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"Nos preguntaban si podían ir disfrazados"

Silvia Inchaurraga, presidenta de la Asociación de Reducción de Daños de Argentina (ARDA), una de las asociaciones que convocan esta tarde a una nueva edición de la movilización global, repasó anécdotas de la primera vez que marcharon.

Inchaurraga, directora del Centro de Estudios Avanzados en Drogadependencia y Sida (Ceads), que depende de la Universidad Nacional de Rosario (UNR), fue una de las impulsores de las primeras marchas que se realizaron en Rosario para reclamar por la despenalización de la tenencia de drogas para consumo personal. 

"En el año 2002 éramos un centenar de personas, en su mayoría profesionales, que trabajábamos este tema desde las consignas y desde una posición filosófica de por qué defender el derecho a la salud y a la privacidad", rememoró la especialista en diálogo con Rosarioplus.com en la previa de la marcha de este sábado.

Afiche de la marcha del 2003
 

 La investigadora de la UNR agregó que muchas de las personas que se planteaban ir a la marcha en relación a la defensa de sus propios derechos, "nos preguntaban si podían ir disfrazados o con máscaras porque tenían temor a ser vistos por un vecino, su jefe, o un compañero de la facultad, el temor a la estigmatización. Si iban a la marcha quedaban blanqueados como fumadores de marihuana". 

La problemática se instalaba en la prensa gráfica

 

En esa primera marcha, la mayoría de las personas usuarios de drogas que se animaron a reclamar eran los mismos promotores de los programas de reducción de daños que trabajaban entregando jeringas en los barrios, jóvenes que desde su posición de usuarios activos participaban de esos programas. "No era la realidad que se ha visto en estas últimas marchas, donde hay muchos ciudadanos que van compartiendo las mismas consignas de los profesionales, o defendiendo sus propios derechos. Ya no está el estigma de que por participar de la marcha los van a etiquetar como fumadores de marihuana", afirmó Inchaurraga.

 "Hay un avance en la percepción social y la defensa del tema como una cuestión vinculada a los derechos humanos, pero también habla de un empoderamiento de la población usuaria de marihuana que no tiene ese temor a ser estigmatizado, y que desde ese lugar trata de defenderse a tener su planta, al autocultivo, a no ser detenido", concluyó la especialista. 


 

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