Corea del Norte y la bomba del chantaje

Hace pocos días el gobierno norcoreano declaró públicamente haber realizado con éxito la prueba de una bomba de hidrógeno. Todo parece indicar que se trata de un nuevo chantaje de la dictadura de Kim Jong-un.

La bomba de hidrógeno o bomba “H” desencadena una reacción nuclear llamada “fusión”. Cuando está a punto de explotar, los átomos de hidrógeno se fusionan liberando una gran cantidad de energía, con altísimo poder destructivo.

El 6 de enero, la televisión de Corea del Norte anunció como un hecho histórico la detonación de una bomba de hidrógeno, cuyo poder es al menos mil veces superior al de la bomba atómica tradicional.

Desde los Estados Unidos y otros países de extremo oriente, aunque se condenó la prueba nuclear, se desmintió que se tratara de una bomba H, debido a que -de acuerdo a las primeras mediciones- el poder de la explosión habría sido equivalente al de una bomba atómica mejorada.

La detonación de la bomba H provocó movimientos sísmicos en Corea del Sur y China (Efe)

Distintos especialistas afirman que no se puede saber qué tan poderosa fue la explosión ya que no conocen a qué profundidad se realizó la prueba y que, por el momento, es difícil determinar si se trató o no de una bomba de hidrógeno. Para saberlo a ciencia cierta, habrá que esperar la medición de índices de radiación, que podrían demorar varios meses en ser tomados. 

Lo cierto es que tanto en China como en Corea del Sur, se reportaron terremotos de origen artificial.
Los gobiernos de esos países además de los de Rusia, Japón y los Estados Unidos, no demoraron en condenar severamente la prueba y se espera que en breve se impongan sanciones al país, gobernado por el joven dictador Kim Jong-un.

Antecedentes

El régimen norcoreano ya había realizado anteriormente tres pruebas nucleares, en 2006, 2009 y 2013, siendo sancionado por el Consejo de Seguridad de la Organización de las Naciones Unidas (ONU).

Independientemente de ello, la comunidad internacional lleva más de veinte años luchando contra las ambiciones nucleares de Corea del Norte, cuyo régimen alimenta un inmenso presupuesto militar. En buena medida lo hace sobre el fundamento de que el país permanece de hecho en situación de guerra con Corea del Sur desde 1953, pero principalmente, con la pretensión de chantajear al mundo cada vez que lo necesita. 

En 1994, el entonces presidente estadounidense, Bill Clinton, alcanzó un acuerdo con el régimen norcoreano que se rompió pocos años más tarde debido a las sospechas de que éste último no cumplía con el compromiso de congelar su programa de producción de plutonio mientras recibía asistencia económica. El régimen siempre persigue o bien que el resto del mundo lo auxilie mediante el envío de petróleo, alimentos, medicamentos y distintos bienes de primera necesidad, o bien, presionando para que se levanten las sanciones internacionales que recaen sobre él. 

Ante esas sucesivas sanciones internacionales que sin duda afectan su economía, el gobierno de Corea del Norte, lejos de disponerse a acatarlas, siempre optó por aumentar y mejorar técnicamente su arsenal nuclear para -de ese modo- poder mantener una posición de fuerza frente a la comunidad internacional.

El régimen de los Kim -fundado por el abuelo, continuado por el hijo y ahora por el nieto- recurre de manera sistemática a las amenazas militares o -para ser más precisos- al chantaje, con el objetivo de garantizar su supervivencia.

¿Por qué Corea del Norte puede hacerlo?

Si Corea del Norte estuviera situada geográficamente en otro sitio, seguramente su régimen totalitario ya no existiría: habría sido bombardeado, desmantelado, destruido.

Es su estratégica posición geográfica lo que le otorga poder. Limita con Rusia, China y Corea del Sur, solo un estrecho mar separa al país de Japón y sus misiles ya desarrollaron alcance suficiente para llegar hasta territorio estadounidense. 

Por afinidad ideológica y enemigos comunes, el totalitarismo comunista norcoreano creció al amparo de la Unión Soviética y la China de Mao. Aunque ahora hasta su socio histórico está mostrando cierta fatiga respecto de las pruebas nucleares que generaron movimientos sísmicos.

Lo cierto es que estas demostraciones de poder nuclear pueden acarrear consecuencias para la seguridad en la región Asia-Pacífico. La pujanza de China y la rivalidad con los Estados Unidos no solamente se refleja en la construcción de áreas comerciales conducidas por uno y otro país que se disputan los mercados de la cuenca del Océano Pacífico, sino que también se refleja en una creciente inversión en armamento y en pretensiones de dominio territorial. Es importante recordar en este punto el relleno que los chinos vienen haciendo sobre arrecifes de coral para crear islas artificiales en el mar del sur de China que le permitan reclamar soberanía marítima alrededor.

La presidenta surcoreana, Park Geun-Hye, tiene que decidir en breve si su país aceptará o no el escudo antimisiles que le ofrece su aliado estadounidense, y ya advirtió en una reunión de su consejo nacional de seguridad que, de confirmarse el anuncio norcoreano de haber desarrollado la bomba de hidrógeno, “podría cambiar potencialmente el panorama de la seguridad en el noreste asiático y cambiar de manera fundamental la naturaleza de la amenaza nuclear norcoreana”.

¿Qué se puede esperar?

Independientemente de que se trate o no de la bomba H, lo que es cierto es que el programa nuclear de Corea del Norte goza de buena salud. La incredulidad de buena parte del mundo, podría llevar incluso a que los norcoreanos ensayaran nuevas y preocupantes pruebas nucleares con el solo fin de demostrar que efectivamente tienen el arma que dicen que tienen. 

Es igualmente cierto que el gobierno dictatorial de Kim Jong-un no acata las normas emanadas de la ONU y las sanciones aplicadas hasta el momento han demostrado ser o insuficientes o ineficaces. 
Ante el evidente peligro que la situación supone para la seguridad de Asia y del mundo, es menester que los Estados Unidos y China encuentren una fórmula eficaz que evite responder al chantaje que el régimen norcoreano intenta aplicar una vez más. En ello, tiene una mayor responsabilidad histórica China, que apañó al régimen de los Kim durante más de sesenta años. 

Sería importante retomar las negociaciones a seis bandas entre Corea del Norte, Corea del Sur, China, Rusia, Japón y los Estados Unidos, para llevar al gobierno norcoreano a aceptar el principio de desnuclearización a cambio de cooperación económica. 

Corea del Norte no es Irán, pero el ejemplo de las exitosas negociaciones realizadas con ese país podría encerrar parte de la respuesta que el mundo necesita encontrar en el extremo de Asia. 

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