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¿Qué significa el clásico para los deudos de un hincha asesinado?

Los festejos del último clásico se cobraron dos vidas en las calles de la ciudad. Una de las víctimas fue un verdulero de 39 años. El hombre recibió tres balazos cuando se acercó a la casa de una amigo a cobrar una apuesta. El autor material está preso, pero sus cómplices en libertad. La familia Acosta vive la previa del clásico con dolor y tristeza

Para el folclore de la ciudad, el domingo 19 de octubre del 2014 pasó a la historia como el día que Central consiguió estirar su exitosa racha (tres clásicos seguidos) ante su eterno rival. La fecha, sin embargo, tiene una connotación muy diferente para una familia rosarina. Los Acosta recuerdan ese día como el más triste y doloroso de sus vidas. Martín, el jefe de la familia, un muchacho de 39 años, fue asesinado mientras festejaba el triunfo de su equipo. Sus seres queridos siguen reclamando justicia. 

Martín Acosta era de esos tipos que no pueden faltar en un barrio. Todas las mañanas, recorría las calles con su carro de frutas y verduras. Conocía la vida de cada vecino. Su sonrisa era entradora. Y su amabilidad, una garantía de ventas. Estaba casado con Noelia y tenía seis hijos. Aquella fatídica tarde miró el clásico por televisión. Feliz por el resultado, se subió a su Renault 9 junto a una de sus hijas. Su primera parada fue en la casa de su amigo Gustavo, ubicada en Brasil al 1600. 

En la semana, los amigos habían jugado una apuesta: un rico y económico Gancia para el ganador del clásico. Martín tocó timbre y esperó la salida del derrotado con el pecho inflado. En ese instante, desde uno de los pasillos contiguos, salió un hombre desencajado y fuera de sí. "¿Qué hacés, Pablo? Soy Martín, amigo de Gustavo", llegó a decir el verdulero. Su interlocutor, quien estaba acompañado por otras dos personas, no pronunció palabra alguna. Lo miró y disparó. Fueron tres balazos mortales.
Martín fue traslado de urgencia al hospital Clemente Alvarez, pero falleció tres horas más tarde.

Víctima y victimario eran conocidos.  "Se criaron juntos y Martín hasta le regalaba frutas y verduras cuando este hijo de puta no tenía para comer", comentaban algunos vecinos a los periodistas que se acercaron hasta la escena del crimen.  

Según la reconstrucción de su familia, fueron tres los atacantes. "Uno lo mató, pero los tres dispararon", dice Franco, uno de sus hijos, en diálogo con Rosarioplus.com. En diciembre del año pasado, el autor material del crimen se entregó a la Justicia. "Vine a pagar por lo que hice, no quiero que me maten", le dijo al juez en su primera declaración. 

El homicida tiene 33 años. Se escudó en que aquel día estaba "borracho y drogado". Según consta en la causa, afirmó que si hubiera estado en sus cabales no habría disparado. El fiscal Moreno lo imputó por homicidio calificado. La sentencia quedó firme. "El tipo está preso pero igual su familia nos sigue amenazando. Nosotros queremos que las otras personas también vayan presas, también fueron responsables de la muerte de mi viejo", señala Franco.

La charla telefónica no dura más de cinco minutos. Franco se quiebra cuando aparece una pregunta sobre el clásico del domingo. "Ni pienso en el partido, ya no me importa el fútbol. El domingo va a ser un día triste para nosotros".

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