Un misterioso universo escondido en la nariz

Un estudio de la Universidad de Rockefeller afirma que el ser humano puede distinguir hasta 1 billón de olores.

Hay personas que tienen un olfato prodigioso, rayano en lo insoportable -porque por lo general esa característica se acompaña con un comentario alusivo-, y hay quienes son unos discapacitados olfativos. Lo cierto es que el apéndice externo del aparato respiratorio tiene una capacidad inimaginable para distinguir fragancias, aromas, perfumes o hedores, como se quiera llamar a una percepción que puede despertar un universo de sensaciones, desde el erotismo hasta el asco, pasando por el apetito. 

Un reciente estudio realizado por científicos de la Universidad de Rockefeller, en Estados Unidos, ha determinado que la nariz del ser humano tiene la capacidad de diferenciar 1 billón de olores distintos. Es un número ¿no? Posiblemente aquel atribulado Jean Grenouille en la convulsionada Francia del 1700 ya lo presentía, tal como lo muestra la película Das Parfum (El perfume)

El informe divulgado en la revista Science señala que el sistema olfativo humano puede detectar más de los 10.000 olores anteriormente especificados, ya que la nariz es capaz de discriminar los olores con mucha facilidad.

Para llegar a esta conclusión, los investigadores realizaron un experimento con 26 voluntarios y 264 pares de olores diferentes pero con diversos grados de similitud divididos en tres grupos y conteniendo cada grupo 10, 20 o 30 componentes químicos diferentes (con moléculas responsables de dar olor a la naranja, al anís o a la menta verde, entre otras).

Al término de esa muestra, entregaron tres frasco a cada voluntario: dos con el mismo olor, y otro con un aroma diferente, con la misma cantidad de componentes, pero con alguna diferencia. Y se los desafió a distinguir el olor que no coincidía.

Al analizar los resultados, descubrieron que cuanto mayor era el grado de similitud en la composición del olor, más difícil era para los participantes distinguir el frasco con olor diferente; es decir, cuando las mezclas compartían más de la mitad de sus componentes, menos voluntarios eran capaces de diferenciarlas. Finalmente, los investigadores calcularon el número total de las mezclas que podían ser distinguidas por el olfato humano y determinaron que podían llegar a ser hasta 1 billón.

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