sería alentada al subirse la tasa de interés y fomentarse la especulación financiera.  Al no contar con datos oficiales, dichas previsiones se pueden corroborar con algunas estimaciones parciales de las cámaras empresariales:

  • Asociación de Fabricantes de Cemento Portland (AFCP): los despachos de cemento han presentado una caída de 8,7% en enero, ante el parate de la obra pública y del PROCREAR. Para el 2016 se prevé que el sector de la construcción tenga una evolución estrecha, con impacto en el nivel de empleo y en la industria de materiales asociada. 
  • Asociación de Fábricas de Automotores (Adefa): en promedio el sector de automotores presentó una caída del 12% en el 2015. Se estima que la crisis del complejo se vea potenciada con las perspectivas de descenso del consumo doméstico y la continuidad de la recesión brasileña.
  • Cámara Argentina del Acero (CAC): La industria del Acero también presentó caídas interanuales en 2015 (-8,2%).

Todo parece indicar que las perspectivas para el resto del año continúan siendo a la baja. La magnitud de la recesión recién podrá ser evaluada en septiembre, cuando se reabra el Indec. Para entonces las cartas ya estarán sobre la mesa y el marcador mostrará quiénes son los ganadores y perdedores de este “nuevo” modelo económico.

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