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Narcos y militantes sociales pelean por barrio Triángulo

“En los barrios pobres, hay militancia social o hay narcotráfico”. Con esa frase describió la situación de las zonas más relegadas de Rosario un militante de Comunidad Rebelde, la organización social de barrio Triángulo que hoy se enfrenta cuerpo a cuerpo con criminales que intentan apropiarse de ese territorio.

Después de años de laburo con los pies metidos en el barro, cargando con la experiencia de haber derribado un bunker de drogas con sus propias manos y levantar allí un centro comunitario;y luego de denunciar en forma reiterada la participación de la Policía en el negocio de la venta de estupefacientes, hoy la agrupación barrial se encuentra en una situación límite. Uno de sus militantes fue asesinado y otro fue herido de gravedad en dos hechos distintos pero con un denominador común: los atacantes fueron narcos que pretenden tomar el control de Triángulo.

La noche del lunes 2 de febrero, Javier Branquilla, de 37 años, fue asesinado en  un pasillo paralelo a Felipe Moré entre las calles Rueda y Virasoro, en barrio Triángulo, una zona de Villa Banana.Lo ultimaron de cuatro tiros en el pecho cuando fue socorrer a Cristian, su cuñado, que en ese momento era atacado a golpes por cinco pibes a los que había exigido que le devolvieran cosas que –él sostenía– le habían robado de su casa. Branquilla llegó a ser trasladado al Hospital de Emergencias Clemente Álvarez (Heca), pero murió horas después de ingresar.

Branquilla era albañil y, junto a su mujer, militaban en Comunidad Rebelde, una organización social que intenta agrupar a los vecinos de Triángulo, procurando rellenar los huecos que deja el Estado, espacios que muchas veces terminan siendo ocupados por organizaciones delictivas.

En el Triángulo todos saben que el que mató a Branquilla fue el Pandu (según fuentes del caso su nombre es Nelson A.), un muchacho de barrio Las Flores que desde principios de 2014 pretende instalarse en la zona para vender drogas. “Quiere armar un kiosco cerca del centro comunitario, pero necesita legitimidad en el barrio. Entonces juntó a los pibes más problemáticos de la zona, los hizo sus soldaditos y marcan presencia con apretadas, siguiendo la lógica de robar y robar, hasta que te vas de tu casa y te la ocupan para poner un bunker”, explicó un vecino de la zona oeste.

Cuando los familiares de Branquilla fueron a denunciar lo que sabían del hecho, los uniformados se negaron a tomársela. “Si hablamos de narcotráfico en Triángulo, hablamos de la comisaría 13º. La gente no se puede acercar a hacer una denuncia porque es la Policía la que le va a botonear con los narcos”, señaló una persona allegada a la investigación.

Pero los vecinos y familiares de Javier Branquilla no se quedaron de brazos cruzados y presentaron la denuncia ante el fiscal de Homicidios Dolosos Ademar Bianchini, quien tomó las riendas de la investigación. “En todo momento el fiscal se puso a disposición nuestra, pero con el grado de violencia que hay en Rosario la Fiscalía va por escalera y los homicidios por ascensor. No tienen gente para trabajar y muchas veces las capturas quedan a cargo de las mismas comisarías”, resumió una militante de Comunidad Rebelde.

Dos días después del crimen de Branquilla, el 4 de febrero, cayó preso Rodrigo Gustavo V., de 20 años, conocido como Wititi. Al pibe lo señaló un testigo como miembro de la banda de Pandu, quien, de acuerdo con los vecinos del lugar, siguió caminando por la calle como si nada, ante la mirada de todos.

Luego de lo de Branquilla, la cosa se puso pesada en Triángulo: la gente de Pandu ganó terreno de la mano del temor de las familias del lugar, que ya no pudieron acercarse más al centro comunitario. En respuesta a esta situación, los militantes de Comunidad Rebelde decidieron organizar un evento social en el barrio para dejar claro que no pensaban abandonar el territorio. Estaba programado para la tarde del sábado 7 de marzo, pero nunca se hizo. Es que la noche previa al evento, los muchachos del Pandu volvieron al ataque. Esta vez la víctima fue David Muñoz, de 29 años, otro miembro del movimiento social. David caminaba cerca del potrero del barrio cuando pasaron dos personas en moto y le dispararon varias veces. Cuatro de los proyectiles le impactaron en el cuerpo, dosde los cuales lo hirieron de gravedad: uno en el tórax y otro en el cuello. David fue internado en el Heca, donde lo operaron. Hasta el momento en el que fue escrita esta nota, peleaba por su vida.

La segunda agresión también fue denunciada en Fiscalía, pero hasta la fecha, según vecinos de triángulo, Pandu sigue “como pancho por su casa”.

Los militantes de Comunidad Rebelde son  contundentes a la hora de definir la situación y adjudicar responsabilidades: “En los barrios pobres, hay militancia social, o hay narcotráfico. En Rosario está lleno de Pandus. Es momento de dejar de mirar para otro lado. Es hora de que nos demos cuenta de que la droga dejó de ser un tema policial y pasó a ser una cuestión política. Los que no se hagan cargo de esto pasarán a ser cómplices de esta situación”, concluyen.

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