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¿Qué dicen las redes sobre el “furor” Arjona?

El blanco absoluto de la luz del interrogatorio lo deja casi ciego. Huberto no percibe nada sobre su entorno sólo ese haz tan pulcro como sofocante que se cuela por sus pupilas y por sus poros. El hombre de unos 50 años parpadea en calma, se toma su tiempo para abrir y cerras los ojos, no está desencajado, ni desequilibrado. Escucha como colofón de fondo balbuceos con signos de interrogación que se repiten y se repiten. Al fin, Huberto enfrenta el blanco total con los ojos ciegos bien abiertos y confiesa: “Yo lo maté”.

¡Que no se corte!  El cierre de los talleres literarios o el fin de los encuentros periodísticos gozan de la misma vulgaridad que el último día en el viaje de estudios de la escuela secundaria. Despedidas lacrimógenas y promesas que se fracturan con una velocidad de mosca hambrienta. Algo así ocurrió cuando finalizó el Taller de Crónicas con el maestro peruano Julio Villanueva Chang en Córdoba, la segunda ciudad de Argentina. El fundador de la venerada revista Etiqueta Negra estaba al frente del ciclo “Estados Alterados” que reunió a quince periodistas culturales: cinco representando a Buenos Aires, cinco a Córdoba y cinco a Rosario. Yo estaba entre los rosarinos seleccionados no entendiendo bien por qué me habían elegido entre ese clan selecto de colegas que publicaban sus artículos en los medios gráficos más importantes del país. Pero estaba y lo disfrutaba como los nuevos ricos se regodean de sus viajes de compras a Miami.

Fue en el quinto y último día, luego de habernos encerrado a leer colectivamente casi diez horas diarias un sinfín de crónicas de Talese, Anderson, Villoro, Ferrini, Wiener, Titinger y Faccio  cuando Villanueva Chang propuso que escribiéramos colectivamente sobre una temática. Yo sentí la misma presión que había experimentado un par de meses antes cuando conocí a Julio casualmente en Lima, la presión de decir algo original y recurrente ante un anfitrión de escala magnánima y ante un grupo selecto de periodistas que ya tenían incluso algún libro publicado. Y la presión me hizo hablar trastabillando las ideas con las palabras. Algo así se puede haber entendido: “Escribamos sobre Ricardo Arjona. Con el cantautor nos une el amor o nos une el espanto”. 

Era evidente que todos jugábamos en el equipo del espanto. Sus horripilantes letras, su pose de trovador enamoradizo, su rol de perdedor con barba de tres días, sus rimas con diminutivos, sus temáticas que entrelazan a Jesucristo, la menstruación, los pingüinos y las cuarentonas, su impresionante aparato de marketing, su resonar eterno en las radios de frecuencia modulada en todo el continente, los miles y miles de estadios repletos que desbordan de histeria colectiva, su feroz revolución de auto ayuda que soluciona los problemas mundiales en tres minutos, sus polémicas con otros cantantes. El tema “Arjona” podía ser un punto de unión para que escribiéramos en conjunto movilizados por el sentimiento urticante en el que ya estábamos envueltos. El tema “Arjona” era más universal que el tema “La vaca”. Yo debía seguir argumentando.

“En el 2005 comenzamos a grabar el falso documental ‘Un tal Ricardo’ sobre un supuesto crimen. La realización audiovisual comienza con la confesión de un asesino, un brutal crimen que en principio genera rechazo y asco. Huberto es el nombre del homicida. Harto de perder mujeres, decide vengar su derrotas matando sin piedad al cantautor. Pero con el devenir de la película, entre medio de esa confesión bestial que funciona como nexo progresivo se intercalan entrevistas a distintos referentes de la música, de la literatura y de la crítica periodística que argumentan en contra de Arjona, son disquisiciones, análisis de estructuras narrativas, descomposiciones de negras, blancas, fusas y semifusas que inevitablemente van generando una identificación con el asesino. El falso documental nunca se siguió, pero ahora que somos quince colegas, podemos avanzar en conjunto para concretarlo”.

La idea no era más que el armado de una hoguera posmoderna que hoy ya late en las redes sociales. Ante tanto desparpajo de vulgaridad poética, las redes generaron un anticuerpo arjonesco. De aquella intención documental y añeja en una década sin Facebook ni Twitter, hoy es habitual encontrarse con humoradas que están en las llagas de un filme inconcluso.

Leído en Twitter

  • No sólo les médicos tienen una letra de mierda. Las canciones de Ricardo Arjona, también. 
  • Acabo de escuchar una canción de Arjona y me gustó. Ya me pueden dar UF.
  • Dedicar una canción de Arjona por el día de la mujer es peor que un chiste sobre planchas y cocinas.
  • Si recibes un sobre que dice 'Entradas para concierto de Ricardo Arjona' ¡NO LO ABRAS! Puede contener entradas para un concierto de Arjona.

En Facebook existe el grupo Yo también DETESTO a RICARDO ARJONA y sus estúpidas letras!!! 

Otros, utilizan los mismos giros poéticos del guatemalteco: 

El problema no es que cante. El problema es lo que escribo

También está en el centro del análisis su inspiración, en este caso el fútbol.

A su archi éxito de la canción en el taxi, lo subieron a Arjona en uno y observen lo que ocurrió

Hasta llegar a diseñar el Día Mundial en Contra de la Falsa Poesía

En YouTube existe un tutorial para escribir canciones como Arjona: la clave está en las rimas, los antónimos, una pretenciosa melodía con guitarra acústica y ya casi está. 

 

Los argumentos anti arjonescos fueron creciendo en el cierre del Taller sobre Crónicas Culturales. Cada uno era una madera, un elemento que colaboraba con el foco ígneo colectivo para destrozar a ese tal Ricardo. Mi sueño del 2005 casi cumplido, al fin el hombre que cree que el problema no es problema sino que el problema es que le duele, el poeta que hizo suicidar a las cigüeñas y que de tanto aclarar el panorama metió pingüinos en la cama iba a ser ajusticiado por un selecto grupo de periodistas argentinos. 

- ¿De dónde viene ese todo ese sentimiento?, preguntó Villanueva Chang.

- Recuerdo el primer día que escuché a Arjona: fue el 21 de septiembre de 1991, íbamos con Facha Pardo en su auto al picnic de la primavera, encendió el equipo de música, puso un casete, arrancó la canción del taxi y me dijo: “Este es el nuevo Sabina”. La vulgaridad de la letra me marcó. Y más la comparación con Sabina. Ahí comenzó todo.

No cualquiera recuerda la primera vez que escuchó a los Beatles, o a los Stones. ¿Tan fuerte pudo haber sido el primer impacto? La primera vez con Arjona fue hace más de veinte años y el recuerdo: intacto. Desde mis 17 hasta el momento el crecimiento en popularidad y éxito del guatemalteco fue imparable, una aplanadora del melodrama convertido en canción. La polémica en Argentina, por esos días del taller, se había hecho carne cuando el cantante Fito Páez habló sobre ‘la pérdida de valores’ luego de 35 conciertos en Buenos Aires: “Si la ciudad le da 35 Luna Park a Ricardo Arjona y a Charly García le da dos, hay que pensar qué significan la política, los diarios, en esa ciudad, en la que hay valores que fueron aniquilados”.

Arjona no tardó en responder y el aniquilado fue Páez: "El señor Fito Páez habla de aniquilación cultural y me menciona. De forma sospechosa señala el inicio de este problema en su país, casi de manera simultánea con el descenso claro de su capacidad artística" (…) La música no pertenece a las competencias de atletismo donde se miden las capacidades contra reloj, es un asunto de gustos y de emoción".

El taller estaba llegando a su fin. Y como en todo cierre la vulgaridad y los lugares comunes  de las despedidas también acapararon la escena en el Centro Cultural España de Córdoba. Ninguno de los presentes logramos realizar una tarea en equipo, jamás se ejecutó esa idea movida por el rencor y el rechazo, al igual que el falso documental que nos convertía en potenciales asesinos. Huberto no mató a nadie. Nada se hizo. Ricardo Arjona continúa vendiendo millones de discos, llenando estadios e incitando emociones populares, escribiendo metáforas sin tutoriales y yo, acumulando intenciones sin sentido. Ni siquiera lo pude convencer a Villanueva Chang de escribir en Etiqueta Negra. Como este texto que no debe están tan bueno.

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