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Una impensada derivación de la onda expansiva

La onda expansiva que generó la explosión del edificio de Salta 2141 llegó a lugares impensados. El 8 de agosto los mensajes y llamados entraron y salieron en teléfonos de todo el mundo. Familiares, amigos y allegados se comunicaron en busca de noticias sobre lo que pasaba. En medio del cruce de datos, un homicida fue descubierto. Un femicida que vivía en la clandestinidad, escapando de una condena firme. Esta es la historia de un fugitivo, al cual la tragedia le sacó la máscara y lo llevó hasta la celda fría y húmeda que llevaba 5 años persiguiéndolo. 

Juan Roger vivió 5 años en Rosario, era hincha de Central o de San Lorenzo y le encantaban las empanadas a la parrilla de Ana Juana, el restorán de calle Salta y Oroño. Contador recibido, enviudó en 2004, cuando su esposa falleció luego de sufrir un cáncer, o en un accidente de tránsito.  Era un tipo amable y cariñoso, que nunca mostraba todo el mazo. No le gustaba invitar gente a su casa y a veces se equivocaba en la fecha de su cumpleaños. En la ciudad tuvo dos novias a las que no invitaba mucho a pasear, porque nunca tenía un mango. De todas maneras se las rebuscaba para vivir en un departamento de Alvear al 100 bis, tener ropa coqueta, usar buenos perfumes e ir al gimnasio. De ahí venía él, con su bolsito con ropa, cuando lo paró la policía.

Etel Weksel estuvo casada 10 años con Eduardo Nogueira, un pelado cachetón que era contador y gerente de una de las fábricas de Cheeky,  la marca de ropa infantil . Junto a Vanesa, hija de Etel de un anterior matrimonio, formaron una familia y vivieron juntos en un departamento del barrio de Caballito, Capital Federal.  Según allegados a la familia Weksel, Eduardo le confesó en una ocasión a su mujer que su cariño por Vanesa era tan intenso, que le daba miedo. Este sentimiento, al parecer, era mutuo.

El domingo 11 de julio de 2004 la Etel fue sola al Sanatorio Trinidad del barrio de Palermo para pedir ayuda. Según lo que le dijo a los médicos, se había caído por las escaleras. Tenía numerosos golpes, lesiones en ambas manos, hemorragias internas, presentaba signos de estrangulamiento y le faltaban 3 dientes. El martes 13 entró en coma, pero antes le confesó a una de las enfermeras que Eduardo era el que la había lastimado, que no era la primera vez que lo hacía, pero que nunca se había animado a denunciarlo. El viernes 16 de julio de 2004 Etel falleció, a los 43 años.

Silvia Weksel, la hermana de la víctima se enteró de todo el mismo 16 de julio y ni siquiera pudo despedirse. Vanesa y Eduardo decidieron no hacer velatorio; tampoco le dijeron donde la enterraron.  Pero Silvia, que es abogada y trabaja en Avivi, una ONG que ayuda a las víctimas de violaciones, se dio cuenta de que la cosa venía mal y decidió moverse, para que la investigación por la muerte de Etel no quede en la nada.

Eduardo fue acusado por la muerte de su mujer y en diciembre de 2006 el Tribunal Oral Criminal 6º lo condenó a 12 años de cárcel por el delito de homicidio preterintencional agravado por el vínculo. “El fiscal se movió muy poco y Nogueira pasó todo el juicio en libertad”, contó Silvia a Rosario Plus, bastante indignada.

La condena del femicida fue apelada por su abogado defensor. De todas formas en 2008 la Cámara de Casación Penal confirmó la sentencia.

Cuando la Policía lo fue a buscar, Nogueira había desaparecido. “Yo ya sabía. Tres meses antes del dictamen final tuve el presentimiento de que algo raro pasaba y llamé a la fábrica donde trabajaba Eduardo. Ahí me dijeron que había renunciado y se había ido de viaje”, señaló la hermana de Etel.

Durante 5 años Silvia tuvo varias falsas alamas. La Policía Federal fue a buscar a Eduardo a Necochea, Concepción del Uruguay y Tandil, pero no lo encontraron. “Cuando se supo que Nogueira se había fugado, le pincharon el teléfono a Liliana, la hermana. Ahí nos enteramos de que estaba a 300 kilómetros de Capital; pero a la Policía nunca buscó en Rosario”, explicó Silvia.

 

Cuando parecía que el femicida había desaparecido del mapa cayó un dato. El 6 de agosto de 2013 a la tardecita entró un mensaje al teléfono de Liliana. Era de una amiga que tenía en común Eduardo; le avisaba que, si bien la explosión había ocurrido a 400 metros de la casa de su hermano, él se encontraba en perfectas condiciones.

El primero de Octubre 2013 Juan Roger volvía de gimnasia, cuando un grupo de policías federales le cortó el paso. “Buenas tardes, ¿podría identificarse por favor?” le dijeron los uniformados. “Juan Roger”, respondió. En ese momento uno de los federales le dijo: ¿Noriega?  Él se puso pálido y dijo “perdí”.

Desde el martes 2 de octubre de 2013 Eduardo Noriega está preso en el penal de Marcos Paz.

Según pudo averiguar Silvia Weksel, durante el lapso que estuvo prófugo, Eduardo recibió varias visitas se su sobrina Vanesa, la misma que negó haber presenciado hechos de violencia entre Etel y su matador. “Ella y Liliana lo iban a ver los feriados largos. Le llevaban ropa y perfumes”, cerró Silvia.

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